FICHA TÉCNICA



Título obra Las mariposas son libres

Autoría Leonard Gersh

Dirección Benjamín Cann

Elenco Ernesto Laguardia, Nailea Norvind, Anna Silvetti

Espacios teatrales Teatro Libanés




Cómo citar Rabell, Malkah. "Las mariposas son libres". El Día, 1988. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>



TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

El Día

Columna Se alza el telón

Las mariposas son libres

Malkah Rabell

Otra reposición de una obra que ya hace varios años ofreció Julissa, Benny Ibarra y María Teresa Rivas, en no recuerdo qué teatro. Tantas reposiciones prueban la falta de dólares para comprar obras extranjeras nuevas. Y en cuanto a las obras de autores nacionales, no alcanzan a dar abasto para las necesidades de una población tan densa como la defeña, ni para tanto teatro como existen en la capital. Esta vez son actores de televisión que, según anuncia el programa de mano: "Triunfaron en Quinceañera en los papeles de Pancho y Leonora", que ocupan el escenario del teatro Libanés en la comedia dramática norteamericana Las mariposas son libres de Leonard Gersh, adaptada a México, lo que no favorece el texto. Todas las adaptaciones pecan de un cierto tono falso. En el presente caso la atmósfera y el carácter de los personajes son típicamente del vecino país del Norte. Aunque también entre nosotros ya la juventud, y sobre todo las muchachas salen de sus casas paternas a muy temprana edad y hacen una vida muy libre. Pero lo hacen de otra manera, con un mayor romanticismo, y muchos con más profunda religiosidad.

Se suele decir que nunca segundas partes fueron buenas. Y en el presente caso aunque la puesta en escena presenta no pocos méritos, y las dos figuras centrales, Ernesto Laguardia y Nailea Norvind están muy apropiados para sus papeles de pareja juvenil, músico ciego él y muchacha de una libertad desatada ella, no podemos olvidar la primera impresión de aquel montaje anterior haciendo comparaciones involuntarias. Sobre todo recordando a María Teresa Rivas, quien en el personaje de la madre del ciego estaba estupenda y llegó a opacar a todos los demás.

Historia de un joven invidente desde el nacimiento que durante toda su corta vida dependió de su madre. Caso que a Leonard Gersch interesó especialmente como un estudio de progenitora posesiva. Más, al lado de la madre surge otro caso femenino, muchacha que en la época cuando fue escrita debía parecerse a una hippie, ese grupo humano que entonces estaba a la orden del día y hoy se halla bastante olvidado. Y por más que uno de los protagonistas menciona que por "Guadalajara todavía anda alguno que otro hippie", actualmente no deja de ser un recuerdo pasado de moda.

Bajo la dirección de Benjamín Cann, elemento igualmente llegado al teatro de la televisión, Ernesto Laguardia en el papel del joven invidente crea un símbolo de su lucha por sobrevivir e imponerse como un ser independiente. Independencia que su madre no admite, tal vez porque sabe que su hijo es incapaz de defenderse en la vida sin ayuda. En el papel de Julieta, una joven de 16 años (desde que fue quinceañera creció un poco) que lleva una vida con tantas libertades morales que más bien parece prostituta, Nailea Norvind trata de imponer a su personaje una contínua agitación, un temperamento que no admite inmovilidad, y que tal vez por bondad, por lástima se relaciona sexualmente con el joven músico.

En cierto modo el director logra sacarles a los dos jóvenes actores toda su agilidad juvenil, toda su personalidad temperamental, y sin embargo no convencen ni entusiasman. Tal vez a los dos les falta naturalidad. En primer término es demasiado joven para tener un hijo adulto. Luego el recuerdo de María Teresa Rivas le "roba cámara". Le falta capacidad y ese especial sentido del humor para hacer reír y conservar ella misma toda la seriedad. Son muy pocos los intérpretes que dominan esa doble personallidad de comicidad y seriedad a la vez. Anna Silvetti es una actriz muy simpática, pero no para un papel de tanta dificultad, que hace reír en tanto el dolor la domina.

La dirección de Benjamín Cann resultaba muy ágil, imponiendo a Nailea una constante agitación que en cierto modo resultaba como un contrapunto ante cierta lentitud en los movimientos del ciego.La escenografía casi no existía a pesar de ciertos detalles que trataban de subrayar el ambiente de pobreza y mal gusto en el cual la pareja se movía. Como esas puertas color de rosa que comunicaba la habitación de Daniel con la de Julieta.

Creo que el espectáculo, pese a ya no estar muy novedoso actualmente tendrá éxito sobre todo ante el público juvenil.