FICHA TÉCNICA



Título obra Electra

Autoría Sófocles

Notas de autoría Diego de Mesa / paráfrasis

Dirección Diego de Mesa

Grupos y Compañías Poesía en Voz Alta

Elenco Ofelia Guilmain, Raúl Dantés, Pina Pellicer, Tara Parra, José Carlos Ruiz, Antonio Medellín, Antonio Alcalá, Amparo Villegas, Ketty Valdés, Alicia Quintos

Escenografía Juan Soriano




Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "Poesía en Voz Alta y la Electra de Sófocles". Novedades, 1960. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>



TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Novedades

Columna El Teatro

Poesía en Voz Alta y la Electra de Sófocles

Armando de Maria y Campos

Durante un viaje que hizo a Grecia, el joven escritor Diego de Mesa tuvo la idea de representar el teatro de los griegos a su regreso a México, porque nada tenía que ver el que por esas tierras se había hecho –y también por las de Europa– durante siglos cristianos, con el que exalta la dinastía sangrienta de Micenas. "Micenas ciclópea –vio y dijo de Mesa, de piedras inmensas, con (un) palacio negro cuyo patio interior" da perfecta idea del mito que fue primero tratado como fábula por Esquillo y del que Sófocles sacó una de sus mejores tragedias. De las ciento o ciento quince obras que se le atribuyen, únicamente siete han llegado a nosotros: Antígona, Electra, Las traquinias, Edipo, rey; Ayax, Filoctetes y Edipo en Colonna.

Dio principio don Diego de Mesa haciendo una paráfrasis de la Electra, en la que hace intervenir a Clitemnestra (Ofelia Guilmain), Orestes (Raúl Dantés), Electra (Pina Pellicer), Crisotemis (Tara Parra), Preceptor (José Carlos Ruiz), Egisto (Antonio Medellín), Pílades (Antonio Alcalá) y naturalmente el Coro (Amparo Villegas, Ketty Valdés y Alicia Quintos). Una paráfrasis excelente, en prosa y verso, todo en limpio castellano y reduciendo a un buen gusto contemporáneo la simbólica floresta de metáforas en que abunda la tragedia original. Con la colaboración del gran pintor mexicano Juan Soriano vistió la escena y a los personajes en forma novedosa y para algunos extraña, pero que desde luego se aparta de su clisé tradicional. Su dirección, la de Diego de Mesa, no pudo evitar el estatismo de la acción, y los personajes más que actuar con sus propios cuerpos lo hacen con las pasiones que desbordan sus espíritus, sus caracteres o las cosas tremendas, en fin, que les pasan a todos los personajes del teatro griego, comentadas por el Coro que, en la paráfrasis de Diego de Mesa, no pierde su característica gravedad de testigo, opinión y comentario. Se discute y se discutirá la novedad en la presentación –escenografía sorprendente y aplastante, vestuario original y riquísimo, además de extraño–, pero todo ello contribuye a darle a esta Electra que presenta Poesía en Voz Alta un clima de sorpresa y severidad gratos al espectador enterado y comprensivo.

La tragedia de Electra comienza, como bien se sabe, cuando regresa Orestes a Micenas, después de haber consultado el oráculo de Delfos, para llevar a cabo la venganza. ¿Cuál venganza? El espectador debe sentarse en su butaca, enterado de lo que va a ver, porque el teatro de Sófocles es susceptible de diversas interpretaciones. La verdad, según los textos históricos griegos, es esta: Agamenón, rey de Micenas y Argos, jefe de la armada griega que fue al rescate de la bella Elena y conquistó Troya, regresa a su hogar después de largos años de guerra. En la orgía real organizada para celebrar el regreso del héroe, la esposa de éste, Clitemnestra, le da muerte ayudada por Egisto, su amante. La hija mayor de Agamenón, Electra, fiel al padre y al rey, decidida a vengar el crimen y el adulterio, pero imposibilitada de hacerlo por sí misma, pone a salvo a su hermano Orestes para que sea un día el vengador del padre. Entonces da comienzo la tragedia. Orestes regresa, mata a su madre y, enseguida, a su padre. Nada más, nada menos. La vida de Orestes continúa fuera de la tragedia sofocliana, pero esto no nos importa, por lo menos ahora.

Ya dije que la Electra de Poesía en Voz Alta está presentada originalmente y vestida con audacia y novedad, también que la paráfrasis de Diego de Mesa es excelente, lo mismo para ser leída que llevada al escenario. No queda, pues, al cronista, sino decir unas cuantas palabras sobre la interpretación.

El Orestes de Raúl Dantés es magnífico. Tal vez su físico le ayude poco, pero como posee rico temperamento dramático y bella voz que sabe matizar, habita con mucha dignidad el personaje. Ofelia Guilmain, excelente actriz de bronco temperamento, no deja de ser Ofelia Guilmain, lo que no debe estimarse como defecto sino como exceso de personalidad. Dice bien, y en su actuación se limita a estarse quieta, a representar con lo brazos y actuar con la voz, lo que no es poco. Pina Pellicer, que vuelve de un viaje por Europa, a donde fue a ojear teatro, está por abajo del personaje, pero esto no significa que lo represente mal. A veces emite su voz con escasos matices y en ocasiones se entrega a la pasión dramática de su personaje hasta la lágrima y el moqueo (por lo menos en la representación que le vi). Como es aun muy joven, con el tiempo logrará tal vez una perfecta y contenida interpretación de Electra. Tara Parra, otra de nuestras actrices, compone una Crisótemis muy discreta, con la plausible circustancia de que se produce con toda claridad. José Carlos Ruiz dijo en forma magnífica su relación describiendo la supuesta muerte de Orestes, y Antonio Medellín (Egisto), Antonio Alcalá (Pílades) y Amparo Villegas, Ketty Valdés y Alicia Quintos, integrando el Coro, colaboran con sus respectivos talentos al logro de una Electra –nueva– que no debe ser desairada por el público culto de la cuidad de México.