FICHA TÉCNICA
Título obra El marido perfecto
Autoría Adrián Ortega
Dirección Guillermo Orea
Elenco Guillermo Orea, Silvia Derbez
Espacios teatrales Teatro Helénico
Productores Fernando de Prado
Cómo citar Rabell, Malkah. "¿Por qué 1300 funciones de El marido perfecto?". El Día, 1988. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>
TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO
imagen facsimilar
El Día
Columna Se alza el telón
¿Por qué 1300 funciones de El marido perfecto?
Malkah Rabell
En cierto modo actualmente ya no sorprenden tanto en México las numerosas representaciones de ciertas obras. Hasta las obras sin especial brillo ni profundidad pueden pasar de las 100 funciones, lo que antaño se consideraba un gran éxito. Hoy, ni siquiera las mil sorprenden. Y sin embargo ante las mil 300 funciones de una comedia como El marido perfecto no puedo dejar de preguntarme: ¿por qué? Y no encuentro respuesta. Fernando de Prado, productor que presenta esta comedia de Adrián Ortega en el teatro Helénico, nos acostumbró a representaciones de mayor calibre, de mayor calidad. ¿Por qué se contentó esta vez con la risa desatada de un público feliz de poder divertirse? Quizá tanto él como todo el auditorio estamos tan cansados de problemas y dificultades cotidianos que la ingenuidad nos salva. Para obras de mayor hondura, Fernando de Prado instaló en el jardín del teatro Helénico una pequeña sala: La Gruta, para compañías independientes, las que se van cambiando cada dos o tres semanas, y donde he visto La importancia de llamarse Ernesto, la deliciosa comedia de Oscar Wilde, y el desgarrador drama de Camus: Los justos.
Con semejante título: El marido perfecto, me resistí a ver la comedia de Adrián Ortega en otros teatros donde se presentó con anterioridad. Me bastó el nombre de Fernando de Prado en la cartelera para asistir al reestreno de la obra en el teatro Helénico. Luego volví a verla a las mil 300 representaciones, con la esperanza de encontrarle algún mérito que me hubiese escapado la primera vez.
Y vuelvo a preguntarme otra vez: ¿por qué tanto éxito? ¿Tal vez mi ignorancia, será una falla de mis propios oídos, olfato o inteligencia? Empecé a preguntar a otros compañeros y colegas, éstos sí muy divertidos, cuál era el secreto de tanta risa. Y empecé a darme cuenta que muchas personas se descubrían a sí mismos en los personajes de Doroty y Plácido, el marido perfecto y la esposa verdaderamente imperfecta. Cuanto más tolerante es el marido tanto más la esposa se le sube a las barbas. A muchos espectadores tal hecho les recordaba el hogar de sus padres, y hasta su propio hogar. Primero la esposa le exige al marido que le confiese algunas aventuras amorosas extra conyugales, que le permitirián a ella sentirse la esposa de un hombre conquistador, quien pese a todos sus éxitos no obstante la eligió a ella. Mas, cuando él se esfuerza por relatarle una aventura inventada, con una figura femenina que lamentablemente existe, ella se desata en improperios y lo amenaza con abandonarlo. ¿Quién no ha conocido a las mujeres que de todas las fallas en el hogar acusan a sus conyuges? Adrián Ortega no deja de ser un buen observador. Hasta el detalle del marido perfecto, fiel y enamorado, que en el fondo odia a su mujer, y se deja manejar por debilidad y no por amor, está muy bien observado.
También en la actuación y en la dirección de Guillermo Orea, que la primera vez me disgustaron y cansaron, se pueden encontrar bastantes méritos. Si Orea no estuviera tan decidido a representar su papel con una exagerada actuación muda, casi payasadas, la obra cansaría por tantas exageraciones verbales. También la interpretación de Silvia Derbez tiene no pocos detalles bien observados: las niñerías de las mujeres demasiado seguras de sus esposos, por ejemplo. La pareja Derbez-Orea salva la comedia de la pobreza interpretativa de otros actores. En resumen, al tratar de comprender las causas de tanta risa, empecé a comprender mi propia falta de alegría ante tanta comicidad que la vida matrimonial provoca. Tal vez la sentía demasiado cercana.