FICHA TÉCNICA



Título obra Las criadas

Autoría Jean Genet

Dirección Gonzalo Valdéz Medellín

Elenco Óscar Narváez, Héctor Álvarez, Adrían Gómez

Coreografía Graciela Enríquez

Música José Antonio Alcaraz

Espacios teatrales Polyforum Siqueiros




Cómo citar Rabell, Malkah. "Las criadas de Jean Genet en el Polyforum Siqueiros". El Día, 1987. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>



TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

El Día

Columna Se alza el telón

Las criadas de Jean Genet en el Polyforum Siqueiros

Malkah Rabell

Una de las obras más representadas en los últimos años en la ciudad de México es sin duda Las criadas de Jean Genet. La única explicación de tantas reposiciones es tal vez el corto reparto; los tres únicos personajes. Fuera de esta ventaja, no le veo ninguna otra. Exige a un director muy hábil y maduro. Lo que no es el caso del excesivamente joven Gonzalo Valdés Medellín –quien seguramente no cuenta más de veinte años–, y quien parece tener una especial atracción por transformar en femeninos los papeles masculinos. Tal como lo hizo en su primer montaje, basado en la personalidad de Salvador Novo –Novo siempre Novo– donde transforma en mujeres a todos los protagonistas masculinos, también en la presente puesta en escena Valdés Medellín transforma en el sexo opuesto a sus intérpretes.

Cuando Genet escribió su obra Las criadas, tomado de un hecho verídico, pensé en emplear actores del sexo masculino para los tres personajes femeninos, las dos sirvientas Clara y Soledad, y la "Señora". Algunos productores han recurrido a tal manejo más que nada por buscar algo novedoso. En México hace algunos años un director recurrió a semejante estratagema y no tuvo mucho éxito, aunque los tres protagonistas resultaron excelentes. Gonzalo Valdés Medellín no se contentó tan sólo en introducir en la ropa femenina a tres actores bastante poco femeninos, sino que agregó a la obra otros dos personajes con un prólogo y un epílogo que nos dejó mudos de sorpresa y sin comprender absolutamente nada.

La obra de por sí es excesivamente larga. Se prolonga durante tres horas y en lugar de hacer cortes, en darle a todo el transcurso del drama un ritmo más rápido, el joven director le agregó algo así como media hora de acción. Y si no es acción, se trata por lo menos de media hora de verborrea de la cual nada se entiende. ¿Qué significan esas dos sombras, casi desnudas, cubiertas tan sólo de un taparrabos al estilo de antiguas civilizaciones? A menos que la figura llamada "Presencia" señale en el escenario la presencia del amante de la "Señora" arrestado por la policía.Tales epílogo y prólogo no ofrecen nada de especial y se hacen inútiles. Genet tiene su tono y su peculiar estilo de crear, introducir en su obra partes nuevas es cortarle la unidad creativa.

Por fortuna, el primer acto, donde únicamente actúan Clara y Soledad las dos criadas hermanas, es digno de elogios. Es casi perfecto o sin casi. Interpretadas las dos figuras de las hermanas por Óscar Narváez y Héctor Álvarez, los dos actores mantienen el interés del público por la claridad de sus dicciones, por la plasticidad de sus cuerpos, y por la dramaticidad con la cual emplean un lenguaje poético– casi diría excesivamente poético, ya que en caso de ser mal empleado puede caer fácilmente en el ridículo. En el papel de Clara, Héctor Álvarez tiene cierta gracia femenina tanto en los movimientos del cuerpo como en el tono desolado de su voz. En tanto Óscar Narváez como Soledad es algo demasiado masculino, pero lo podemos adjudicar al carácter de hermana mayor. Tanto la música de José Antonio Alcaraz, como la coreografía de Graciela Enríquez subrayó el drama de Genet.

El segundo acto cae en el polo opuesto. Adrián Gómez como la "Señora" es insoportable: demasiados gritos; demasiado figura masculina; demasiada inverosimilitud en la construcción del personaje.

Tengo la idea de que la obra termina con el suicidio de una de las criadas. Tal vez sea un recuerdo equivocado. No estoy muy segura con ese final. Con el epílogo artificialmente agregado, ya no se comprende cuál es la conclusión que persigue el dramaturgo, ni que trató de subrayar el director. Y salirnos de la sala, sin juicio definitivo.