FICHA TÉCNICA



Título obra El camino rojo a Sabaiba

Autoría Óscar Liera

Dirección Adam Guevara

Elenco Ramón Barragán, Luisa Huertas, Sivia Mariscal

Escenografía Adam Guevara




Cómo citar Rabell, Malkah. "El camino rojo a Sabaiba de Oscar Liera". El Día, 1987. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>



TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

imagen facsimilar

El Día

Columna Se alza el telón

El camino rojo a Sabaiba de Oscar Liera

Malkah Rabell

La primera impresión que me causó el asistir al estreno en el teatro universitario Juan Ruiz de Alarcón de la obra del dramaturgo nacional Oscar Liera, fue una cierta semejanza con Pedro Páramo de Juan Rulfo. También en El camino rojo a Sabaiba un viajero llega a un pueblo donde los habitantes son almas en pena. Pero esta semejanza desaparece rápidamente y nos encontramos frente a una obra extraña, tan sugestiva como el mismo título y bastante misteriosa. ¿Quiénes son todas esas gentes que rodean al joven militar Fabián Romero Castro, quien ha perdido su rumbo y por un secreto destino llegó a su pueblo natal? Y así, poco a poco va desarrollándose ante nosotros toda la vida en Sabaiba, y no sólo llegamos a conocer el pasado y el presente desconocidos para el mismo Fabián, sino de todos sus moradores, que van apareciendo poco a poco en el escenario, desde la cacique, la "siete veces digna Glarys de Villanfoncurt", con todas sus maniobras paternalista que desembocan en la peor de las explotaciones dé cada uno de los pueblerinos.

Con tanto reparto, con tantos numerosos personajes que van diseñando ante los ojos y la conciencia del forastero la vida pasada y presente de Sabaiba, no es fácil darse cuenta de todo lo que sucede en el escenario y forzosamente muchos detalles se nos escapan. Hasta creo que para comprender más a fondo la pieza de Oscar Liera es menester ver dos o tres veces la representación. Además cierta falla en la dicción de la mayoría de los intérpretes dificulta la comprensión del texto. Según recuerdo fueron tres los protagonistas que con mayor claridad usaban los parlamentos: Ramón Barragán, como Mayo, uno de los más antiguos vecinos de la aldea; Luisa Huertas en el papel de Carmen Castro, la "Bien amada" por numerosos vecinos del pueblo y a quien la población trata de linchar, lo que da a la intérprete la oportunidad de realizar una escena de mucha fuerza dramática; y Silvia Mariscal, en el papel de Gladys de Villafoncurt, que a menudo hace gala de mucha claridad en la pronunciación pero cuando sus parlamentos son excesivamente largos –lo que sucede muy a menudo en su personaje– también ella cae en la confusión.

Bajo la dirección de Adam Guevara, el montaje de las escenas colectivas –que son realmente lo más importantes del espectáculo– carecen a veces de la unidad y dramaticidad necesarias. Quizá la escena de mayor consistencia y sugestión fue la que lleva al forastero a jurar que tomará venganza de todos los vecinos de Sabaiba por el maltrato que dieron a su madre. Juan Sahagún en el papel de Fabián Romero Castro, "el viajero desconocido", la realiza con mucho temperamento. La escenografía que también pertenece al director Adam Guevara, imponía mucha fascinación a todo el espectáculo con sus larguísimas telas suspendidas en el techo donde desaparecían y, cuyos movimientos debían dar la impresión de sacudimientos en la selva, del viento, de la naturaleza, y hasta tal vez de la furia del alma humana. Las voces de los animales selváticos que llegaban de lejos, eran otros elementos que nos mantenían fascinados.

Hay ciertas escenas que realmente no lograba comprender, como las dos inspiradas –creo– en la comedia del Arte, cuando aparecen en escena un grupo de comediantes disfrazados de Pierrots y Colombinas. Tal vez su aparición se deba a un deseo del dramaturgo –uno de nuestros mejores autores jóvenes nacionales– de crear una imagen total de la existencia de este extraño pueblo, Sabaiba, donde las almas de los muertos se cruzan y entrelazan con los vivos; o tal vez a un deseo de sugerirnos la semejanza de todo ser humano con un payaso, con el comediante que lleva una máscara en el rostro. La libre fantasía del dramaturgo, Oscar Liera, tiende hacia la creación de un "realismo mágico" que, sin dejar de ser realista, lleva a éste por los caminos más misteriosos de la fantasía.

Creo que aún tendré que asistir a otra representación de El Camino rojo a Sabaiba para llegar más a fondo del pensamiento de Oscar Liera, y también del pensamiento de alguno de los autores que ponga en escena, un discurso novedoso como lo hizo con el final de La mudanza de Vicente Leñero.