FICHA TÉCNICA



Título obra Madrugada

Autoría Antonio Buero Vallejo

Dirección Luis G. Basurto

Elenco Ofelia Guilmain, José Baviera, Carlos Navarro, Ernesto de Llano, Esperanza de Llano, Amparo Villegas, Malena Doria, Maruca Palomino

Espacios teatrales Teatro 11 de julio




Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "Estreno de Madrugada de Antonio Buero Vallejo, por Ofelia Guilmain". Novedades, 1960. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>



TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Novedades

Columna El Teatro

Estreno de Madrugada de Antonio Buero Vallejo, por Ofelia Guilmain

Armando de Maria y Campos

Antonio Buero Vallejo es uno de los más importantes autores españoles contemporáneos. Tal vez el más importante, y la afirmación no me atrevo a hacerla categórica porque desconozco muchas de las obras serias de otros autores iberos continuadores de la muy importante tradición teatral española. Algunas de las obras de Buero Vallejo han sido conocidas en México a través de interpretaciones mediocres o poco serias, generalmente a cargo de grupos experimentales; otras, no llegan impresas a nuestras manos y, así no hemos podido seguir obra a obra la producción teatral de quien tan gallardamente se revelara con Historia de una escalera.

Entre sus piezas que considero definitivas, está Madrugada, elegida por la empresa del teatro Once de julio como la segunda producción de su temporada. Madrugada llega a México con cierto retraso o por lo menos, rompiendo la costumbre de tantos años de que las buenas piezas españolas no retardaran demasiado en estrenarse entre nosotros Madrugada fue estrenada por la compañía de Margarita Robles, primero en Madrid en diciembre de 1953 y después en Barcelona en 1954, con ligeros cambios en el reparto. en alguna parte leí que había alcanzado algún importante premio. Ni lo niego, ni lo afirmo, pero aseguro que lo merece, aparte del que ya obtuvo y que le concedió el público, seguramente, al ponerla aparte de la producción general española.

Buero Vallejo ha querido y ha sabido llevar al teatro la difícil técnica de una película de arte. En la cinematografía –y esto es un lugar común– la industria predomina sobre el arte. Una película se ve de principio a fin, esto es, sin intermedios. Hubo una película norteamericana que duró seis horas –creo que fue una versión de Qué bien le sienta el luto a Electra, de O'Neill. En el teatro estorban los intermedios. Muchas veces se ha afirmado que lo mejor de una pieza de teatro son los intermedios, y es bien conocida la costumbre mexicana de convertir en actos sociales los entreactos... y entrar a ver después –¡qué remedio!– la representación. En Madrugada, Buero Vallejo utiliza un entreacto, no debiendo emplearlo, porque la acción de su pieza de intriga dramática no lo requiere. La acción es continua; el entreacto es, pues, convencional. Significa más y no menos teatro, según frase del propio Buero Vallejo. Porque el tiempo, presente en la escena es un reloj, no puede detenerse. Todo ocurre de un tiempo preciso, que podría echar a perder un entreacto. La técnica admirable de Buero Vallejo salva este escollo, y la acción principia y termina –sin contar con el intermedio– con exactitud cronométrica.

La cuestión de los géneros teatrales es movediza y evoluciona como el teatro mismo, ha dicho Buero Vallejo con motivo de las diversas calificaciones que Madrugada mereció a los críticos españoles; estoy de acuerdo con él. Yo propondría una nueva denominación: comedia de intriga dramática. Ni melodrama, ni drama, ni menos tragedia. Una gran intriga dramática, en la que el amor de una gran mujer lucha con las bajas pasiones de los parientes de un muerto al que ella amó mucho y fue intensamente amada por él. Muerto el hombre de su vida, y ya ella esposa, y heredera según las leyes españolas, lo que más le importa es saber si él amó o la pagó simplemente, y también si como todos los cristianos creemos, la seguirá amando y la hará suya en espíritu allá, en el más allá impenetrable. La anécdota de Madrugada en cualquiera otras manos que no fueran las de Buero Vallejo, e iluminada por otro talento, no pasaría de ser interesante. Tratada por él es impresionante y conmovedora, y su tratamiento obedece a una construcción sólidamente meditada y fácilmente resuelta. Juegan e intervienen en ella los personajes indispensables, y todos ellos son un carácter. Personajes con carácter son los de Buero Vallejo. Por eso Madrugada es un episodio dramático, intrigante y profundamente humano. El lenguaje es limpio y exacto. Nadie se anda por las ramas. Una gran pieza de intriga dramática, en suma y resumen.

Primera figura del grupo conjuntado es Ofelia Guilmáin, gran actriz hecha en México y a la que consideramos mexicana, porque aquí nació para el teatro, entre nosotros creció y nos está dando sus mejores frutos. Está magnífica, sin remilgos ni peros, lo mismo en el gesto, en el ademán que en la dicción; profundamente comprendida su tragedia mínima y matizada. Es, para mí, la actuación más serena, más sobria y más honda que le he visto. A su lado todos aparecen en segundo plano. Baviera, sobrio; Carlos Navarro, sin evitar su característico hablar a borbotones. Ernesto de Llano, indeciso a ratos, porque es actor no cuajado aún, como Esperanza de Llano, a veces demasiado plebeya. Doña Amparo Villegas cumple, ¡no falta más!, y está exquisita y muy emotiva Malena Doria, ya convertida en excelente actriz en su categoría. Debutó la señorita Maruca Palomino, quien actuó con desenvoltura, afrontó resueltamente y sacó con mucho donaire su escena con la protagonista. Es guapísima y lucirá mucho en el teatro. La dirección de Luis G. Basurto respeta los movimientos naturales de la acción y la presentación escenográfica no tiene peros que oponérsele.