FICHA TÉCNICA



Título obra La segunda dama

Autoría M. Kilburg Reedy

Dirección Robert D’Amico

Elenco Emma Teresa Armendáriz

Espacios teatrales Centro Asturiano de México




Cómo citar Rabell, Malkah. "Emma Teresa Armendáriz en La segunda dama". El Día, 1988. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>



TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

El Día

Columna Se alza el telón

Emma Teresa Armendáriz en La segunda dama

Malkah Rabell

Presencié ya numerosas actuaciones de Emma Teresa Armendariz, casi siempre en papeles importantes, casi siempre en primeras figuras, pero es en el presente personaje de La segunda dama cuando la veo realmente espléndida, lo que probablemente se debe no poco a la dirección de ese brillante actor que es Roberto D'Amico.

Obra de una joven autora norteamericana: M. Kilburg Reedy, La segunda dama enfoca en ese monólogo un argumento y una situación pocas veces –o tal vez nunca– llevados al escenario, aunque en la vida real semejante situación, la de un discurso pronunciado por la esposa de un hombre de Estado durante una campaña electoral, abunda. Y no sólo en los Estados Unidos, sino en muchos países de América Latina. Basta mencionar en los Estados Unidos a una oradora como Eleonora Roosevelt, y en Argentina a la famosa Evita Duarte. Y sin embargo a ningún dramaturgo –que yo sepa–se le ocurrió tomar tal hecho como base de un drama o de un monólogo.

La segunda dama, es decir la esposa del segundo hombre en el poder, el senador Joseph Erskine, en la obra de M. Kilburg Reedy, recorre la provincia de su país hablando al público votante durante la campaña del senador que se está postulando para el cargo de vicepresidente de los Estados Unidos. En uno de estos actos, la oradora se da cuenta que ha perdido parte de su discurso y se ve obligada a improvisar un discurso de 45 minutos de su propia cosecha, en tanto el discurso original fue escrito por el propio senador. Con este mínimo argumento la joven dramaturga logró crear un drama de increíble intensidad, que va aumentando de peso a medida que pasa el tiempo. Poco a poco, la desesperada mujer, que ignora el arte de escribir, y menos de improvisar un discurso político, descubre en sí misma, tal vez en su subconsciente, una fuente de hechos y verdades personales que le encanta relatar al público. Por fin tiene la posibilidad de hablar con su propia voz que la lleva hacia peligrosas confesiones, de cuyo peligro se da cuenta la secretaria que vanamente se empeña en acallar esa alud de verdades íntimas. Su grito de alarma recibe tan sólo el enojo y la indignación de la improvisada oradora que ha perdido en cierto modo el sentido de la realidad. ¿Cómo va a terminar semejante situación que para algunos puede ser de risa, y para otros de auténtica dramaticidad? La autora sabe llevar a la protagonista hasta el momento final con un arte refinado y con una sorprendente habilidad.

En el papel único de ese monodrama, Emma Teresa Armendariz fue de una perfección convincente. Cada gesto, cada sonrisa, resultaban estudiados hasta en sus menores detalles. Esas sonrisas artificiales que se creen obligadas de ostentar las esposas que nunca han sido políticas y que se sienten incómodas en su improvisado papel de oradoras, convencía en la protagonista. En la presente actuación la voz de Emma Teresa sonaba admirablemente con sus multiples matices. De ridículo que aparentaba en un principio, con su extrambótico sombrero de plumas, poco a poco pasó al dramatismo sincero, personal, al grito de amor por el hombre a quien teme haber dañado con su excesiva sinceridad... ¡Bravo Emma Teresa, y bravo Roberto D'Amico!

El espectáculo sólo fue preparado para una sola función en el "Centro Asturiano de México" en Arquimedes No. 4. En realidad fue realizado únicamente para un grupo de amigos, para experimentar con ese material receptivo la reacción de un público futuro. Por el momento tanto Emma Teresa Armendariz como Roberto D'Amico se ven obligados a esperar una sala libre, tan difícil de conseguir en nuestra gran ciudad, que cuenta con un número tal vez excesivo de espectáculos.