FICHA TÉCNICA
Título obra El reñidero
Autoría Sergio Cecco
Dirección Carlos Jiménez
Grupos y Compañías Compañia de la Comedia Cordobesa
Elenco Beatriz Angelotti, Rafael Reyeros
Espacios teatrales Teatro Independencia
Eventos Muestra de Teatro Latino
Cómo citar Rabell, Malkah. "El primer espectáculo de la Muestra de Teatro Latino El reñidero". El Día, 1987. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>
TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO
imagen facsimilar
El Día
Columna Se alza el telón
El primer espectáculo de la Muestra de Teatro Latino El reñidero
Malkah Rabell
Dos fueron los espectáculos de la Muestra de Teatro Latino que vi desde un principio cuando la muestra llegó a presentarse en el D.F. Su primer espectáculo se presentó en el teatro Independencia con la Compañía de la Comedia Cordobesa, grupo argentino. Y unos días más tarde, en el teatro del Bosque subía al escenario la Cuadra de Sevilla con Las bacantes del fundador y director del grupo, Salvador Tavora.
Tanto la prensa especializada como el público amante del teatro, esperaban con impaciencia la llegada de la Cuadra de Sevilla que ya conocíamos por sus anteriores apariciones en México, con Quejío y Andalucía amarga. En cambio dejaba indiferente la aparición de esa Comedia Cordobesa desconocida y que despertaba esos prejuicios que se guarda generalmente contra todo arte que llega de la provincia. Admito que tampoco a mí me merecía mucha confianza ese producto de Córdoba. Mas, cuál no fue mi sorpresa cuando ya desde el primer acto me encontré con un drama –tal vez sería más justo llamarlo melodrama– de mucha fuerza emotiva, basado en La orestiada y también con influencias de la Electra de Sófocles, pero excelentemente adaptado a un ambiente argentino de provincia, al tono y a la psicología rioplatensa.
El reñidero es lo que en México llamamos palenque, donde los gallos salvajes no sé si por instinto propio o por el salvajismo de quienes los emplean en ese sangriento juego, de quienes los lanzan sobre la arena para que se entrematen para el gusto de un público desatado por el olor a sangre. En El reñidero el amo y organizador de esa lucha de gallos es el cacique de la ciudad, o del barrio, Pancho Morales, a quien de repente se encuentra asesinado. ¿Quién es el asesino? Toda la ciudad y toda la familia tienen sus razones, sus rencores y sus intereses para matarlo. Sólo la hija, Elena-Electra, con su apasionado amor edípico por el padre, se erige en defensora del difunto y desea ser la única en este campo. Y así a todo lo largo de la obra van entretejiéndose las causas familiares y las causas políticas del "Partido" cuyo nombre nunca se menciona.
Aunque a este drama, o melodrama –¿acaso no son melodramas todas las tragedias clásicas?– no le faltan influencias diversas, desde Samuel Eichelbaum hasta Borges, el autor, Sergio Cecco, supo asimilar las distintas voces, los distintos tonos, en una sólida unidad dramática, con una cantante que entona una melodía sin palabras a todo lo largo del espectáculo en lugar del coro clásico; con un Tiresias popular, el trapero, que adivina el porvenir; y un segundo acto más trágico que el primero, cuando el reñidero donde se entrematan los gallos se transforma en un matadero de seres humanos.
Si el texto es llamativo por su sólida estructura y su emotividad, así como por la creatividad psicológica de los personajes y del ambiente sombrío, es igualmente excelente la dirección de Carlos Jiménez que supo crear una atmósfera densa, que sin alejarse del tema clásico no deja de ser muy popular con la constante intervención de la guitarra y el bandoneón. Además, Carlos Jiménez, sin contar con actores de especial madurez y profundidad (ni siquiera Beatriz Angelotti, en el papel de Elena Morales, la Electra de este Reñidero, estuvo a la altura de las exigencias de tan complejo personaje que el dramaturgo presenta en diversas edades) supo manejarlos con precisión y ninguno desmereció a su protagonista. Sobre todo la última escena sacudió al público por la violencia temperamental y a la vez disciplina de los tres actores que intervinieron en ella. Mucho ayudó a crear la atmósfera la originalidad de la escenografía de Rafael Reyeros, que constantemente era movida de un lugar a otro por los propios actores, al estilo brechtiano, formando diversas áreas, que vivían su propia vida.
Escribo esta crónica un poco tarde debido a mis vacaciones, y pido disculpas por ello a mis lectores.