FICHA TÉCNICA



Grupos y Compañías Ópera china de Pekín

Espacios teatrales Teatro del Palacio de Bellas Artes

Notas La ópera china de Pekín también es conocida como Teatro de Fu-Shing




Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "Representaciones de ópera china en el Palacio de las Bellas Artes". Novedades, 1963. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>



TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Novedades

Columna El Teatro

Representaciones de ópera china en el Palacio de las Bellas Artes

Armando de Maria y Campos

En el Teatro de Fu-Shing, que funciona en Peitou, uno de los más pintorescos suburbios de la ciudad de Taipei, Taiwan, poco o nada tiene que ver con el espectáculo generalmente conocido como Ópera de Pekín, que fue asombro de Europa hace unos años y que por determinadas circunstancias se frustró su visita a México. La Ópera China de Fu-Shing es un espectáculo formado por Wang Chen-Tsu, artista del Teatro profesional chino, muy estimado en la República China.

La ópera china, de Pekín o de Fu-Shing constituye un espectáculo deslumbrante producto de una civilización ajena a la sensibilidad iberoamericana difícil de comprender y sentir, aunque no de entender. China tiene su Teatro Nacional y lo vacía en el espectáculo que denomina genéricamente ópera, es decir, obra sencillamente. En este espectáculo tienen un lugar los principales elementos que en Europa o en América, incluyendo las espectaculares ceremonias de aztecas y mayas, caben en una representación pública: argumento, pos supuesto, acción, libreto o diálogo, música –en el caso de la ópera china– producida por instrumentos particularísimos, propios de aquélla civilización milenaria y cuyas notas tienen un significado que va de acuerdo con el texto o la danza de la representación. Escenografía simbólica; simbólica es también la actuación que va desde comprender que una cara teñida de escarlata indica alta integridad y dignidad hasta suponer que para cerrar una puerta invisible el actor lleva sus manos juntas y cerradas una sobre otra en la misma línea, y que al abrir las manos abrirá la puerta. ¿Cómo alcanzar en el breve espacio de una representación que vemos con ojos curiosos y abiertos a toda emoción los sentidos más finos de nuestro espíritu, a entender que un actor respirando pesadamente significa que está en estado de embriaguez, que si ríe entre dientes y visajes es un traidor o que si alcanza a subirse a una mesa significa que habrá escalado una montaña?

Todo esto, constituye un espectáculo, que es una fiesta para los ojos por la riqueza del vestuario, particularmente por su rareza y de emoción por sus danzas, musiquilla monótona y movimientos extraños. Por las rendijas de lo increíble, de lo fastuoso o caprichoso, entrevemos el argumento. La pieza que nos presenta la Ópera de Fu-Shing relata un suceso de una dinastía china que floreció 206 años antes de nuestra Era. Se llama El fénix de la mariposa o La bella del anzuelo. También podía tener cien títulos distintos alusivos a una historia de amor, celos, odios, desafíos, bailes y acrobacias. Lo único que nos llega, dicho sea con toda sinceridad, es la belleza multicolor del espectáculo, la novedad de movimientos y ademanes, el encanto personal de la señorita Wang Fu-Yung, primera actriz del conjunto, la gracia de muñecas animadas de las jóvenes y dulcísimas actrices o la ingenua solemnidad con que actúan actores de edad o jóvenes. Salimos del teatro con la mente cargada de emociones teatrales y circenses extrañas y nos persigue durante horas las penetrante monotonía del violín chino –Hu Chin– que tiene dos cuerdas de seda, se toca con un arco de cerda de caballo y no sabemos si nos acaricia o nos araña, como la uña una gata de la República Chilena.