FICHA TÉCNICA
Título obra La gaviota
Autoría Antón Chéjov
Dirección Rafael López Miarnau
Grupos y Compañías Grupo Teatro Club
Elenco Emma Teresa Armendáriz, Jorge del Campo, Claudio Brook, Edmundo Barbero, Miguel Suárez, Eugenia Avendaño, María Rubio, Jorge Mateos, Guillermo Martínez, Carmen Sagredo
Escenografía Julio Prieto
Espacios teatrales Teatro El Granero
Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "La gaviota de Antón Chéjov, en el teatro de el Granero". Novedades, 1960. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>
TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO
Novedades
Columna El Teatro
La gaviota de Antón Chéjov, en el teatro de el Granero
Armando de Maria y Campos
Ocupados nuestros empresarios en celebrar el sesquincentenario de la Independencia y el cincuentenario de la Revolución –cual debe ser–, se olvidaron de que este año el mundo teatral conmemoró los centenarios de Moratín y de Chéjov. Para que no pasara inadvertido el del introductor del romanticismo en España se editó su comedia El Café. Y para que el nombre de Chéjov sonara un poco en nuestro medio artístico, el Teatro Club ha representado en el Granero la dulce, deliciosa y triste comedia de Chejov, La gaviota.
Chéjov nació en 1860 y murió en 1904. Originario de Taganorog, Rusia del sur, era descendiente de esclavos. El perteneció a una clase media, resignada y tristona. Precede a Gorki y tiene sucesores, como Gógol. Sus obras teatrales ocupan un puesto de primer orden en el teatro ruso de la prerrevolución. Reproduce con fidelidad fotográfica los ambientes, los climas en que se mueven sus personajes. Meticuloso en el trazo de los caracteres las situaciones que crea y los personajes que saca del mundo que ve no se olvidan fácilmente. Su teatro influyó enormemente en los directores de su época, y aunque conoció rotundos fracasos, sus obras volvían a representarse y conforme eran más conocidas y escuchadas con calma obtenían sólidos éxitos, al extremo de que si se quiere contar con una figura eminente en la dramaturgia europea del último tercio de siglo pasado no se puede prescindir de Chéjov. No en balde Tolstoi anunció que la obra de Chéjov había de imprimir huellas muy hondas en toda la literatura de Europa y del mundo. En español su obra teatral está ampliamente difundida.
La gaviota es una de las obras de Chéjov mejor construidas. No falta en ella el médico –que puede ser él mismo– y la pintura que hace de la vida en una hacienda cercana a Moscú es maravillosa por la sencillez con que la colorea en grises. En el escritor fallido que es Constantin Gavrilovich Treplev crea el personaje de todos los escritores jóvenes incomprendidos en su propio ambiente y en la de Boris Alekseevich Trigorin, el novelista consagrado, aprovecha cuanto puede para exponer sus ideas sobre la amarga, delirante y predestinada vida de los escritores que nacen para serlo.
Hay un símbolo en La gaviota. Es el nudo de la comedia. Es fácil de entender y el público espera la solución con impaciencia. De las más famosas obras de Chéjov –Las tres hermanas, El jardín de los cerezos–, ésta es la más íntima y tal vez la más conmovedora.
El director debutante Rafael López Miarnau tuvo el acierto de ambientar las paredes de este extraño centro de espectáculos y por lo que se refiere al escenográfico se produjo con respeto y veracidad. También acertó en los movimientos de un teatro naturalmente no concebido para ser representado "sin paredes". El ambiente reproduce la época. Fue ovacionado al final.
La interpretación está a cargo de actores profesionales en su mayoría. Ema Teresa Armendáriz compone su Nina Mijailovna Sarechanaia con dulzura y dramatismo y su entrega al personaje es total. Jorge del Campo como Constantino, y Claudio Brook como Boris, le dan adecuada réplica, aquél ligeramente desorbitado y éste sobrio y frío, pero ambos excelentes. Edmundo Barbero hace una pequeña creación de Priotr Nicolaevich Sorin, en tanto que Miguel Suárez se desborda en naturalidad y sencillez como Evguenii Serguevich Dorn. Buena actuación, como marco a las ya mencionadas, la de Eugenia Avendaño, María Rubio, Jorge Mateos y Guillermo Martínez, Carmen Sagredo, convertida ya en excelente actriz dio toda la exuberancia requerida a su Irina Nikolaevna Arkadina, porque estuvo como una comedianta rusa de fines del siglo diecinueve...