FICHA TÉCNICA
Título obra Donceles 19
Autoría Blas Braidot, Ramón Puente, y Pablo Jaime
Dirección Blas Braidot
Escenografía José Luis Aguilar
Espacios teatrales Foro Contigo América
Cómo citar Rabell, Malkah. "Donceles 19 en el teatro Contigo... América". El Día, 1988. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>
TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO
imagen facsimilar
El Día
Columna Se alza el telón
Donceles 19 en el teatro Contigo... América
Malkah Rabell
¿Qué quiso demostrar la compañía Contigo... América con su espectáculo Donceles 19? No lo sé muy bien. Además los artistas nunca llegan a demostrar lo que se han imaginado cons cientemente. Por lo general el artista es el primer sorprendido por el objeto que ha elaborado con todo el corazón y con toda su imaginación. La obra de arte es casi siempre una manifestación del subconsciente del artista, y sólo un psicoanalista muy inteligente logra interpretar con ciertos visos de realidad a lo que el creador ha dado vida.
Ante el nuevo espectáculo que nos presenta Contigo América -grupo creado por el actor y director uruguayo Blas Braidot, antiguo miembro de la compañía urguaya Galpón que pasó en México algunos años durante su exilio– sólo podemos decir que nos emocionó profundamente, y como decían los simbolistas: más vale sentir que comprender. Aunque algunos críticos pretenden que el espectáculo es simbólico, yo más bien creo que trátase de una creación completamente realista, verídica, que pone ante nuestros ojos un patio de vecindad, en la calle Donceles en el número 19, con todos sus habitantes surgidos de la miseria, del dolor, con la religiosidad de unos y con la blasfemia de otros; con la fe en el mañana de algunos, y con el de sesperante vacío de otros. No son seres marginados, ni tampoco imaginados. Son seres vivos, que han encontrado en una investigación muy especial los miembros del elenco estable del grupo Contigo... América. No son marginados, caídos en el arroyo, ni drogadictos, ni lumpen proletarios. Tenemos deseos de tenderles la mano y decirles con toda alegría: "Hermanos, aquí nos tienen a su lado en el bien y en el mal que puede darnos la vida, en la risa y en el llanto, en la lucha y en la paz".
Algunos de estos habitantes de Donceles 19 son obreros: el carpintero y el zapatero y el plomero... Las mujeres son madres con mayor o menor entrega; y las niñas ya son madres de sus muñecas. En ese patio de la calle Donceles, también hay un habitante que trata de brincar y saltar como un supermán, y otro que lee poesía y sueña en un mundo mejor. Con todas esas imágenes orales y escritas que le traía su grupo de jóvenes investigadores, Blas Braidot, Ramón Puente y Pablo Jaime crearon un guión, una síntesis que hilvanaba las ideas entre sí y le daba como unidad a ese patio de Donceles 19.
Con veinte actores en el escenario –que me resultan en su mayoría desconocidos– es difícil analizar el trabajo de cada uno. Se prestaría demasiado a confusiones, a confundir a unos con otros. Baste decir que se trata de un espectáculo emocionante y original. El director Blas Braidot, le impuso un ritmo de cierta lentitud, como si se tratara de un sueño o de una pesadilla y cada actor dio lo mejor de sí mismo, y nunca hubo una nota falsa en toda la representación.
Estamos acostumbrados a que el teatro Contigo... América nos de espléndidos espectáculos, este Donceles 19 no les quedó en zaga. Desde que se encienden las luces en el escenario, en esa casa particular transformada en teatro, con diversas áreas donde se actúa y otras donde se sienta el público, quedamos sorprendidos poeta escenografía de José Luis Aguilar, casi un desconocido y quien no obstante logró entusiasmar con sj conjunto donde se acumulaban los detalles en un espacio terriblemente reducido. Desde el piso cubierto de troncos de madera, hasta las llaves de agua que chorreaban; desde las puertas que acá y allá se abrían para dar paso a los habitantes, hasta las luces que de pronto iluminaban una determinada área donde algunos intérpretes actuaban, todo vibraba de veracidad. Y ese final cuando todos los habitantes parecían haberse ido y dejado abandonado el vecindario, de pronto nos llegaba el ruido de los golpes de martillo y de hachas. En los cuatro rincones del patio, detrás de los muros y detrás de las puertas se alzaba la voz de la destrucción como si cada martillazo hablara con voz diferente y prometiera una nueva vida que sin duda se alzaría sobre las ruinas de la antigua miseria.
Es una obra que No nos deprime, muy al contrario, nos deja con una inesperada euforia. Hay agua, en las llaves que chorrean. Y donde hay agua, hay vida; y donde hay vida, nace la esperanza.