FICHA TÉCNICA



Título obra La parodia

Autoría Arthur Adamov

Dirección Rafael López Miarnau

Elenco Emma Teresa Armendáriz, Raúl Dantés, Carlos Bribiesca, Carlos Ancira

Escenografía Julio Prieto

Espacios teatrales Teatro Orientación




Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "La parodia de Adamov, en el teatro Orientación". Novedades, 1962. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>



TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Novedades

Columna El Teatro

La parodia de Adamov, en el teatro Orientación

Armando de Maria y Campos

La máxima triada de los autores nuevos, de vanguardia, más distinguidos en el universo del teatro, son Ionesco, Beckett y Adamov. A los primeros ya los conoce el público de México, en particular el de minorías, porque ninguno de los tres pretende dirigirse a las mayorías. Los tres escriben un teatro audaz, absurdo, que emboba a las juventudes de distintos climas y nosotros estimamos y comprendemos con melancólica escepticismo.

La primera pieza de Adamov que se representa en México es, hasta donde alcanzan mis conocimientos de las actividades de grupos no profesionales, la que fue presentada en el teatro Orientación de la Unidad Artística del Bosque por Rafael López Miarnau, con escenografía de Julio Dantés, llevando como intérpretes principales a Ema Teresa Armendáriz, Raúl Dantés, Carlos Bribiesca y Carlos Ancira, éste como estrella del espectáculo.

Adamov canta en todas las formas que permite un diálogo inconexo, a veces desconcertante, en ocasiones poético, a veces intranscendente, la espantosa soledad en que vive el hombre o, mejor dicho, los hombres que han perdido el don de comunicarse o de influirse.

Confieso que –probablemente a causa de la traducción– los diálogos me parecieron confusos, que no coincidían entre sí los actores, dando la impresión de pensar en voz alta o de hablar presos en su propia soledad.

Es verdad que el público siguió con interés la representación, como el viajero que en mitad de un bosque carece de orientación y busca cualquier camino que lo lleve a la realidad, es decir, a un mundo común y corriente.

Sería injusto regatear mérito a la interpretación de los principales protagonistas que entregaron toda la pasión que por el teatro sienten para darles apariencia de realidad a los personajes adamovianos.

La dirección del señor López Miarnau es correcta hasta donde la hace posible el constante cambio de escenarios y la confusa acción interior de esta pieza desconcertante, a la que para darle mayor acción la parchó con algunos trozos de película. La escenografía de Julio Prieto es, también, desconcertante. No puede uno imaginarse que lo que él presentó como un grupo de edificios realmente sea un grupo de edificios.