FICHA TÉCNICA



Título obra El Mío Cervantes

Grupos y Compañías Compañía Miguel de Cervantes Saavedra

Espacios teatrales Teatro del Bosque

Eventos Muestra Cervantina

Productores Compañía Nacional Mexicana




Cómo citar Rabell, Malkah. "El Quijote de la Mancha inicia la temporada cervantina". El Día, 1988. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>



TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

El Día

Columna Se alza el telón

El Quijote de la Mancha inicia la temporada cervantina

Malkah Rabell

El viernes 14 de octubre se inició la Muestra Cervantina en la ciudad de Guanajuato, y a la vez en el D.F. donde las compañías internacionales se presentaron en la espera de sus turnos en Guanajuato. En primer término se presentó un grupo español en el teatro de El Bosque, con una obra sobre Cervantes que llamaron El Mío Cervantes, a manera de El Mío Cid.

La primera falla de esta compañía, que se autodenomina Miguel de Cervantes Saavedra, fue presentarse sin programa de mano, lo que nos prohíbe profundizar un poco más en su espectáculo que se presentó bajo los auspicios de la Compañía Nacional Mexicana. Como desconocemos desde el primero hasta el último actor de este grupo, y ni siquiera sabemos como se llama el director, sólo podemos hablar bastante vagamente del espectáculo que se ofreció en esa sala de El Bosque excesivamente grande, fría y poco hospitalaria, llena hasta los topes durante esa primera representación. Pero que respondió muy poco a las esperanzas de un auditorio que vino con mucho entusiasmo, pero que se fue muy poco satisfecho, con las esperanzas truncas.

El espectáculo se inició con cierta originalidad que se cortó antes de tomar vuelo. El primer acto nos presentó una sala de juicio donde se juzgaba a un preso llamado: "Miguel de Cervantes Saavedra", preso por un pecado muy parecido al que llevó a la cárcel en su época al ilustre manco. No sabemos si este nuevo Cervantes Saavedra, ciudadano del siglo XX, debe ser un demente que se imaginaba ser realmente el fantasma del genial escritor, quien con humildad se expresaba de si mismo: "¿Qué podía engendrar el estéril y mal cultivado ingenio mío sino la historia de un hijo seco, antojadizo y lleno de pensamientos varios y nunca imaginados de otro alguno, como quien se engendró en la cárcel donde toda incomodidad tiene su asiento y donde todo triste ruido hace su habitación. Tal vez sea como respuesta a tales opiniones sobre sí mismo que el abogado defensor trata de llevar a escena diversos capítulos de la obra: El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, que ya ni tiene relación alguna con el preso del siglo XX, que lleva por puro azar el mismo nombre y apellido que el genial hidalgo.

Toda esta obra escénica, probablemente arreglada colectivamente por el conjunto, no tiene nada que ver con las primeras escenas en el juzgado. De inmediato se nota en estas primeras escenas la tendencia escolar, didáctica, que trata de enseñarnos el valor tanto del Quijote como de su autor. En todo ello hay bastante desorden y hasta caos. Hay escenas cuando algunos actores ignoran su parte y simplemente la leen en el libro. El abogado defensor que es un admirador incondicional ilustre escritor, trata de convencer a los demás miembros del jurado de las razones especiales que lo llevan a usar tantas extravagancias literarias que nada tienen en común con el supuesto "Miguel de Cervantes Saavedra". Trae a escena a numerosos personajes de la novela, y hasta trata de entusiasmar a los presentes con dos perros representados por dos actores. Pero todos los razonamientos son vanos. Ni el abogado puede convencer al juez, ni el juez puede convencer al público, y éste abandona la sala en el peor estado de mal humor, diciendo pestes de la obra, de la puesta en escena y de los actores. Lo que no sea al vez del todo razonable. Pues los actores no son del todo malos. Su falla reside en que carecen de la mano de un director de escena, y la obra se basa en una falta de sentido común. Pues, en final de cuentas resulta que tanto el fiscal como el juez son admiradores incondicionales del auténtico Miguel de Cervantes de Saavedra. Y todo termina en el mejor de los mundos: el Hidalgo muere después de recuperar el juicio, y los demás se declaran enemigos de las novelas de los caballeros andantes.