FICHA TÉCNICA
Título obra Las troyanas
Autoría Eurípides
Notas de autoría Ángel María Garibay / traducción
Dirección José Solé
Elenco Claudio Brook, Carmen Montejo, Ofelia Guilmain, Mercedes Pascual, Patricia Morán
Escenografía Julio Prieto
Espacios teatrales Teatro Xola
Productores Patronato de Operación de los Teatros
Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "Las troyanas, de Eurípides, en el teatro Xola. II". Novedades, 1963. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>
TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO
Novedades
Columna El Teatro
Las troyanas, de Eurípides, en el teatro Xola. II
Armando de Maria y Campos
En verdad es soberbia la presentación o postura escénica de Las troyanas, en el teatro Xola, y aún más la interpretación, aunque ésta no sea pareja por parte de las actrices, como no lo es una cordillera que tiene unas eminencias más altas que las otras. Ya la misma noche del estreno de esta creación euripidiana el público se dividía en opiniones que tomaban diversos cauces.
¿Sobraban trastos, planos, alturas o declives? ¿Estaba bien expresada la síntesis de una destrucción que había concluido con una ciudad sólida? ¿Era necesaria la manipulación de la luz y las sombras para darle mayor clima a la tragedia de la destrucción de Troya acumulando motivos que dieran la impresión de un hacinamiento provocado por el derrumbamiento de la ciudad, o el maestro escenógrafo, siguiendo una tradición por él mismo impuesta, había querido darle a la escenografía un valor superior al que en toda obra se debe tener? La duda provenía de si la acción ocurría dentro de Troya, o en el campamento de los griegos frente a las ruinas de la gran ciudad. Eurípides señala como lugar de acción el campamento de los griegos frente a las ruinas.
Dentro del marco complicado de esa escenografía tuvieron que moverse los intérpretes y las cautivas troyanas en dos hemicoros que deben penetrar sucesivamente para entablar con su antigua reina Hécuba un patético diálogo en el que expresan dolor por el triste destino que les espera en la esclavitud. El movimiento de ambos coros, empleadas las voces con un sentido sinfónico –grupos de sopranos dramáticas, ligeras, mezzos, tenorias, etcétera–, es convencional y agrada a los oídos según la sensibilidad de éstos.
Entre los intérpretes masculinos destaca Claudio Brook, como Tantilbio, el heraldo. Explica bien su mensaje, y lo siente, en tanto que el actor que abre los diálogos farfulla sus parlamentos.
Pues bien, siendo como es soberbia la presentación de Las troyanas, y magnífico el espectáculo, hay que destacar el encumbrado lugar que ocupa en la interpretación la actriz Carmen Montejo, que vivió prominentemente la tragedia a que la destrucción de Troya la llevó, encumbrando la emoción a planos de excelencia. Vive y actúa, y sobre todo, expresa con la voz del dolor de Andrómaca, el tremendo dolor de Andrómaca, que no hay empacho en considerar su creación como conmovedora y turbadora, como impresionante y enternecedora. Hay que declararla sobresaliente entre todas las magníficas actrices de nuestro momento teatral, insigne intérprete de Andrómaca, columna vertebral ilustre en este prominente reparto en el que ocupa un lugar distinguido, más por la expresión que por la voz; Ofelia Guilmain, y en la que se mueven, subactrices sin embargo al lado de la Montejo, y con admirable dignidad Mercedes Pascual y Patricia Morán. El resto se pierde en el gorjeo dramático, porque las voces impiden ver al dual coro.