FICHA TÉCNICA



Título obra Ser o no ser

Notas de autoría Demetrio Aguilera Malta y Juan Verdaguer / adaptación a la comedia La tía de Carlos

Elenco Juan Verdaguer, Gerardo del Castillo, Eduardo Alcaraz, Trosky, Oscar Morelli, Esperanza del Llano, Kika Meyer, María Eugenia Ríos, Alejandra Meyer, Julieta Sierra

Espacios teatrales Teatro 11 de julio




Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "Ser o no ser por Verdaguer, en el teatro Once de Julio". Novedades, 1960. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>



TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

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Columna El Teatro

Ser o no ser por Verdaguer, en el teatro Once de Julio

Armando de Maria y Campos

Inspirada en una vieja comedia que en español es conocida con el título de La tía de Carlos, desgajada desde hace muchos años del recio tronco del teatro cómico alemán, representada en todos los idiomas, llevada al cine en varias ocasiones –la primera desempeñando el protagonista Buster Keaton–, el autor Demetrio Aguilera Malta y el maquietista Juan Verdaguer han formado un espectáculo sin más propósito que el de lograr cien minutos de carcajadas.

En la antigua Roma había una clase de comedias llamadas atelanas, en que el actor no escribía más que el argumento. Luego los actores, la rellenaban con palabras. Lo mismo sucedía en la Italia del siglo XVI y XVII. Pantalón, Polichinela, Francatrina, eran algunos de los personajes indefectibles de estas farsas; es decir, de la Comedia del arte, como antes, en la Comedia atelana, lo fueron Manducus, Dossennus, Pappus...

No otra cosa han pretendido hacer Aguilera Malta y Verdaguer, sin contar, por supuesto, con personajes característicos de algún país del mundo, al haber escrito y no escrito el espectáculo Ser o no ser, que es como ahora titulan a la casi octagenaria tía de Carlos.

De la verdadera comedia, de la auténtica historia de La tía de Carlos, tan sobada, manoseada, trasegada, que ya más bien parece una vieja de partido, el autor sudamericano y el maquietista de más abajo todavía, no tomaron si no el argumento, como en las atelanas, y lo rellenaron no con chistes. El espectáculo que lograron tiene, pues, un lejano parentesco con la Comedia atelana y con la Comedia del Arte. ¿Una Comedia de Arte? De alguna manera hay que llamar a este espectáculo, porque también es arte, aunque inferior, de pista de circo o de club nocturno, el que realiza el maquietista uruguayo.

Verdaguer lo es todo en este espectáculo en el que intervienen actores de muy modesta categoría, no obstante que entre ellos se cuentan el veterano Gerardo del Castillo y el muy útil Eduardo Alcaraz que, como nuestros tamales, es de chile de dulce o de manteca, según la necesidad o el reclamo del empresario.

Como autores del relleno Aguilera Malta y Verdaguer lograron su propósito de provocar carcajadas bastantes para llenar cien minutos. Como actor Verdaguer es Verdaguer; tan personal que como la tía de Carlos o en lo alto de una escalera es Verdaguer; dicción clara, gesto y ademán precisos y muchas desenvoltura, como la del pez que sabe en qué aguas nada. Nada, en cambio, se puede decir en favor y en serio sobre el resto de los intérpretes. Cumplen, y nada más Del Castillo y Alcaraz; Trosky, aprendiz de maquietista y Oscar Morelli, aprendiz de galán; Esperanza de Llano, Kika Meyer y María Eugenia Ríos; y guapas y luciendo apenas hay ocasión sus primaverales columnas de sustento, Alejandra Meyer y Julieta Sierra.

La acción de esta atelana se colocó en una Cuernavaca convencional. El público ríe, ríe. Estos son polvos, de aquellos lodos, si no se hubiera enfangado tanto nuestro teatro los empresarios no se habrían visto en la necesidad de traernos estos polvos, sin olor, calor y sabor, que se lleva el más ligero airecillo...