FICHA TÉCNICA
Título obra Los justos
Autoría Albert Camus
Dirección Rolando de Castro
Grupos y Compañías Skene
Elenco Rolando Castro R. Julián Urban, Gerardo Correa, Germán Fabregat, Alfonso Nápoles
Música Pablo Arrellano
Espacios teatrales La Gruta
Cómo citar Rabell, Malkah. "Los justos, de Camus, en La Gruta". El Día, 1988. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>
TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO
imagen facsimilar
El Día
Columna Se alza el telón
Los justos, de Camus, en La Gruta
Malkah Rabell
En el pequeño teatro –o como lo llaman sus creadores: espacio teatral La Gruta, que ha sido puesto al servicio de un público juvenil en uno de los rincones libres del jardín que rodea el Instituto Cultural Helénico se presenta actualmente el grupo Skene con el drama de Camus: Los justos. Indudablemente la mejor obra dramática de ese maravilloso escritor francés; la manera más correcta de explicar el ambiente y la razón histórica de Los justos es transmitir el párrafo firmado por Alberto Camus que aparece en el programa de mano de la compañía: "En febrero de 1905 en Moscú, un grupo de terroristas del Partido Socialista Revolucionario lanzó una bomba contra el gran Duque Sergio, tío del Zar...
"Todos los personajes existieron realmente e hicieron todo lo que voy a relatar; quise conservar a uno de ellos, Yanek, con su verdadero nombre, como una ofrenda de respeto y admiración para aquellos hombres y mujeres que por acometer la más despiadada de las misiones no pudieron aliviar nunca su corazón".
Nadie podrá comprender mejor la angustia y el dolor de esos corazones inseguros de su propio deber, que Camus, quien pusó toda la guerra y toda la época de la ocupación alemana en las filas del movimiento "maquis", es decir del trabajo subterráneo en la Francia ocupada.
Los justos nos recuerdan a dos escritores (por lo menos me lo hacen recordar a mí): André Malraux con su Condición humana y Andreieff con su Siete ahorcados. Lanzar una bomba y mirar a los ojos de su futura víctima, para alguien que no nació para asesino, es algo terriblemente difícil, a menudo insostenible. Para Yanek, el héroe de la obra, un personaje que ha existido y que seguramente terminó sus días en la horca, solamente la idea de su propia muerte le permitió soportar el peso de su crimen. Lenin llamó al terrorismo la enfermedad infantil del movimiento revolucionario y siempre estuvo en contra de tales extremos. Pero para Camus, son las reacciones anímicas de sus protagonistas lo que le importa. Lamento no tener el texto a mano y no poder citar la memoria los parlamentos que más aclaran, paso a paso, los estados psíquicos tanto de Yanek como de sus compañeros. Las durezas de unos, como Stefan, a quien sus años de cárcel, la tortura y los sufrimientos que ha presenciado en su derredor, han transformado en insensible al amor y a la piedad, sólo dispuesto al odio y a la dureza de la lucha por una Rusia del futuro. "Somos homicidas, elegimos serlo... Rusia será hermosa". Son palabras que el autor pone en boca de sus personajes, pero no todos pueden soportar el peso del papel de homicida. Y Yanek, el poeta, el revolucionario lírico, ofrece su propia vida a cambio de la del gran Duque Sergio, y no quiere aceptar ni siquiera pedir el perdón. Y aún menos una vida ofrecida a cambio de una traición. Sólo puede aliviar su corazón lá espera de su propia muerte.
Para presentar a sus protagonistas en sus luchas de conciencia, Camus emplea el más brillante, lírico y bello de los lenguajes. Yanek no puede echar la bomba porque al lado del Duque van sentados dos niños. Para Stefan, eso no significa nada y sólo le merece el desprecio por la debilidad del joven revolucionario. Y todas esas luchas entre los revolucionarios, como Alexis, que tampoco puede aceptar el homicidio y renuncia, y la dureza de un Stefan, dan al drama una intensidad que adquiere su mayor fuerza en el último acto.
El grupo Skene ("Escena" en griego) esta formado por gente muy joven en su mayoría. Bajo la dirección de Rolando de Castro todos estos intérpretes que se inician están sometidos a una fuerte disciplina. Sin llegar a una especial altura creativa, les dan vida a sus personajes correctamente, sobre todo Rolando de Castro R. en el papel de Stefan Fedorov y Julián Urban en el personaje de Yanek, que son como dos contrapuntos, tanto físicos como dramáticamente en este tejido de la justicia. A su vez Germán Fabregat, el jefe del grupo, Boris, es muy apropiado, igualmente lo es Alfonso Nápoles en el papel del jefe de la policía, Skuratov. En cambio, en ese personaje digno de Andreyeff, Foka, el preso que desempeña la tarea del verdugo se necesita a un actor maduro en su oficio, a un actor de carácter. Gerardo Correa no pudo cumplir con las exigencias del tipo. Lástima, es uno de estos papeles que a un gran actor el público le pagaría con una ovación su única escena. También las dos figuras femeninas son todavía débiles como intérpretes.
La música original de Pablo Arellano es interesante y funcional. En cambio la representación carece de escenografía y casi todo el tiempo el escenario permanece desnudo con alguno que otro elemento de utilería. La luz y el sonido tratan de rellenar la vaciedad del foro, pero no dejan de ser modestos. Lo que no deja de ser comprensible en un grupo de reducidas posibilidades económicas.No obstante, tanto esta maravillosa obra que no deja de ser actual, como sus disciplinados intérpretes, bajo la estricta dirección de Rolando de Castro, mantienen apasionados al auditorio desde el principio hasta el final.