FICHA TÉCNICA
Título obra Divinas palabras
Autoría Ramón del Valle Inclán
Dirección Juan Ibáñez
Grupos y Compañías Compañía de Teatro Universitario
Elenco Rosa Furman, Magda Vizcaíno, Marisela Olvera, Marisa Ibáñez, Marta Zavaleta, Selma Beraud, Ignacio Sotelo, Germán Castro, Carlos de Pedro, Humberto Enríquez, Virgilio Leos
Escenografía Vicente Rojo
Espacios teatrales Teatro de la Universidad (antes El Caballito)
Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "Divinas palabras, de Valle-Inclán, por la Compañía de Teatro Universitario". Novedades, 1963. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>
TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO
Novedades
Columna El Teatro
Divinas palabras, de Valle-Inclán, por la Compañía de Teatro Universitario
Armando de Maria y Campos
Convendría marcar con piedra blanca esta efemérides excepcional que es el estreno –o primeras representaciones– por quienes están más capacitados para hacerlo, como son los estudiantes universitarios, de una obra grande de don Ramón José María del Valle-Inclán –como gustaba llamarse Ramón Valle–, Divinas palabras, la última de su bibliografía teatral, representada hasta 1933 (tres años antes de la muerte del poeta) por Margarita Xirgu, aunque ya publicada en 1920, en las vísperas de la dictadura de Primo de Rivera. Los españoles principiaron a hacerle justicia al gran compatriota al volver a representar esta tragicomedia de aldea, en 1961, y los capitalinos del teatro, porque hemos convenido en que París es la capital del mundo, al elevarla a la escena mundial por conducto de Jean-Louis Barrault en el Teatro Odeón, el año de 1963. Está bien, pero que muy bien, que quede fija la fecha: 14 de mayo de 1963, la Compañía de Teatro Universitario la lleva a escena en el Teatro de la Universidad, en México, D.F., por Héctor Azar y Juan Ibáñez.
Valle-Inclán viene muy lejos y todavía irá más lejos aún. Fue de los primeros modernistas seguidores de Rubén Darío, de Rueda, de Villaespesa, de Carrere, de los Machado, y así como sin Ibsen no hubiera sido posible que escribieran teatro con la actualidad en renovación y la hondura permanente, la valentía de los temas y la expresión clara y precisa, en Inglaterra, Shaw; en Francia, Lennormand, y en Norteamérica, O'Neill, y sin Valle-Inclán el teatro trágico-poético de García Lorca hubiera tenido que tomar otros cauces para fecundar los campos de la dramaturgia hispana y universal. Sin Valle-Inclán también otros rumbos se habrían visto precisados a elegir desde Brecht hasta los autores del teatro absurdo inglés contemporáneo, pasando por Ionesco y Adamov. Valle-Inclán desbrozó el camino a partir de la publicación de El marqués de Bradomín, en 1907, hasta Divinas palabras,pasando por Farsa y licencia de la reina castiza, en 1920. Esperpentos llamó sus últimas piezas en un acto, ¿y qué otra cosa sino esperpentos son las piezas del teatro más nuevo de estos días?
Divinas palabras es una pieza –teatro anticomercial cuando fue escrita– que parecía irrepresentable, y ahora resulta que es más teatral que las más teatrales. Original hasta la médula, llevando en sí la sustancia poética de su Galicia embrujada, arcaica, eglógica, con su corte de los milagros particular, ensombrecida por la superstición y candente de vitalidad y de ignorancia. Esta pieza que ha puesto en vigor el Teatro Universitario, ocurre en un rincón pequeño de un rincón aldeano de cualquier aldea galaica, pero en sus mendigos, en sus prostitutas, en su sacristán cornudo, en su virgen que lo sabe todo; en sus miserias, intrigas y mezquindades está un mundo de todas partes, el mundo de los pobres que tienen que vivir, amar y morir a como dé lugar y el lugar en que les haya tocado ver la luz primera o la primera de las sombras eternas. Unos pordioseros ambiciosos, sensuales y alegres que van por los pueblos de feria en feria exhibiendo a un tarado medio muerto hasta que le llegue la hora de vivir para siempre, bajo la tierra. Y en esta tragedia, toda la de un pueblo antiguo, ignorante y misterioso.
Magnífica postura escénica bajo la dirección de Juan Ibáñez. Cada actor y cada actriz está en su sitio porque en él encuentra su respectivo personaje. Teatro digno del mejor en cualquier parte del mundo. Ya cité a Héctor Azar y a Luis Ibáñez, director. Con igual categoría coloco al lado de estos nombres el del escenógrafo Vicente Rojo y los de los actores que en esta singular efemérides teatral intervienen: Rosa Furman, Magda Vizcaíno, Marisela Olvera, Marisa Ibáñez, Marta Zavaleta, Selma Beraud; Ignacio Sotelo, Germán Castro, Carlos de Pedro, Humberto Enríquez, Virgilio Leos y, en justicia, todos, y... perdonen la manera de señalar, porque el espacio se acaba...