FICHA TÉCNICA



Título obra Los maridos de mamá

Autoría Abel Santa Cruz

Dirección Manolo Calvo

Elenco Rita Macedo, Julissa, Carmen Molina, Germán Robles, Leopoldo Ortín, Rafael Rubio, Jorge Fegan, Manuel Zozaya

Escenografía David Antón

Espacios teatrales Sala Chopin

Productores Manolo Fábregas




Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "Los maridos de mamá de Abel Santa Cruz, en el teatro Chopin". Novedades, 1964. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>



TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Novedades

Columna El Teatro

Los maridos de mamá de Abel Santa Cruz, en el teatro Chopin

Armando de Maria y Campos

Manolo Fábregas –actor, director, empresario, dueño de teatros–, ha abierto un comercio. Es obvio que se trata de un comercio teatral. Su negocio tiene un mostrador y el artículo que vende son representaciones teatrales del país o importadas. Esta vez nos ha ofrecido un artículo importado de la Argentina, que cree bueno. y nosotros también, y de probable fácil salida.

El teatro es un comercio peligroso. Cuando da, da. Cuando quita, quita. Pertenece a la abuela de Manolo esta frase lapidaria: Las deudas de teatro no se pagan... ¿Qué dinero alcanzaría para pagar las deudas que dejan las malas temporadas de teatro?...

Manolo Fábregas ha enviado de Buenos Aires una comedia cómica, como hay cientos que pudieron entregarse en nuestros escenarios: Los maridos de mamá, de don Abel Santa Cruz. El público, con su buen olfato, duda de los autores sin historia. Esta vez se trata de uno que sabe componer comedias con argumentos que caben en el hueco de la mano.

Un divorciado trata de evitar que su ex esposa consume un nuevo matrimonio y para lograrlo aprovecha una visita relámpago de ésta al antiguo domicilio conyugal, y para evitarlo hace uso de varios procedimientos pueriles, pero divertidos. Tratándose de una comedia, es obvio que logra su propósito.

La pieza del señor Santa Cruz me recordó aquellos bombones teatrales de Pepito Fernández del Villar, endeble autor español que seguía las huellas de Jacinto Benavente en sus comedias costumbristas. Se veían, se reían, y si te he visto no me acuerdo.

Un buen conjunto de actores interpreta esta comedia. Rita Macedo se desenvuelve bien, sin mostrarse sofisticada. De ahí que se le noten ciertas fallas, como la de no saber mover los brazos. Su hija Julissa está encantadora, como lo han estado siempre las actrices en lo mejor de su primavera teatral. Carmen Molina hace gala de su oficio y se mueve como actriz en la escena, que equivale a decir que como pez en el agua. A Germán Robles le viene holgado el personaje. No está mal; no, pero le falta un punto de madurez como primer actor para llenar la escena. No puede ocultar que es Germán Robles, y lo que haría falta es que fuera el Vicente de la comedia de Santa Cruz. Leopoldo Ortín está más contenido en su habitual desborde cómico. El resto de los personajes –Rafael Rubio, Jorge Fegan y Manuel Zozaya– cumplen y con esto está dicho que actúan profesionalmente.

¿Para qué recurrir al traslado de la acción de Buenos Aires a algún punto de la República Mexicana? El público sabe que en el fondo hay un sucio trafique con los derechos de propiedad intelectual. Pero muchas veces este inmoral trafique hace daño a las obras.

Es obvio consignar que la escenografía pertenece a David Antón. En cuanto a la dirección recuerdo una frase de las crónicas taurinas de principio de siglo: La presidencia (es decir, la dirección), acertada.