FICHA TÉCNICA
Título obra Intimidad
Autoría Hugo Hiriart
Dirección Hugo Hiriart
Elenco Marta Verduzco, Mario Casillas, Patricia Bernal, Álvaro Guerrero
Escenografía Alejandro Luna
Espacios teatrales Teatro El Granero
Cómo citar Rabell, Malkah. "Intimidad en la Compañía Nacional de Teatro". El Día, 1988. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>
TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO
imagen facsimilar
El Día
Columna Se alza el telón
Intimidad en la Compañía Nacional de Teatro
Malkah Rabell
Esta vez la CNT (la Compañía Nacional de Teatro) estrenó la obra de Hugo Hiriart: Intimidad en el breve teatro Granero, probablemente porque en el Teatro del bosque, seguían las representaciones de De la calle con cada vez mayor éxito. Desde luego el estreno de Intimidad llamó mucho la atención de los teatrofilos acostumbrados a asistir a todas las premieres del CNT, y éstos llenaron hasta los topes la reducida sala, recibiendo el final de esa Intimidad con una calurosa e interminable ovación, que me extrañó bastante. ¿Por qué tanto entusiasmo por una obra que nada tiene de especial? En el programa de mano el autor nos da unas explicaciones muy hermosas, pero que tienen muy poco de realidad. Nos dice Hiriart: "Esta es una obra acerca del amor tal como cristaliza en la más ilustre y canónica de sus instituciones: la pareja humana. El teatro, espejo de la vida, abre la puerta de la alcoba conyugal, y aflora y enciende ahí sus luces"... Lo mismo podríamos decir de centenares de obras dedicadas a la vida conyugal, que es un tema de innegable curiosidad para todo escritor. En Intimidad no se distingue mucho de otras historias conyugales. Hugo Hiriart para darle mayor originalidad puso en la escena, o mejor dicho en la cama matrimonial a tres parejas, y cada una de ellas repite el mismo diálogo. No puede quejarse el autor de que la construcción y el lenguaje de su obra le hayan costado mucho esfuerzo. Hasta creo que se cansó más en el texto del programa de mano –hermoso texto– que en el de la comedia. ¿Comedia, drama o farsa? llamémosla pieza, ya que es sinónimo de drama moderno, tal como lo llamaron los nuevos dramaturgos.
Pues he aquí que nos encontramos ante tres parejas; la mayor; la joven; y la homosexual, que hablan, hablan, hablan, para no decir nada nuevo. Pero el público se ríe a carcajadas. ¿Por qué? pienso que se debe a la similitud que cada espectador encuentra entre su propia vida conyugal y la de esas tres parejas que se puede resumir: las mujeres son unas brujas que no toleran nada de lo que al marido hace feliz, y contradice todo lo que el conyuge dice o hace. Y hasta la pareja homosexual tiene las mismas actitudes que cualquier pareja normal: pleitos, disputas, ofensas que empiezan en la cama y terminan en la cama. La cama es el centro de sus vidas. Es todo eso tan archiconocido que me recordó la simpleza de una comedia como El marido perfecto. Pero esta última obra no tiene pretensiones. Está realizada para un público mayoritario que sólo busca divertirse. En cambio Intimidad tiene pretensiones intelectuales. O como dice Hugo Hiriart: "La forma dramática que refleja la intimidad erótica ha de ser tan extraña y repetitiva como la forma turbulenta o remansada de la intimidad erótica y por eso esta obra no tiene ni el argumento, ni los personajes, ni los diálogos habituales y consabidos del teatro rutinario... " Creo que el autor trata de decirnos que su obra es una maravilla de originalidad. Con lo que estoy en absoluto desacuerdo. Pero el público manda, según dicen algunos productores, y hasta Moliere solía decir: Il faut plaire. Debemos gustar.
En cuanto a los actores, sólo eran cuatro: Marta Verduzco y Mario Casillas para la primera pareja, y Patricia Bernal y Álvaro Guerrero para la segunda. La primera, de personas ya maduras, resultó excelene, con un oficio sólido y una presencia muy agradable, los otros dos, muy flojos, con poco oficio y una figura femenina muy a la moda en su vestimenta.
Tampoco la escenografía –debida a ese estupendo escenógrafo como es Alejandro Luna– llamaba mucho la atención, aunque era muy funcional con su especie de caja cúbica en el centro del circular escenario; cubo que giraba en caso de necesidad dramática, con dos tubos fluorescentes a los costados. Resultaba como un escenario dentro de otro. La dirección se debía al propio autor, a Hugo Hiriart, y era realizada con ritmo y sentido del humor y funcionaba con el beneplácito del público.