FICHA TÉCNICA



Título obra El pabellón amarillo

Notas de Título La ginecomaquia / título original

Autoría Hugo Hiriart

Dirección Sergio Jiménez

Elenco Patricia Arredondo, Marta Meneses, Rosa Salazar Arenas, Lourdes Villareal

Espacios teatrales Foro Shakespeare




Cómo citar Rabell, Malkah. "El pabellón amarillo, dirigido por Sergio Jiménez". El Día, 1988. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>



TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

El Día

Columna Se alza el telón

El pabellón amarillo, dirigido por Sergio Jiménez

Malkah Rabell

En una oportunidad una amiga me contó una anécdota concerniente a Julio Castillo: después de un estreno de éste, un periodista escribió: "Tal y tal día Julio Castillo estrenó El Orfeo 2000... ¿Por qué?". Y con esta interrogante corta pero significativa se terminó la crítica. Y de igual manera me gustaría escribir sobre el Pabellón amarillo, obra de Hugo Hiriart estrenada bajo la dirección de Sergio Jiménez en el teatro Foro Shakespeare, y sobre todo me gustaría lanzar la angustiosa pregunta: ¿Por qué, Sergio, por qué? ¿No hay acaso otra clase de obras, de otros autores? El Pabellón amarillo ya fue dos veces puesto en escena bajo el título Ginecomagia. La primera vez en el teatro Orientación y fue un fracaso. La segunda vez no recuerdo en qué sala, pero muy bien recuerdo el estupendo reparto de cuatro mujeres, dos de ellas Angelina Peláez y Martha Verduzco. Las otras dos figuras escapan de mi memoria.

¿Sí, Sergio, por qué volviste a poner una obra tan vista y tan cansadora? Es cierto que tienen la virtud de contar con cuatro figuras femeninas que hacen cada una dos papeles, lo que da como resultado una impresión de magia. En algo más de una hora cada una de estas actrices cambió una infinidad de veces de papeles. En este hospital para enfermos mentales, cada una de las actrices es ya una enferma del Pabellón amarillo, ya una enfermera del Pabellón azul. Les bastan unos pocos minutos para cambiar de ropa y de personalidad. Es cierto, también, que si en las anteriores representaciones no entendí nada, y lo mismo sucedió con otros compañeros de la prensa especializada, esta vez todo el asunto me resultó perfectamente claro. Aunque no existía escenografía alguna y el escenario se nos presentó desnudo con sólo en el fondo una breve cortina negra, se nos hacía perfectamente comprensivo cuando nos hallábamos en el Pabellón de las enfermas mentales, que lloraban y gritaban quejándose de un extraño animal que las atacaba de noche, en un tono bastante monótono y repetitivo, y cuando nos hallábamos en el Pabellón de las enfermeras. Todo se explica al final cuando una monja que trabajaba con el equipo sanitario decidió quedarse a dormir en el Pabellón de las enfermas para averiguar por qué cuatro enfermas mentales sufrían todas las mismas alucinaciones.

No conozco a ninguna de las intérpretes que actúan en esos ocho papeles. Es por primera vez que asisto a un espectáculo con Patricia Arredondo, Marta Meneses, Rosa Salazar Arenas y Lourdes Villarreal. Aunque esas muy jóvenes actrices tuvieron la asesoría psiquiátrica del Dr. Domínguez Toledano, todas se repetían constantemente tanto en sus movimientos corporales como en sus expresiones verbales en el Pabellón amarillo, y a su vez se repetían en su actuación en el Pabellón azul. Desde luego también el autor, Hugo Hiriart, se repetía en sus intérpretes que no dejaban de hablar de hombres, o jugaban a las barajas.

A su vez, el director de escena, Sergio Jiménez, un gran actor de carácter, que desde algún tiempo se siente atraído por la dirección (lo que sucede con todos los actores inteligentes) y se ha mostrado muy hábil en sus montajes de comedias, todavía no ha adquirido la misma habilidad con obras tan poco claras como esta Ginecomagia. No obstante creo que la repentina comprensión de la obra que me embargó se la debo al director. No puedo dejar de pensar que la puesta en escena si contara con protagonistas más experimentadas hubiera ganado mucho en virtudes y variedad. En esta Ginecomagia de las cuatro intérpretes, sólo puedo mencionar a Lourdes Villarreal en el papel de la monja, sólo ella me llamó la atención. Ello tal vez se deba a que el papel mismo es más interesante que los otros tres. Y si Sergio Jiménez ha elegido esta obra –que siempre ha tenido grandes defensores, y no menos numerosos detractores– no fue tanto por el texto como por la presencia dolorosamente diabólica de mujeres que han perdido su alma. ¿Porque, qué otra alma tenemos si no es la mente?