FICHA TÉCNICA
Título obra Los monstruos se conservan en alcohol
Notas de Título Tchin-Tchin (título original)
Autoría Francois Billetdoux
Notas de autoría Alejandro Jodorowsky / traducción, adaptación y arreglos
Dirección Alejandro Jodorowsky
Elenco Leonor Llausás, Guillermo Orea
Espacios teatrales Sala 5 de diciembre
Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "Los monstruos se conservan en alcohol en la sala Cinco de Diciembre". Novedades, 1963. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>
TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO
Novedades
Columna El Teatro
Los monstruos se conservan en alcohol en la sala Cinco de Diciembre
Armando de Maria y Campos
El lector se extrañará de que no llame Tchin-Tchin a la tragicomedia de Francois Billetdoux que se representa actualmente en la Sala 5 de Diciembre. Prefiero llamarla por su verdadero nombre Los monstruos se conservan en alcohol, que es más gráfico y certero. Al iniciarse la obra dos dispsómanos, él y ella brindan:
Cesáreo: Digamos salud, como en Europa
Cesáreo y Delfina: ¡Tchin-Tchin!
Como la tragicomedia, y no drama optimista, según la llaman en los programas, exhibe en sus dos actos, divididos en nueve cuadros la tragedia cómica de dos personajes que se dan a la bebida porque sus respectivos, esposo y esposa, cometen adulterio, precisamente con la esposa y el esposo de éstos, para olvidar el lamentable doble suceso que los une, los dos desventurados se dedican a beber... honradamente, más tiene esta situación de cómica que de trágica. Partamos pues de una situación cómica que se convierte en un interminable diálogo entre dos borrachos que en vez de olvidar lo que envenena su mente y amarga su corazón, la reproducen con licor. Teatro miserabilista, teatro tremendista, teatro siquiatra; en fin, teatro fuera de lo común y corriente que, sin embargo, interesa al público que busca el espectáculo como diversión. El autor presenta y desarrolla el tema con suprema habilidad, nos revela hasta dónde puede llegar una pareja de dipsómanos a los que mata el dolor y da vida la embriaguez.
El espectáculo resulta apasionante aparte de por el tema, por las invenciones con que la esmalta el director Alejandro, cuya imaginación hace más viva la dramática monotonía de la embriaguez de consolación de los protagonistas. Los cambios de escena se hacen a la vista del público por actores que representan varios personajes espisódicos, y esto constituye amena distracción para el auditorio. Para lograr rapidez en estas mutaciones hay economía de trastos y muebles. El clima del damano cambia con la exhibición al fondo de la escena de cuadros y pintores franceses famosos, de acuerdo con el desarrollo del argumento. Para un café bar, un cuadro de Toulouse Lautrec; para un mercado cuadros de Braque y Van Gogh; para una alcoba, un cuadro de Matisse. Para una oficina, una reproducción de Fernand Legert, para la habitación de Delfina un Picasso y para un rincón de un barrio pobre de París un cuadro del español Utrillo. La acción se desarrolla en París, como es lógico.
La pieza de Billetdoux está traducida, adaptada y arreglada por Alejandro. Es difícil aventurar un juicio sobre el mérito del original. Como de Billetdoux, Jodorowsky resulta teatral y llega a conmover. Lo mejor del espectáculo es la soberbia interpretación de la gran actriz Leonor Llausás, que pudo haber ocupado uno de los mejores puestos en nuestro teatro y quién sabe por qué misteriosas causas se ha quedado atrás; y por el cuajado actor Guillermo Orea, en la plenitud de su carrera y dueño de un cuantioso capital de recursos escénicos que administra a su antojo y siempre en beneficio del personaje que crea. Ambos viven en forma tan fácil como difícil la tormentosa existencia de dos dipsómanos y logran meter en un puño el corazón del auditorio.