FICHA TÉCNICA



Notas Comentarios sobre la representación del Ballet Africano de Guinea que el autor vio en Londres




Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "Los ballets africanos de Guinea, en Londres". Novedades, 1964. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>



TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Novedades

Columna El Teatro

Los ballets africanos de Guinea, en Londres

Armando de Maria y Campos

En el New Victoria Theatre, de Londres, tuve la fortuna de presenciar, a mediados del presente año una original y deslumbrante representación de los ballets africanos de Guinea, en gira europea que se inició en la propia Guinea y en breves tajadas de exhibición correría las principales capitales de la cultura europea.

Los ballets africanos de Guinea salieron en gira en el año de 1962 y sólo cuando tuvieron la aprobación de los más exigentes públicos de Europa, incluyendo a Berlín, Copenhague y Estocolmo, Venecia, París, Praga, Dinamarca llegaron a Londres, seguros de que la antigua metrópoli sabría comprender el esfuerzo de reunir para un espectáculo de duración normal materiales que son carne viva del ballet desde hace siglos. Este ballet africano de fuerte y acentuada originalidad, que no tiene semejanza con algún otro de origen folklórico como son casi todos los ballets nacionales, sale al mundo bajo el patrocinio del Ministerio Nacional de Educación Cultural de la República de Guinea.

El ballet africano celebra este año de 1964 su vigésimo sexto año de existencia, pero hasta que Guinea no alcanzó la categoría de República, el gran grupo coreográfico formado por Aspita Sissoko no puedo oficialmente presentar como la expresión genuina de un pueblo opulento en tradiciones coreográficas, como son las que vienen de siglos remotos. Los ballets africanos de Guinea recogen, como antología, las danzas y los cantos que se extienden a través de un territorio de cinco a diez mil kilómetros, en el que viven tribus con características tan peculiares, que las hacen diferentes entre sí. Ahora constituye el ballet nacional de la República de Guinea.

Se define, como todos los grandes conjuntos coreográficos inspirados en la expresión artística del pueblo, canto y baile por supuesto, y de preferencia instrumentos musicales autóctonos que por la misma razón de su vivir aislado, nada se parecen o tienen que ver con los de los países civilizados y que no obstante producen con la colaboración imaginativa del hombre, los más extraños sonidos, las más conmovedoras melodías. Alma de la organización del ballet africano, fue Aspita Sissoko, ahora su directora general. Hija de francés y congolesa, nacida en Mobaya, en el riñón de la ahora República de Africa central, quien después de una esmerada educación en Francia, alcanzó la madurez suficiente para, al regresar al corazón del Congo, reunir danzas y cantos de tradición de lejanías insospechables.

Para mí fue sorpresa este espectáculo, expresión clara y terminante de fanatismo y de las desatadas pasiones amorosas, matrimonio misterioso de la muerte y la pasión, sustentáculo de quienes creen en un misterioso más allá, y hacen del amor y de la fecundidad rito necesario y frenético. La imaginación más viva del espectador apenas puede imaginar que se dance en alarde de desnudez sin pecado, porque cuando el amor es religión desaparece de él todo matiz que no sea la entrega de la naturaleza por la naturaleza misma. He conocido en mi larga vida de comentarista teatral muchos conjuntos coreográficos, incluso afrocubanos y afrobrasileños o negroides del sur de los Estados Unidos; pero no recuerdo nada más puro ni más emocionante que el ballet africano que vi en Londres, furioso y arrebatado, delirante y exaltado, apasionado, impetuoso, patético, a veces colérico, en ocasiones rabioso, con fondo de religiosidad y olor a cadaverina y a sexo impaciente.

Es obvio mencionar nombres de intérpretes o los títulos de los distintos ballets en nota periodística que no aspira a otra categoría que la de simple registro de un espectáculo alucinante.