FICHA TÉCNICA



Título obra Nosotros somos Dios

Autoría Wilberto Cantón

Dirección Jebert Darién

Elenco Francisco Jambrina, Luis Bayardo, Carlos Pretel, Enrique Aguilar, Elda Peralta, Virginia Manzano

Espacios teatrales Teatro Milán




Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "Nosotros somos Dios, pieza en dos actos de Wilberto Cantón, en el teatro Milán". Novedades, 1962. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>



TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

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Columna El Teatro

Nosotros somos Dios, pieza en dos actos de Wilberto Cantón, en el teatro Milán

Armando de Maria y Campos

Había expectación entre la familia teatral por asistir al estreno de la pieza de Wilberto Cantón Nosotros somos Dios. Los antecedentes no eran para menos. Por diversas causas ajenas al mito de una censura inexistente que muchos cultivan para su propio provecho, dos o tres obras de este talentoso, joven autor mexicano, no habían podido subir a los escenarios metropolitanos, despertando cierta curiosidad que les permitió ocupar teatros de la provincia y en el extranjero. Algunas dificultades administrativas de última hora parecían dificultar el estreno de la nueva pieza, y los anuncios ya circulaban señalándola como propia para adolescentes y adultos.

La pieza de Cantón está situada en los dramáticos meses que van de las postrimerías del gobierno espurio de Victoriano Huerta a las primeras semanas de la ocupación de la ciudad de México por las tropas constitucionalistas del general Pablo González. Los personajes están formados, como la tela del traje de arlequín, con trozos de diversos personajes de ambas etapas de nuestra Revolución y, por supuesto, la acción no es ajena a esta retacería de anécdotas. La acción está muy bien llevada durante el primer acto, por el suspense natural de los hechos que se trasluce ocurren en la ciudad de México, pero no así en el segundo acto, durante el que hay escenas dialogadas de excesiva duración y de inútil reiteración. Al final hay una víctima que se convierte en héroe y lo sorprendente es que ésta resulta ser el único personaje merecedor del castigo máximo: El ministro huertista que ordenaba fríamente tormentos, castraciones, asesinatos a la luz del alba. Para no traicionar a sus convicciones reaccionistas, se suicida. El telón cae ante un público que no cree lo que ha visto.

Para quienes, por nuestra edad, vivimos ya con conciencia de lo que ocurría a nuestro alrededor los últimos meses de la dictadura huertista y los más estremecedores y cargados de experiencias de la Revolución triunfante nos parece poco lógico recurrir a situaciones históricas ya inalterables por el tiempo, mezclándolas de suerte que resulten confusas para los espectadores de generaciones más recientes. Si en la comedia de Cantón no se aludiera en forma precisa a ciertos hechos, los sucesos quedarían a la altura de la ficción y no se rebajarían a ser capítulos de una historia modificada al gusto del autor.

La comedia es interesante de principio a fin y se escucha toda con vivo interés. ¿Fueron realmente como los pinta Cantón los jóvenes que por distintos caminos se hicieron revolucionarios? ¿Pudo existir mitad Aureliano Urrutia, mitad Ricardo García Granados un ministro de Gobernación en la obra de Cantón, el que aparece y acaba en héroe? En todo caso queda hecha la aclaración y después de esto –como dicen los oradores cursis– sólo nos resta elogiar la labor de Francisco Jambrina que le da mucha humanidad a su personaje; la magnífica labor de Luis Bayardo –aplaudido en un mutis– y la fría y odiosa –por el personaje– de Carlos Petrel. Enrique Aguilar actúa con ardiente convicción Elda Peralta actúa llena de ternura y de gracia, y... muy mal vestida, pero más actriz que nunca. No así Virginia Manzano, que extrema el amaneramiento en gesto y ademán hasta la caricatura. La presentación escénica muy propia de las familias acomodadas de 1913-1914.