FICHA TÉCNICA
Título obra La Estrella
Autoría Angélica Ortiz; Alberto isaac / letra
Dirección Angélica Ortiz
Elenco Lola Ortiz, Angélica María, Angélica Vale, Claudio Báez
Escenografía Yanco Inone
Música Pancho Pérez
Espacios teatrales Teatro Aldama
Cómo citar Rabell, Malkah. "Una estrella, con Angélica María en el Aldama". El Día, 1987. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>
TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO
imagen facsimilar
El Día
Columna Se alza el telón
Una estrella, con Angélica María en el Aldama
Malkah Rabell
Veinte actores en el escenario; bailarines, bailarinas, tres horas de duración y $ 10.000 la entrada en la taquilla. Tal es el promedio de un espectáculo en el Aldama, con la familia Ortiz, madre, hija y nieta en la cabecera. Con la media docena de abuelas entre las de quienes se habla en el texto, y entre las que aparecen en el escenario se pierde la cuenta de quién es quién. Trataré de poner un poco de orden entre tantos familiares. En primer término la abuela autora de esta comedia musical: La Estrella y directora de la puesta en escena, Angélica Ortiz. En segundo término las abuelas interpretativas, empezando por la bisabuela Lola, dama muy decente que no admite actores en la famlia. De este sacro santo conjunto burgués, surge una estrella de la escena, Angélica María, o Minerva, que para colmo de males se casa, se descasa, se vuelve a casar y se vuelve a divorciar cada vez con un hombre más joven. Y de tantos matrimonios llega a ser abuela de una nieta que desconoce, ya que su hija Sara no quiere saber nada de semejante madre. La nieta, hija de Sara, se llama Susy y ya también frecuenta el escenario y ya ha ganado un premio para interpretar un papel protagónico de niña. Desde luego es Angélica Vale.... ¡UF!... Si no han comprendido con bastante claridad quién es quién, ¡Renuncio!
Para que la abuela pueda conservar su juventud, uno de los actores cuenta su biografía a la nieta Susy. Y así la estrella permanece la juvenil Angélica María, y a la vez la medianamente envejecida Abuela. Todo el mundo canta, baila y sus voces transmitidas por los micrófonos hacen tal ruido que hasta duele la cabeza.
Cada uno de los dos actos se prolonga durante noventa minutos. Lo que me parece un poco excesivo. Pero el público se divierte. La música de Pacho Pérez es alegre, ruidosa, vivaz, y entre tanto ruido, tanta alegría, el público se olvida de sus penas, se distrae y durante varias horas se ríe a carcajadas y se siente arrastrado en el torbellino de tantas canciones y de tanta música y danzas. El auditorio es sobre todo interesado por Angélica María, la estrella Minerva, y por la juvenil Angélica Vale, la que dentro de muy poco tiempo dejará de ser una actriz infantil para poder interpretar papeles de adolescente o de dama joven.
Lo más divertido de la comedia son los cambios de época que en el transcurso de los cuarentas y tantos años que atraviesan el espectáculo ofrecen constantemente nuevos ritmos y diferentes estilos, no sólo en la música y en la danza, sino en la manera de hablar y de vivir. Recordamos a los hippies y al rock, a la post guerra y a los diferentes presidentes que han gobernado a México en esa prolongada época.
Es difícil recordar y mencionar a los veinte personajes que intervienen en las actuaciones. Tampoco es necesario recordar a todo el mundo. Angélica María es la excelente actriz de siempre. Tal vez ha madurado no solo en edad sino en talento. Baila y canta con infinito temperamento. Sigue siendo bonita y con aspecto juvenil. Angélica Vale tal vez hubiera logrado mejorar su carrera al asistir a clases en lugar de interpretar su propio papel una y otra vez. El teatro no es solamente diversión, como lo pretende el último número musical de la obra. Es también enseñanza de la vida. Y la cultura enseña no poco a los actores.
La mayor parte de la letra de los números musicales, de las canciones, pertenecen a Alberto Isaac, y a menudo cuando logramos captar claramente su significado, logra captar nuestro interés. Sobre todo me gustó el tango: Está canijo que interpreta Claudio Báez en el papel de Luis, el director de escena, el primer y el último amor de Mini, la Estrella. La escenografía era llamativa. En cuanto a la coreografía de Yanco Inone, es muy temperamental, tal vez más debido al ruido que al arte coreográfico.
En resumen, con sus virtudes y sus fallas, la comedia de Angélica Ortiz, La estrella nos divierte y distrae... Y sólo Dios sabe cómo necesitamos distraernos...