FICHA TÉCNICA



Título obra El hombre y su máscara

Autoría Margarita Urueta

Dirección Alejandro Jodorowsky

Elenco Carlos Ancira, María Teresa Rivas

Espacios teatrales Teatro Jesús Urueta




Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "El hombre y su máscara, en el teatro Jesús Urueta". Novedades, 1964. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>



TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Novedades

Columna El Teatro

El hombre y su máscara, en el teatro Jesús Urueta

Armando de Maria y Campos

¿Teatro de vanguardia? ¿Teatro experimental? ¿Pantomima teatral?

Para ser teatro de vanguardia le falta a la pieza de Margarita Urueta El hombre y su máscara, ir delante de lo usual, de lo común y corriente. Como experimento carece de elementos básicos de una experimentación. Podría considerarse como pantomima teatral si hubiera sido concebida con espíritu de pantomima. Parece tener de todo y es sólo una pieza que rebela la inquietud de su autora, inclinada a abordar diferentes estilos, desde el costumbrista de Mansión para turistas, que fue una de sus primeras piezas, hasta el simbolismo un tanto forzado de su más reciente producción relacionada con las cualidades de los perros. Lo que interesa al cronista es fijar en este comentario la inquietud insaciable de la autora, capaz de los empeños teatrales más ambiciosos.

En El Hombre y su máscara, que tiene por protagonista a un payaso, es difícil separar la realidad de la pieza del aire de pantomima que le imprimió su director Alejandro Jodorowsky, mimo el mismo, maestro en el difícil arte de crear la pantomima.

¿Qué quedaría de la pieza de la señora Urueta, quiero decir del texto, sin las sorpresas de pantomina en que la convirtió el director Jodorowsky? ¿Y qué de la pantomima sin el texto de Margarita Urueta? Queda la solución al espectador, porque El hombre y su máscara, como se representa en el teatro Urueta, lo mismo da qué pensar que satisface a la imaginación al través del sentido de la vista. Los actores desaparecen para convertirse en muñecos de pantomima. Todo resulta una mixtura que a unos gustará y a otros no. El espectáculo es, sin embargo, interesante.

La responsabilidad de la obra recae en el buen actor Carlos Ancira, que cumple satisfactoriamente. Está bien María Teresa Rivas en su rol, muy inferior a la categoría que ya alcanzó como actriz. El resto del reparto obedece con pasión y convencimiento al director Alejandro. La escenografía es elemental y ambienta el espectáculo, largo para ser pantomima, discutible como teatro experimental.