FICHA TÉCNICA
Título obra La casa de la Santísima
Autoría Rafael Solana
Notas de autoría Rafael Solana / adaptación a su novela homónima
Dirección Luis G. Basurto
Elenco Prudencia Grifell, Francisco Jambrina, Augusto Benedico, Ernesto Alonso, Mario García González, Antonio Alcalá, Antonio Gama, Malena Doria, Yolanda Guillaumin, Gloria García, Esperanza de Llano
Escenografía Leoncio Nápoles
Notas Obra inaugural del Primer Festival de Teatro de Comedia mexicano
Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "Estreno de La casa de la Santísima de Rafael Solana". Novedades, 1960. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>
TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO
Novedades
Columna El Teatro
Estreno de La casa de la Santísima de Rafael Solana
Armando de Maria y Campos
Es ejemplar la devoción de don Rafael Solana Saucedo por el teatro en general y por el que se escribe en México por autores de la tierra en particular. En todas las actividades en que participa su capacidad creadora como novelista o cuentista, crónica o autor y últimamente burócrata es manifiesta su intervención en favor del que sin mucho acierto se ha dado en llamar teatro mexicano. Yo entiendo que teatro nuestro es el escrito por autores nuestros. A veces éstos no llevan a la escena problemas específicamente mexicanos, pero no por estos resulta su teatro extranjero. Tampoco es teatro mexicano aquel que quiere significarse porque el autor salpica sus diálogos con nombres de personajes conocidos o hace alusión a algún suceso de la vida real. El niño y la niebla es una gran pieza de teatro mexicano, no porque Usigli mencione en ella a Carranza o porque en escena aparezca un retrato del ilustre revolucionario. El tema de El niño y la niebla puede darse en cualquier parte del mundo. Esta comedia es mexicana porque la escribió Rodolfo Usigli.
Rafael Solana publicó una novela con el título de La casa de la Santísima para localizar mejor una que funcionó, mitad taller de costura mitad prostíbulo, por el barrio metropolitano de la Santísima. He dicho novela, pero tengo para mí que con el tiempo se quedará en crónica de los años veinte postreros por la atinada o traviesa alusión o hechos que ocurrieron en la ciudad de México por aquellos años y la constante mención de lugares o de personas reales con sus nombres y apellidos. La anécdota que sirve de nudo a la narración es o puede ser universal, pero la vida íntima en esa casa de citas pobre es imaginada. Quienes por aquellos años vivían su juventud madura aseguran que eran otras las costumbres y distintos los procedimientos a como los supone y pinta Solana.
El escritor Solana tiene la preocupación muy legítima en todo autor que quiere llegar de inmediato al público de ser ameno. Pero la amenidad se confunde con la frivolidad, y el hombre ameno o frívolo no siente la profundidad de los hechos que le rodean. Hay que calar en las cosas y en los hombres para apoderarse de ellos; todo lo demás es acariciar, o hasta arañar. Pero escritor que no hace sangre no deja huella.
Como autor teatral Solana hace gala de su vivo y fresco ingenio y de indudable dominio del oficio. Pero también es superficial, inventa sus personajes no obstante que los toma de la realidad. Quiere ser fiel y para situarlos en su ambiente recurre a mencionar personas reales o se refiere a hechos auténticos. Esto ocurre en los personajes y con el clima de La casa de la Santísima. ¿Es mexicana esta pieza porque se menciona a Chicuelo en México, se recuerda como fue herido Agustín Lara en el prostíbulo para el que trabajaba como pianista, o se pronuncie el nombre del escritor villista Rafaael F. Muñoz? No; es mexicana porque Solana hace hablar a sus personajes en un lenguaje que reconocemos es el nuestro, y porque Solana es mexicano. Nada más, nada menos.
El tema de esta pieza no es nuevo en el teatro. Lo han tratado con diferente fortuna autores rusos, franceses y españoles. Precisamente por los años en que se sitúa la acción de esta pieza se estrenó en México Maya de Gagillón. Antes, Vidal y Planas habían estremecido a la burguesía católica de España con su Santa Isabel de Ceres, la historia de una prostituta buena buena que era pupila en un lupanar de la calle de Ceres, de Madrid..., que no gustó en México.
Como pieza de teatro La casa de la Santísima denuncia la premiosidad con que fue constituida. Dijérase que su construcción es provisional, como la de tantos edificios que se levantan de prisa y corriendo para cubrir un compromiso. Gran verdad es que lo que se hace sin tiempo no lo respeta el tiempo. Verdad también que de una novela muy bien narrada es muy difícil lograr una buena pieza de teatro. Narración y acción no se llevan. En el teatro la acción no sólo es lo primero, sino lo fundamental. Por estas razones La casa de la Santísima no llega a satisfacer plenamente al buen espectador, sobre todo si éste ha seguido paso a paso, crónica a crónica, comedia a comedia o novela a novela la fecunda producción de quien ha probado poseer aptitudes para la creación literaria.
Difícil prueba para los actores habitar personajes convencionales según la exigencia de la anécdota. La dueña, confiada al talento indiscutible de doña Prudencia Grifell es, a nuestro modo de ver y sentir, el único personaje real. Los demás están recortados a la medida de los sucesos en que intervienen. Doña Prudencia está como es habitual en ella, magnífica. Y cumplen en sus respectivas categorías Francisco Jambrina, Augusto Benedico, Ernesto Alonso, Mario García González, Antonio Alcalá y Antonio Gama, Malena Doria se muestra sencilla y humana en una pirujilla enamorada, y se hace simpática en personaje semejante. Yolanda Guillaumin, Gloria García y Esperanza de Llano contribuyen a que el conjunto no desentone. La dirección de Luis G. Basurto es sencilla y clara, esto es, sin complicaciones. Discreta la escenografía de Leoncio Nápoles.
Antes de abrirse la cortina el dramaturgo Celestino Gorostiza declaró inaugurado oficialmente el primer Festival de Teatro de Comedia mexicano. Por esta razón se explica que se ignoraran las recientes producciones de Francisco Benitez, Sergio Magaña y José López Méndez, tan mexicanos como Solana, Basurto, Cantón, Robles Arena y Marisa Garrido.