FICHA TÉCNICA



Título obra La heredera

Notas de autoría Henry James / autor de la novela Washington square; Ruth y Augustus Goetz / adaptación teatral; José Méndez Herrera y José Luis Alonso / traducción

Dirección Hugo Macías

Elenco Eva Muñoz (Chachita), Francisco Jambrina, Virginia Manzano, Germán Robles,Gloria Silva, Carolina Barret, Joaquín Lanz, Guadalupe Pallas

Espacios teatrales Teatro del Bosque




Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "La heredera de Ruth y A. Goetz, en el teatro del Bosque". Novedades, 1962. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>



TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Novedades

Columna El Teatro

La heredera de Ruth y A. Goetz, en el teatro del Bosque

Armando de Maria y Campos

La vida teatral está llena de sorpresas. Cuando uno espera que suban a escena los auténticos últimos éxitos de las temporadas teatrales de fuera de México, ocupa uno de nuestros primeros escenarios una obra que tiene larga historia y de la que, como de los parientes lejanos con los que no tenemos contacto, habíamos arrinconado en la memoria: La heredera, de Ruth y A. Goetz, cuyo origen reconoce la novela Washington Square, de Henry James, que alcanzó gran difusión en el mundo de las tinieblas del cine interpretada por Olivia de Havilland y Montgomery Clift. En México ha sido llevada a escena tres veces con ésta a que me refiero, y si no la ha arrastrado el fracaso, tampoco la ha escoltado un éxito como para que resulte justificada su reposición.

Nos imaginamos el fenómeno que provocó esta causa. La joven actriz Eva Muñoz, que apareció en nuestra pantalla cinematográfica cuando era niña, haciendo gracia, se propuso ser actriz cómica conforme fue convirtiéndose en mujer, y extremó tanto su propósito que hasta su última presentación en el teatro Arcos–Caracol la teníamos por auténtica actriz grotesca. Quiere probar sus aptitudes como actriz dramática y acepta ser la protagonista de la pieza dramática de Ruth y A. Goetz, no obstante su peso, que va mucho más allá en kilos que el que se acepta en actrices frondosas. La señorita Muñoz, se aprendió a fondo el personaje de la rica heredera cuyos amores se ven frustrados por un padre severo y con experiencia. Y esta bien. ¿Será ésta la modalidad artística que Evita Muñoz adopte para lo futuro? ¿Se trata, simplemente, de probar el género dramático después de haberse desbordado en el cómico? El cronista no pretende mostrarse cauto, como tampoco exigente. Declara con toda sinceridad que la señorita Muñoz está bien, como pudiera estarlo una excelente aficionada al arte dramático. El tiempo dirá por cuál de los dos caminos correrá en lo futuro su ambición de actriz.

Francisco Jambrina tiene olvidado de tanto como lo tuvo aprendido el tipo de personaje del padre flemático, y se mueve en escena con la naturalidad de quien transita por su casa, porque Jambrina es, nada más y nada menos, Jambrina. Le resulta más cómodo no vestirse el personaje; se sabe buen actor, y punto, como acostumbra decirse ahora. Doña Virginia Manzano actúa deslumbrada, como las mariposas de luz, que acaban consumidas por el fuego al que se acercan. Ya está cómica, ya frívola, ya indecisa, ya segura. A Germán Robles no le cuesta trabajo hacer de galán villano, porque es personaje que tiene muy hecho. ¡Si él no fuera tan delgado y alto, y Evita tan bajita y metida en carnes! Completan el reparto con personajes episódicos Gloria Silva, Carolina Barret, Joaquín Lanz y Lupe Pallas. La escenografía es estimable. Y la dirección de Hugo Macías, discutible. Ayuda mucho para que este espectáculo se deslice fácilmente la limpia traducción de José Méndez Herrera y José Luis Alonso.