FICHA TÉCNICA



Título obra Ella, yo y mi suegra

Autoría Gilbert Laporte

Notas de autoría Irma Terragnuolo / traducción

Dirección Ricardo Mondragón

Elenco Eduardo Fajardo, Aurora Campuzano, Alfredo W. Barrón, Rosa Elena Durgel, María Teresa Mondragón Montoya (Maresa Monty), Carlos Agosti, Corso Duarte, Olga Rinzo

Escenografía Corso Duarte

Espacios teatrales Teatro Milán




Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "Ella, yo y mi suegra de Gilbert Laporte, en el teatro Milán". Novedades, 1960. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>



TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Novedades

Columna El Teatro

Ella, yo y mi suegra de Gilbert Laporte, en el teatro Milán

Armando de Maria y Campos

El título de la comedia Ella, yo y mi suegra, puesto a una comedia de Gilbert Laporte por su traductora Irma Terragnuolo, es un anticipo de lo que puede esperar el público con este espectáculo. Ignoro el título original de la comedia así como la fecha de su estreno en París o en algún otro punto de Europa, pero ello no importa, porque el dato no resta ni aumente méritos a esta entretenida y muy bien construida pieza de teatro para divertir.

No es propiamente una comedia, ni por el tema que constituye su anécdota principal es una farsa. Intermedia entre los dos géneros viene a ser una gallarda muestra de lo que en español Carlos Arniches definió como tragicomedia. Una comedia trágica, o una trágica cómica, género difícil para el autor que se propone hacer reír con un asunto que resuma amargura, y más difícil aún para los intérpretes que tienen que actuar en serio, protagonistas de situaciones trágicómicas. Dos grandes actores españoles hicieron fortuna creando personajes de este difícil corte histórico: Juan Bonafé y Valeriano León. Por la década de los treinta, un gran actor español radicado en México, José Serra Salvó, hizo a la perfección tipos de esta índole. Fernando Soler los dibujaba con arte y artificio y Ricardo Mondragón logró también reacciones inolvidables.

Conviene decir en tres líneas el argumento. Un alto jefe policiaco resulta intoxicado con arsénico, que ha ingerido en su propia casa. ¿Quién ha tratado de matarlo lentamente? ¿Su joven mujer? ¿Sus hijos del primer matrimonio? ¿Su médico de cabecera? Vive horas tragicómicas de tremenda angustia. A la postre resulta que él mismo se ha intoxicado con un producto que mata los insectos de unos rosales que cuida con esmero. Con tan sencilla trama, pero manejando con habilidad los recurso de este difícil género teatral, Laporte entretiene al público dos horas y media.

El principal personaje –comisario Ledruc– esta a cargo del buen actor español Eduardo Fajardo. No tenemos pero qué oponerle a su magnífica actuación, salvo que toma demasiado en serio al personaje y huye deliberadamente de trazarlo con líneas tragicómicas. Fajardo está en actor trágico y cuando hace reír es por la fuerza cómica de la situación en que interviene. Hace alarde de un vozarrón impresionante y con él y con su pródiga figura física llena la escena. Como es natural, su actuación trágica da la tónica general al resto del reparto. Sin embargo, a veces corre por la farsa de Laporte ese sutil aire tragicómico que se define en los límites precisos de la farsa. Porque el secreto de comedias de éste género están en que el público debe identificarse con la tragedia cómica que ve representar a unos actores que no deben cargar a ninguno de los dos platillos los elementos cómicos y trágicos que deben mantener imperturbable el fiel de la balanza.

Al lado de Fajardo destacan, siguiendo la línea general de la pieza, Aurora Campuzano y Alfredo W. Barrón. Cumple, hermosa y desenvuelta, Rosa Elena Durgel y se muestra encantadora Maresa Monty –o sea María Tereza Mondragón Montoya–. Colaboran con entusiasmo y buen sentido para el resultado armónico de la interpetación Carlos Agosti, Corso Duarte y Olga Rinzo.

La dirección de don Ricardo Mondragón es limpia y, naturalmente, profesional. La escenografía de Corso Duarte, de buen gusto, da el clima propicio para que el espectador se imagine estar frente a la cuarta pared del domicilio del comisario Ledruc.