FICHA TÉCNICA
Título obra El lobo solitario
Autoría Alexandro C. Sotomayor
Dirección Alexandro C. Sotomayor
Elenco Carlos Ancira, Gustavo Rojo, Karida Duprez
Escenografía Isabel Chazaro
Cómo citar Rabell, Malkah. "El lobo solitario, en el Teatro Reforma". El Día, 1987. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>
TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO
imagen facsimilar
El Día
Columna Se alza el telón
El lobo solitario, en el Teatro Reforma
Malkah Rabell
La idea es buena, aunque nada novedosa. La cuestión de si la muerte de Hitler fue real o ficticia ha perseguido a mucha gente y la sigue persiguiendo. Muchos se han preguntado y se siguen interrogando si Hitler realmente dejó de existir, o si su suicidio fue una leyenda y sigue viviendo en algún país de Europa o América en el anonimato, o bajo un nombre falso sigue preparando un nuevo advenimiento de campos de concentración, de genocidios, de guerras, hambre y muerte. Mas, el teatro es un arte difícil, quizá una de las artes más complejas y multifáceticas, que auna muchas y diversas artes; no basta defender una causa para subir al escenario; no basta escribir un panfleto para llamarlo dramaturgia. A veces un panfleto es contraproducente precisamente para la causa que defiende. No llamaré panfleto la obra de Alexandro C. Sotomayor: El lobo solitario. Es más bien una obra débilmente construida, y hasta en cierto modo caótica, con mucha ignorancia del oficio. En esta realización la ambición ha sido mayor –demasiado mayor– que las posibilidades del autor. Tal vez dentro de unos años, cuando el joven e improvisado dramaturgo haya experimentado una y otra, y otra y otra vez, con una o con varias obras, dramas o comedias, destrozándolos y reacondicionándolos, reescribiéndolos con una sufrida paciencia quizás así, dentro de unos años, el joven Sotomayor se dé cuenta –y también se dé cuenta el público teatral– que el autor ha madurado y aprendido la profesión.
Lo que además me extraña es, cómo siendo tan joven e inmaduro en el arte escénico, Alexandro C. Sotomayor ha logrado reunir en torno suyo para la puesta en escena a varios actores de renombre, como Carlos Ancira, Gustavo Rojo y Karina Duprez. El veterano y excelente actor Carlos Ancira, además de actuar en el papel de Mike, un escritor alemán que después de la guerra vive en Londres y es la figura protagónica de este drama, también ha dirigido el montaje, y así tuvimos la prueba de que cuando una obra es mala, pésimamente construida y falta de unidad, no la pueden salvar ni el director ni los actores. Tampoco pudo salvar a su propio personaje, por más esfuerzos que hizo Ancira para darle vida y cubrir de carne escénica este esqueleto dramatúrgico. En vano trató de toser, de caminar arrastrando las piernas y apoyándose en un bastón para dar la imagen de un hombre enfermo, El personaje no tenía vida interior y ni el mejor de los actores podría habérsela insuflado.
Tampoco Gustavo Rojo pudo darle al personaje de George, amigo de Mike, más vitalidad de la poquísima que tenía, y tuvimos que contentarnos con su agradable presencia. Quizá fue Karina Duprez la que más vitalidad insufló al papel de la esposa de Mike, pese a que su protagonizada casi no existe, y luchó con la vaciedad con mucho temperamento y valor. Tal vez el papel más interesante fuera el de Jessica interpretada por Georgette Terrazas con juvenil ímpetu, aunque a veces gritaba demasiado. Se trata en este caso de una adolescente, hija del escritor Mike, que llega a conocer al "Lobo Solitario" en quien Mike piensa haber reconocido la figura de Hitler, y Jessica se deja seducir por las ideas de ese desconocido ya anciano, cuyos discursos repite y cuyas teorías asimila.
El interés de la puesta en escena es sobre todo la proyección de las fotos de hombres y mujeres que han padecido en los campos de muerte. Pero la aparición de esas fotos carecía de unidad con el resto de la representación. También la escenografía de Isabel Chazaro resultaba interesante aun cuando no aportaba nada de novedoso al arte escenográfico.
En resumen, una idea bastante común que puede con mucha facilidad caer en el amarillísmo, y que fue manejada sin conocimiento del oficio, o si se prefiere, sin conocimientos del ARTE que es el teatro.