FICHA TÉCNICA
Elenco Silvia Pinal
Espacios teatrales Teatro Blanquita
Notas Comentarios sobre la presentación de Silvia Pinal en el Teatro Blanquita
Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "Debut de Silvia Pinal como vedette en el teatro Blanquita". Novedades, 1962. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>
TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO
Novedades
Columna El Teatro
Debut de Silvia Pinal como vedette en el teatro Blanquita
Armando de Maria y Campos
De regreso de su último viaje a Europa y después de haber conocido seguramente a las mejores cancionistas o cancioneras de Europa, Silvia Pinal, fina y exquisita actriz de comedia que también ha agavillado triunfos interviniendo en las revistas musicales, acaba de debutar como solista en el teatro Blanquita de la popular y populosa barriada de la calle de Aquiles Serdán.
Llamo solista a Silvia Pinal porque actúa sola, no obstante que en algunas ocasiones le sirve de fondo movible el grupo de jóvenes paseantes semivestidas con plumas que cruzan con simétrica inutilidad el escenario, mientras Silvia –u otra solista– canta y pretende moverse, atada al cable del micrófono que lleva en la mano y que pone el alma del espectador en un hilo temiendo que ese molesto cordón umbilical que amplifica la voz se le enrede en el vestido y obligue a la solista a realizar piruetas imprevistas, no la llamo vedette, porque para ello tendría que borrar de mi memoria a tantas extraordinarias artistas de este género –todas ellas anteriores al micrófono, gracias a Dios– que he conocido en mi larga vida de comentarista profesional de los espectáculos que han desfilado "tan cerca de mis ojos, tal lejos de mi vida". Aquellas vedettes, cancioneras, cancionistas o tonadilleras poseían voz y lucían su garbo al hacer el "paseo" por el escenario. Ahora, todas están sujetas al micrófono de pie, que reduce su acción a una área mínima de inmovilidad, o que las manca, porque nada pueden hacer con la mano que sostiene al micrófono como una flor rara o un extraño animal.
Silvia Pinal, de regreso de Europa, siguió el ejemplo de lo que en sus mejores tiempos hicieron al retornar de Europa María Conesa o Celia Montalbán, insuperables e insustituibles tiples cómicas. Hace lo que vio hacer, con algo propio. Aquello que no es réplica de lo que vio, como la imitación de María Conesa, ahora que la mejor tiple cómica que conoció México se encuentra en decadencia física, es lamentable. María Conesa llenó materialmente con los couplets de La gatita blanca dos décadas del teatro frívolo en México. Bailaba y cantaba, interpretando la Pepita López de la zarzuela de Capella, como nadie lo hizo ni aquí, ni en España o Buenos Aires. Lo otro que realiza la encantadora, dinámica y entusiasta Silvia Pinal resulta deslucido por una causa difícil de comprender para quienes van al teatro por diversión. Silvia no sabe respirar; se ahoga materialmente, y si, además, se viste mientras habla para cubrir el tiempo que dura el cambio de ropaje, el ahogo llega a su máximo cuando vuelve a prenderse e inmovilizarse ante el micrófono de pie o con el micrófono en la diestra, restándole gracia y elocuencia al ademán... de una mano que debe tener la gracia de un aletear de paloma.
Con todo, la sola presencia de Silvia Pinal, con su juvenil encanto, madura ya como mujer y muy experimentada como actriz, constituye el mejor número de ese lamentable desfile de jóvenes paseantes semivestidas y de muchachas de buena voluntad que no sabremos nunca si en verdad cantan o todo lo que hasta nosotros llega, distorsionado por el recurso eléctrico del micrófono, es un hilo de voz convertido en torrente merced de un técnico de sonido.
Silvia Pinal como actriz y como vedette en potencia merece un trono. Ese trono no está en el escenario del teatro Blanquita.