FICHA TÉCNICA



Título obra Variaciones para cinco dedos

Autoría Peter Shaffer

Notas de autoría José Luis Ibáñez / traducción

Dirección José Luis Ibáñez

Elenco Miguel Ángel Ferriz, Héctor Gómez, Luis Lomelí, Rita Macedo, Susana Alexander

Espacios teatrales Teatro Sullivan




Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "Variaciones para cinco dedos en el teatro Sullivan". Novedades, 1960. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>



TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Novedades

Columna El Teatro

Variaciones para cinco dedos en el teatro Sullivan

Armando de Maria y Campos

Ya va siendo necesario marcar con piedra blanca la presentación de una pieza de teatro que no sea mediocre, petulante o sucia, y que llegue a México precedida del buen crédito que significa el apoyo de una crítica honesta que no tema ser considerada como traidora a la familia teatral porque expone con probidad su criterio sin considerar si éste hiere los intereses de los empresarios por simple lucro o comercio. Con piedra blanca señalemos, pues, el esteno en México de la bella e impresionante comedia dramática de Peter Shaffer Variaciones para cinco dedos, que obtuvo el premio de la crítica inglesa en 1958 para la mejor obra del año y que fue calificada por la de Nueva York con igual categoría el año de 1959. Salvo que la Agrupación de Críticos de Teatro de México, otorgue el premio de la mejor pieza presentada en nuestros escenarios en el curso de este año patriótico a Jezabel o a alguna de escándalo que grite alguna supuesta verdad, Variaciones para cinco dedos, será considerada como la mejor de este año, y con esto nos codearemos teatralmente con los prestigios teatrales de Londres y Nueva York.

Tan largo y tal vez innecesario exordio justificaría una frase, y ésta sería... ¡Qué excelente pieza de teatro contemporáneo, qué sentida, qué bien construida y qué ejemplar lección la suya! El autor Peter Shaffer explica sucintamente: "La obra es algo así como pieza de Bach, aparentemente muy sencilla, pero sumamente complicada y difícil de ejecutar". El escenario representa el corazón de una casa de campo de una familia inglesa y la distribución de las áreas de actuación crea la primera dificultad técnica, pero facilita al espectador el conocimiento de la vida íntima de un "hogar fin de semana" mal organizado. El marido, padre de dos adolescentes, casado con una francesa sensible y amante de las artes, es zafio, pero ha sabido hacer una gran fortuna vendiendo muebles. Choca el fino carácter de la exquisita mujer francesa con el materialismo sano del inglés. Los chicos crecen... como todos los chicos de ahora en todo el mundo... al buen tun tun. Para encauzar su educación se admite a un joven profesor alemán, prófugo de Alemania por su propia voluntad y ansioso de edificar su vida lejos de la pesadilla de su hogar nazi. El jovenzuelo alemán cae en el hogar anglofrancés y provoca, sin quererlo, una conmoción. En la casa de Stanley Harrington no se vive armoniosamente porque las cuatro personalidades de los cuatro miembros de la familia no se comprenden entre sí, fundamentalmente porque no se comunican sus necesidades y problemas emocionales, el principal de ellos, oculto y permanente, el sexo. En este punto el conflicto podría caer en la pasión que inquieta y encrespa la vida. Pero el sexo carece de importancia, si no se le toma en cuenta. El sexo es puro y es natural en el ser humano. Sin embargo puede minar la armonía entre padres e hijos, envenenar la existencia, cambiar el rumbo de la vida, conducir al sacrificio estéril de ésta; el pobre muchacho alemán que tiene la desgracia de caer en un hogar en el que sus integrantes no se comprenden porque no se comunican entre sí... ¡sacrifica la suya!

La segunda piedra blanca que merece la presentación en México de esta pieza es la excelencia de su traducción, sólo comparable a las magníficas de Salvador Novo. Una mala traducción –dice Pero Grullo–rebaja en tal forma el mérito de una pieza, que la convierte en otra. El joven don José Luis Ibáñez conoce con igual profundidad y maneja con pareja habilidad y frescura las dos lenguas. A él se debe la dirección que es ágil, clara, emocionante y que no obstante lo complicada y difícil la resuelve en forma sencilla y funcional. Contó Ibáñez con excelentes intérpretes. Sobrio y en su puesto de gran actor Miguel Ángel Ferriz, Héctor Gómez resume en ésta que es hasta ahora la mejor creación de su carrera, experiencia, talento y sensibilidad. Luis Lomelí sólo a ratos está a la altura de su gran papel, más dentro del personaje en las escenas dramáticas que en las sentimentales. Rita Macedo actúa con decoro y discreción y denuncia singulares posibilidades la joven debutante –casi una niña– Susana Alexander.