FICHA TÉCNICA



Título obra El tambor de seda, La almohada mágica, La bella y el poeta

Autoría Yukio Mishima

Dirección Óscar Cossío

Elenco Ángel Casarín, Estela Inda, Lourdes Canale, Enrique Reyes, Alfonso Aranda, Menéndez Corbatín

Espacios teatrales Teatro El Granero




Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "Teatro japonés por actores experimentales". Novedades, 1961. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>



TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Novedades

Columna El Teatro

Teatro japonés por actores experimentales

Armando de Maria y Campos

Por segunda vez un grupo de actores mixto de profesionales y experimentales presenta un programa con tres obras en un acto de un autor japonés, ahora Yukio Mishima. Encabeza este grupo y dirige a los actores Óscar Cossío, que antes fue aprendiz de actor y que a logrado no sólo el patrocinio de la embajada japonesa en México, sino formar una nómina de patrocinadores en las que figuran tres secretarios de Estado, la subsecretaría de Asuntos Culturales, el director de Altos Hornos, el subdirector de la Nacional Financiera, el gerente de la Ceimsa y otros personajes más, lo que significa que si el público no apoya estas representaciones la temporada está a buen recaudo.

No obstante que la embajada japonesa auspicia y al parecer supervisa estas presentaciones, poco tienen del auténtico arte dramático japonés las comedias breves que se presentan en el Granero. Digamos brevemente que se trata de teatro construido a la europea por un autor japonés que aprovecha elementos de la tradición dramática japonesa, y que por ser un oriental quien escribió las tres piezas que forman el programa, acusan características indudablemente japonesas.

Se pretende hacer creer al público que son expresiones del teatro llamado Noh. No es así. Recordemos que Ezra Pound, que adaptó varias piezas de este género, dice que "el Noh es sin duda una de las mayores artes del mundo, y muy probablemente una de las más recónditas". Bernard Shaw, durante su visita al Japón, subrayó que no había visto nada más interesanteque el Noh. El Noh carece de una trama como la del teatro occidental; escenifica únicamente un solo episodio. Su estructura es muy sencilla. Comienza, por regla general con la llegada de un peregrino a un lugar famoso vinculado a una leyenda o acontecimiento histórico. Un natural del lugar relata la historia. Los elementos del Noh son el ritmo (utai), la danza (mai), y la música (hayashi); muy bien armonizados. La comprensión del texto resulta difícil hasta para los japoneses cultos, porque está escrito en un lenguaje ceremonial y feudal de estilo complicado, lleno de alusiones metafísicas. Las reglas clásicas de unidad de tiempo y acción no se observan, aunque sí se mantiene la unidad de tono; pero los cambios de escena suelen ser sorprendentes por su carácter instantáneo. En ocasiones se hace uso de la máscara. El público japonés que asiste a las representaciones que nunca es muy numeroso, pues el Noh es un teatro de minoría, centra todo su interés en el texto. Es corriente dijo Shaw, que asistió varias veces a este espectáculo, ver a los japoneses seguir paso a paso la representación sin mirar a la escena, sino siguiendo el libro y saboreando las bellezas del texto y de la música. En cambio, el extranjero que presencia una representación del Noh, las bellezas del texto le están vedadas, aunque puede tener idea previa del mismo a ravés de traducciones o informaciones.

Por todas estas razones podemos afirmar que El tambor de seda, La almohada mágica y La bella y el poeta, de Yukio Mishima, no es teatro Noh. Resulta evidente que la influencia de las culturas europeas y de la ocupación norteamericana han influido en forma absoluta en el milenario teatro japonés, modificando sus viejas formas de expresión. El escritor japonés siente como indígena, pero construye u organiza su teatro como cualquier autor norteamericano. Sin embargo, la influencia del espíritu japonés vence todo afán de modernidad y estas producciones mantienen un tiempo, también un clima o aire, hondamente oriental.

Bonito y atractivo el espectáculo de las tres piezas japonesas. La más bella es El tambor de seda, por el patético amor de un hombre viejo por una joven. Lo mejor de esta pieza es el supuesto diálogo entre el viejo ya muerto y la atónita joven. Las otras dos piezas son francamente convencionales.

Los intérpretes se esfuerzan por actuar con naturalidad en tramas de tan lento desarrollo. Consiguen interesar a su reducido auditorio y aun algunos actores logran destacar como tales, Ángel Casarín a la cabeza de ellos. Recogemos en esta breve crónica los nombres de los principales intérpretes: Estela Inda y Lourdes Canale, Enrique Reyes, Alfonso Aranda y Menéndez Corbatín. La dirección es lenta y correcta. La escenografía, elemental.