FICHA TÉCNICA
Título obra Los tres etcéteras de don Simón
Autoría José María Pemán
Dirección Fernando Granada
Elenco Fernando Granada, Pastora Peña, Guillermo Orea, Miguel Ángel Ferriz, Carmen Salas, Aurora Alvarado, Enrique Couto, Óscar Servín, Sergio Ramos
Escenografía H. Palet
Vestuario H. Palet
Espacios teatrales Teatro Virginia Fábregas
Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "Pemán en México". Novedades, 1960. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>
TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO
Novedades
Columna El Teatro
Pemán en México
Armando de Maria y Campos
Don José María Pemán es una gran figura entre los autores españoles contemporáneos. Lo que él escribe para el teatro tiene en España singular categoía, no sólo en su forma, que es académica, sino en su fondo, que se supone fiel al programa cultural del Estado español. Pemán, presidente de la Academia Española de la Lengua es un escritor correctísimo, de fluido estilo andaluz y con el sello característico de la gracia gaditana –porque cada región andaluz tiene su gracia particular e inconfundible–. Don José María Pemán es poeta andaluz, no por su nacimiento, sino por su manera de sentir y expresar la poesía; es cronista fácil y entretenido, pero, sobre todo, es autor dramático. En sus principios, y creo que ahora también, de "partido". Es, pues un escritor comprometido, que sirve a sus ideas, las defiende, las justifica y las propaga. Se inició en el teatro con El divino impaciente, que las derechas españolas hicieron banderín de su causa y opusieron a Nuestra Natacha, comedia vagamente socialista y poética de Alejandro Casona, que entonces militaba abiertamente en las izquierdas españolas. Todo esto, en los ahora ya lejanos tiempos de la segunda república española.
El teatro español se ha nutrido durante largos años con la savia autoral de José María Pemán. El teatro de Pemán fue conocido en México subrepticiamente, casi de contrabando. En la era cardenista, bien lo recordará el lector, el servilismo de sus izquierdas impedía las representaciones de las obras que pudieran tener carácter religioso. No se autorizó oficialmente ninguna representación de El divino impaciente, como tampoco de Santa Teresa de Jesús, de Eduardo Marquina, que se atrevió a anunciar en el teatro de su nombre la ilustre Virginia Fábregas. El divino impaciente excitó la conducta religiosa de grupos aficionados a representar, y suponiendo que cumplían con una misión y a una causa, los discípulos de Felipe del Hoyo representaron en el teatro Arbeu –de rigurosa invitación– la interesante obra de Pemán; lo mismo hicieron en los salones pertenecientes a sociedades católicas los discípulos de Luis Villot. Hasta fines de 1939 hubo en el teatro Fábregas una representación formal y de paga de El divino impaciente.
Ahora parecerán increíbles estos hechos, pero así se hilaban las cosas durante la era cardenista. Pemán, enemigo franco y abierto de la república española, quedó en España, y siguió escribiendo teatro. El teatro que desde hace veinte años hasta la fecha se puede escribir en España y gusta a los españoles, porque de otra manera no se explicaría que Pemán, hombre rico por nacimiento, maestro en otros campos literarios, continuara entregando dos o tres obras por temporada.
El público de México no conoce la mayoría de las piezas escritas por Pemán. Mejor sería confesar que conoce muy pocas, y que no siempre éstas han sido representadas con éxito. La compañía del autor Luis Fernández Ardavín, con María Guerrero López y José Romeu al frente, montó con mucha propiedad dos o tres, y más han hecho por Pemán los grupos teatrales de provincia que las empresas comerciales de la metrópoli. Así se explica que siendo Pemán un autor absolutamente cuajado un estreno suyo resulte en México una sorpresa. Y una grata sorpresa como ésta de la regocijada farsa que los autores españoles Fernando Granada y Pastora Peña –procedentes del teatro Reina Victoria, de Madrid, del que fue o es dueño Granada– presentan a nuestro público como segunda obra de su temporada con actores mexicanos.
Los tres etcéteras de don Simón es una pieza del tipo de las farsas muy bien concebida, muy bien realizada, muy bien construida y muy bien escrita. Esta pieza –de cuatro B– está inspirada en un viejo cuento, con aire de chascarrillo andaluz, de los tiempos de la invasión de España por lo franceses de Napoleón, cuando colocaron en el trono del huido Fernando VII a José Bonaparte. La acción queda situada en esta farsa en el pueblo de la Fernandina, de unos tres mil vecinos, hacia Sierra Morena, por cerca de Jaén. Uno de esos pueblos agrícolas, creados en el siglo XVIII con nombres borbónicos, como La Carolina, La Carlota, La Luisina. Año de 1810. El argumento, que reconoce como base el viejo cuento, tiene un gracioso aire picaresco, de equívocos amorosos, que se presta a juegos de imaginación y picardía, en virtud de que la primera autoridad del poblacho al recibir instrucciones para recibir por tres días al gobernador de la provincia, no sabe cómo interpretar las tres etcéteras con que terminan las instrucciones sobre su estancia en La Fernandina. ¿Tres etcéteras? Consultando el diccionario éste aclara que es algo que se da por supuesto y entendido, aunque no se nombre. Como el gobernador tiene fama de mujeriego le buscan tres mujeres para... su comodidad durante la transitoria estancia. No pasa nada, por supuesto, pero se dicen muchas graciosas picardías dentro de una trama bien tejida y reluciente. Pemán revela que casi de la nada puede hacer una linda y entretenida farsa.
Don Fernando Granada director y protagonista presentó esta farsa de Pemán con propiedad y boato y la desempeña con su reconocido dominio de la escena. Se mueve como gran actor en la escena, que equivale a cómo nada el pez en el agua. Ya nos acostumbraremos a su estilo, o le descubriremos otros matices en otras interpretaciones. Pastora Peña actúa como una actriz que sabe el oficio de representar. También nos falta conocerla a través de otros personajes menos convencionales y menos teatrales. Guillermo Orea y Miguel Ángel Ferriz secundan, en razón de la importancia de sus personajes, a las primeras figuras, y cumplen cada quien dentro de su categoría Carmen Salas, a la que encontré muy afanada en hacer reír, Aurora Alvarado, muy guapa y discreta, Enrique Couto, Oscar Servín y Sergio Ramos. La escenografía y el vestuario son iberos, los firma H. Palet, y son propios, aunque un tanto convencionales.