FICHA TÉCNICA



Título obra El vendedor de muñecas

Notas de Título Esposas a la carta (título original)

Autoría Nemesio García Naranjo

Dirección Óscar Ledesma

Elenco Ana María Blanch, Paulina Singerman, Lorena Velázquez, Carlos Navarro, Marcela Davilland, Eda Ena Ruiz, Socorro Ruiz, Wilda Walter, Manuel Zozaya, Fernando Mendoza

Escenografía David Antón

Espacios teatrales Teatro Virginia Fábregas

Notas Segunda etapa de la Temporada de Oro de Teatro Mexicano




Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "El vendedor de muñecas, de Nemesio García Naranjo, en el teatro Fábregas". Novedades, 1963. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>



TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Novedades

Columna El Teatro

El vendedor de muñecas, de Nemesio García Naranjo, en el teatro Fábregas

Armando de Maria y Campos

La Temporada de Oro en el Teatro Mexicano entra en su segunda etapa –la primera cubrió el año de 1962– con la reposición de la por largo tiempo injustamente olvidada comedia de Nemesio García Naranjo, El vendedor de muñecas, que corre impresa en el volumen 24 de la colección Teatro Mexicano Contemporáneo publicada hace años por la Unión Nacional de Autores.

La comedia con aire de vodevil de Nemesio García Naranjo fue escrita por este ilustre escritor, recientemente desaparecido, durante sus años de exilio político. Creía tener cerradas para siempre las puertas de México y la escribió en inglés con el título de Esposas a la carta y estuvo a punto de ser iluminada por las candilejas de un teatro de Broadway en el que actuaba una compañía de hispanoamericanos. De regreso a México don Nemesio, la propuso a los autores que dirigían las temporadas de la Comedia Mexicana que se desarrollaba en el antiguo teatro Fábregas. Los autores nacionales rechazaron la pieza del político que volvía del exilio convertido en autor de comedias. Con el título de El decorador de mujeres fue estrenada a fines de 1936, en un teatro de Monterrey, por la compañía Hermanas Blanch-Jambrina y como a poco llegara a México la compañía de la actriz argentina Paulina Singerman, en cuyo repertorio de comedias frívolas cabía muy bien la pieza de García Naranjo, el autor la ofreció a la actriz y encontrando ésta que su personaje principal parecía ideado para sus facultades artísticas, la aceptó, cambiándole el título por el de El vendedor de muñecas. Durante aquellos años treintas la pieza de Naranjo fue un éxito. Había encontrado intérpretes magníficos, principalmente en el personaje femenino protagonista: Anita Blanch, Paulina Singerman.

Ahora, muy recortado el diálogo para darle mayor viveza a las escenas, vuelve esta compañía a la prueba definitiva de un público cariñoso pero exigente con los autores mexicanos, y su triunfo revela que en la pieza de García Naranjo hay una obra de teatro perdurable.

La muchacha pobre y hermosa que acepta ser preparada para gran señora, simulando ser la esposa del cínico vendedor de muñecas, del que al fin se enamora en serio y éste de ella interrumpiéndose el negocio del decorador de mujeres, fue confinado esta vez a la belleza de la luminaria cinematográfica Lorena Velázquez. No descubrimos nada importante, ni menos tratamos de lesionar ambiciones de terceros, si afirmamos nuevamente que ser actriz en el cine dista mucho de ser actriz en el teatro. Esto ocurre con la señorita Lorena, cuya interpretación de la Catalina, de García Naranjo, es inferior a cuantas hemos visto en diversas ocasiones. Su belleza y juventud, claro está, la salvan y justifican todo cuanto ocurre en la comedia, por cierto dirigida con algunas fallas de buen gusto por parte de Óscar Ledesma. El grupo de actores logra dar mayor encarnación a los personajes, todos ellos convencionales dentro de un argumento deliberadamente ficticio. Carlos Navarro se desenvuelve con precisa soltura como vendedor de muñecas y Fernando Mendoza y Manuel Zozaya como adinerados víctimas de respectivos traspasos. Poca ocasión tienen de lucir –aparte de su belleza–, su calidad de actrices Marcela Davilland, Eda Ena Ruiz, Socorro Ruiz o Wilda Walter. La pareja de sirvientes es utilizada por Ledesma para algunos trazos de brocha gorda que no merece la linda comedia de Nemesio García Naranjo. David Antón, más en arquitecto que en escenógrafo, decoró con buen gusto los dos escenarios en que se desenvuelve el atractivo y peligroso negocio de un vendedor de muñecas. Un nuevo acierto de la Temporada de Oro del Teatro Mexicano.