FICHA TÉCNICA



Título obra Tan cerca del cielo

Autoría Wilberto Cantón

Dirección Virgilio Mariel

Grupos y Compañías Grupo Nuevo Teatro de México

Elenco Gloria Marín, Estela Clark, Aurora Alvarado, Magda Donato, Carlos Bribiesca, Héctor Gómez, Díaz Indiano, Angel Merino, Pedro Galván, Joaquín Martínez, Alberto Galán

Escenografía David Antón

Espacios teatrales Teatro Virginia Fábregas




Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "Tan cerca del cielo, en el teatro Fábregas". Novedades, 1961. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>



TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Novedades

Columna El Teatro

Tan cerca del cielo, en el teatro Fábregas

Armando de Maria y Campos

El grupo Nuevo Teatro de México, ha iniciado en el teatro Fábregas una temporada de comedia con la presentación de la actriz Gloria Marín en, Tan cerca del cielo, del autor mexicano Wilberto Cantón. En lo que pudiéramos considerar como su declaración de propósitos, dice que "surge cuando las condiciones de nuestro teatro son tal vez las más favorables de la historia; los animadores del Nuevo Teatro de México son tres soldados del teatro: un actor, Héctor Gómez; un director, Virgilio Mariel, y un escenógrafo, David Antón. Pero de ninguna manera pretenden hacer una labor egoísta o exclusiva, y esperan ver que muy pronto muchos otros que comparten sus ideales vengan a sumárseles".

Gómez, Mariel y Antón, eligieron para presentar a Gloria Marín una pieza de ambiente espectacular, cuyo tema, incidentes del Segundo Imperio en Francia, Miramar, México y Bélgica, ha sido ya tratado a lo largo del presente siglo por varios autores mexicanos: Jiménez Rueda, Usigli, Lira y Lazo, y, naturalmente, por varios europeos. Probablemente no hay nada nuevo que decir en lenguaje teatral sobre este apasionante tema. Los ilusos príncipes europeos están definitivamente juzgados por mexicanos y extranjeros y en cierta forma reivindicados. Don Wilberto Cantón, autor de Tan cerca del cielo, no aporta nada nuevo, no obstante que incluye en su proceso narrativo, que va desde el encuentro de Max y Carlota en Bruselas hasta la trágica muerte del archiduque austriaco en Querétaro, la mente de Carlota ya envuelta en sombras que ignoraron para siempre la luz, escenas "nuevas" que no ocurrieron jamás. Cantón no nos da retratos fieles de los protagonistas de aquel suceso casi centenario. No es, pues, la suya, pieza histórica, sino narrativa, novelesca, convencional. La acción está dividida en múltiples cuadros e intervienen en ella personajes con nombre y apellido correspondiente a figuras históricas. El lenguaje, aunque limpio y claro, carece de contenido ideológico, pese a algunas alusiones o sucesos posteriores. El desarrollo es lento, en zigzag, y los cambios de escenarios no favorecen por la urgencia de hacer uso de trastos convencionales, la fidelidad del relato. No debemos olvidar, en este caso preciso, que en el teatro todo es convencional.

No estamos de acuerdo con la interpretación de la época a cargo del director don Virgilio Mariel, que le dio un aire de opereta sin música, abusando de recursos que fueron característicos en el teatro de hace cincuenta años. No logró imprimirle majestad a ninguno de los personajes creados.

El retorno de Gloria Marín a la escena dramática debe considerarse como un legítimo triunfo. Vistió con su belleza y dio vida con su talento dramático y sus finas cualidades de actriz a la desventurada emperatriz Carlota. Fue la legítima triunfadora de esta jornada. El largo resto del elenco, en el que figuran actores de distintas categorías, algunos de mucho crédito, otros incipientes, alcanzó un discreto tono. Todos sin excepción, empeñosos, algunos revelaron haber estudiado sus partes, en tanto que otros no lo hicieron con sus personajes. En el actor lo esencial no es saberse el papel, sino saberse, entender y comprender al personaje que le encargan habite. Resultaría incompleta esta nota sin los nombres de los principales participantes en la interpretación de la pieza de Wilberto Cantón: Estela Clark, Aurora Alvarado, Magda Donato, Carlos Bribiesca, Héctor Gómez, Díaz Indiano, Angel Merino, Pedro Galván, Joaquín Martínez, Alberto Galán.

El cambio constante de escenarios obligó al talentoso David Antón a utilizar diversos elementos –columnas, jarrones, cortinas y un sillón de bejuco, muy vienés–, para ambientar éstos, que se suponen evocan los de palacios de París, Bruselas y Trieste; del Vaticano y de México. Merece un entusiasta elogio.

El público aplaudió largamente al final de la función a Gloria Marín y no regateó aplausos al autor –que salió a saludar–, y al director, que fue sacado a escena por los actores.