FICHA TÉCNICA
Título obra ¡Ay papá, pobre papá!... Estoy muy triste porque en el closet te colgó mamá
Autoría Arthur Kopit
Dirección Juan José Gurrola
Elenco Rita Macedo, Carlos Jordán, Roberto Dumont
Escenografía Roger Von Gunten
Vestuario Roger Von Gunten
Espacios teatrales Teatro Milán
Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "¡Ay papá, pobre papá!... Estoy muy triste porque en el closet te colgó mamá, en la sala Milán". Novedades, 1964. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>
TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO
Novedades
Columna El Teatro
¡Ay papá, pobre papá!... Estoy muy triste porque en el closet te colgó mamá, en la sala Milán
Armando de Maria y Campos
La hierba del teatro absurdo crece. Son buenas sus raíces: Beckett, Ionesco, etc. Ahora aparece Arthur Kopit, norteamericano que acaba de cumplir un cuarto de siglo de edad y ya goza de fama casi universal. Su pieza: ¡Ay papá, pobre papá!... estoy muy triste porque en el closet te colgó mamá, que él denomina farsa trágica seudoclásica, dentro de la tradición francesa bastarda (con lo cual no engaña a nadie), ha sido representada con éxito de muchas representaciones en algún teatro de Nueva York, y con menos en otro de Londres. Esto supone cierta universalidad.
Kopit compuso una fábula que de pronto se convierte en pesadilla. Sus personajes (los tres principales) son locos de atar. Sobre este terreno firme de la demencia, el norteamericano desarrolla un tema que puede ser seductor, alucinador o delusor (equivalente de pesadilla o farsa); también embaidor, embelesador o engañador. Aún hay más calificativos: sugestionador, encandilador, hipnotizador, perturbador, ofuscador y finalmente, atractivo. Se podría decir que Kopit aoja en su fábula-hechizo. Aojar es lo mismo que hechizar, malograr, desgracir. (Una madre malogra o desgracia a su hijo). Que el espectador elija. Lo cierto es que divierte, a ratos apasiona y el espectador se deja llevar por la corriente de un río turbulento como hoja seca que no puede evitarlo; se divierte con la madre loca que lleva consigo, embalsamado, el cadáver de su marido, que vuelve loco a su hijo; que se encuentra en un lugar de la Habana –territorio libre de América, y de ellos se aprovecha Kopit para tomarse tantas libertades–, con un almirante de opereta, con el [que] representa una deliciosa escena de aquel género de antes de la primera guerra. Pasa, como un perfume, una doncella, que sería lógico perdiera su virginidad, pero lo que pierde es la vida. ¿Verdad que se trata de un teatro además de absurdo, extraño? Desde luego, producto de un medio teatral, como el norteamericano, "todavía en su infancia"; Kopit prefirió acogerse a "la tradición francesa bastarda", como lo confiesa.
La interpretación es un nudo de problemas, pero la profesionalidad, lamentablemente con pausas de actuación, de Rita Macedo, desata y resuelve nudo y problemas. Sobre sus hombros pasa lo absurdo de esta trágica farsa. Se desenvuelve con soltura en largo monólogo, que, le fue aplaudido. Carlos Jordán, excelente actor, poco conocido, compone un personaje que linda con la perfección. La señorita Julissa, capullo y naturalmente promesa, alcanza un debut afortunado. Otro actor, que es revelación, Roberto Dumont, logra darle perfiles de verosimilitud a su personaje. Los "botones" cumplen, abrochando escenas.
Magnífica dirección es la de Juan José Gurrola. Fina y delirante a la vez, rica en nuestros "movimientos" y en descubrimientos de insos pechadas áreas de actuación. Su fantasía, fundamentalmente plástica, hace de éste un espectáculo delicioso. Lo secunda, o le obedece, no sabemos, el vestuarista y escenógrafo Roger Von Gunten.
¿Cuánto tiempo durará el pobre papá de Rosalía colgado por su mamá en el clóset de un hotel de lujo de La Habana? Todo puede ser: o el éxito delirante de Nueva York o el moderado de Londres.