FICHA TÉCNICA



Título obra El roce quemante de la ortiga

Autoría Anselmo Castillo Mena

Dirección Humberto Proaño

Elenco Carlos Ancira, Leonor Llausás, Antonio Trabulse

Escenografía Agustín García Proaño

Espacios teatrales Teatro de La Comedia




Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "El roce quemante de la ortiga, en el teatro de La Comedia". Novedades, 1962. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>



TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Novedades

Columna El Teatro

El roce quemante de la ortiga, en el teatro de La Comedia

Armando de Maria y Campos

En plena temporada de Cuaresma –parece que ahora, poco importa esto–, se ha reinaugurado el teatro de La Comedia, por años clausurado, abriendo temporada de teatro mexicano moderno. En efecto, todos los elementos que intervienen en la obra de inauguración, de autor mexicano, son nacionales y, salvo el escritor, de reconocido prestigio en nuestro ambiente.

El primer actor Carlos Ancira, resolvió presentarse a su regreso de Europa, viaje de estudio, después de su infortunada aventura teatral con Alejandro, con una pieza no menos tremenda, del género miserabilista, en ocasiones escrematorio, al que durante los últimos años se ha dedicado. Esta es un drama en dos actos, titulado: El roce quemante de la ortiga, en el que el nuevo autor Anselmo Castillo Mena, acumula en el breve espacio de dos actos, los más variados y crudos episodios de una pareja desavenida, con un tercero en discordia, a veces en malévola concordia. Castillo Mena se limitó a seguir el procedimiento del novelista Luis Vélez de Guevara, en El diablo cojuelo, que relata cómo, por arte de magia, ante un estudiante que no estudiaba, se levantaban las techumbres de las casas y podía contemplar el interior de los hogares cuando sus habitantes están en el abandono de la vida íntima. Castillo Mena, novato en el difícil arte de hacer comedias levantó un techo o derribó la cuarta pared de un miserable departamento cualquiera, para mostrar la vida de un dipsómano sin voluntad, profesor universitario, que tortura a su infeliz esposa. Para quienes gusten del teatro escrematorio, la historia que cuenta puede tener algunos atractivos. Todo es cuestión de olfato. No está mal construida esta pieza, que con juicio rigorista podía estimarse como un empacho de ideas. El público dirá la última palabra.

Ancira vuelve de Europa con la seguridad de que en él existe un actor trágico. En esta pieza se limita a tocar todos los resortes altos, y grita y se agita hasta enronquecer y bañarse en sudor, pero no logra proyectar la tragedia íntima del dipsómano. Leonor Llausás se encuentra en la plenitud de sus facultades de actriz y en ocasiones logra insuflar de humanidad su contradictorio y convencional personaje. Antonio Trabulse está francamente bien en el tercer personaje. La dirección de Humberto Proaño, convencional. La escenografía, mediocre.