FICHA TÉCNICA
Título obra Señoritas a disgusto
Autoría Antonio González Caballero
Dirección José de Jesús Aceves
Elenco Virginia Manzano, Ema Arvizu, Erick del Castillo, Carlos Riquelme
Escenografía José Reyes Meza
Espacios teatrales Teatro Arcos Caracol
Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "Señoritas a disgusto, en el teatro Arcos Caracol". Novedades, 1961. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>
TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO
Novedades
Columna El Teatro
Señoritas a disgusto, en el teatro Arcos Caracol
Armando de Maria y Campos
Hace muchos años, tantos que aún no había llegado a México doña Prudencia Grifell, ya era popular en España y en Hispanoamérica una piececilla de los entonces muy jóvenes autores españoles Serafín y Joaquín Alvarez Quintero titulada El amor que pasa, inspirada en un poema de Gustavo Adolfo Bécquer. Poseo un programa de 1907 en el que figura esta piececilla representada precisamente por la recién llegada a México Prudencia Grifell. El amor que pasa no era otro que la llegada a un pueblo perdido de Andalucía de un joven agente viajero que alborotaba el corazón de todas las muchachas casaderas y, después de una breve estancia, partía del pueblo. Con tema tan simple, pero que llenaba de emoción a los públicos de principios de siglo, otros autores llevaron a la escena situaciones en las que la pasajera estancia de un galán en un pueblo, en una casa, particular o de huéspedes, inspiraba cariños que nunca se veían satisfechos, bien porque siguiera su camino o porque, y esto era lo frecuente, contrajera matrimonio con la chica más rica del lugarejo.
El joven autor Antonio González Caballero, de Guanajuato, ha retomado este tema y lo ha llevado al teatro situándolo en el rincón de una ciudad provinciana todavía levítica y murmuradora. Llega como huésped a la casa de dos solteronas –no sabemos por qué se les califica de señoritas a disgusto– que viven en espera de un amor que saben que si llega, habrá de venir de lejos. Aparece el huésped para el cuarto que las solteronas alquilan: se encienden los corazones de dos señoritas "quedadas"; el galán, recién llegado de España por cierto, se casa con la rica heredera de su patrón y las pobres solteronas se conforman, una fugándose con un cirquero, la otra casándose nada menos que con un enamorado platónico de su madre.
Se comprende que con tal tema no es posible construir una comedia con el más leve soplo moderno. Todo en ella es manido, trasijado y, desde luego, anticuado. El autor no logró darle aliento poético a las dos vidas frustradas de sus protagonistas ni, menos, a la figura simpática y egoísta, del galán que encarna al amor que pasa.Un buen actor logra hacer un buen personaje del vejestorio que reanuda en la hija el amor que no le correspondió la madre, y completa este cuadro de costumbres ... quinterianas de principios de siglo, una "nana" como sólo se encuentra en las novelas de antes de las guerras del 10 entre nosotros y del 14 en Europa.
La interpretación no puede dejar de ser falsa, convencional, buscada y lograda cursi. Reconocemos la técnica y los recursos de Virginia Manzano así como la falta de recursos y de técnica de Ema Arvizu. Así son ellas, y basta. El galán Erick del Castillo, cumple. El actor genérico Carlos Riquelme cumple también, haciendo reír. Y compone bien su personaje tradicional de "nana" Lupe Carriles. La dirección escénica de José de Jesús Aceves discreta, sencilla y, ¿por qué no decirlo si es verdad?, con ese sentimiento cursi de las flores disecadas que aún se encuentran en los libros que leyeron de nuestras tías o abuelas.