Novedades
Columna El Teatro
Breve presentación de un gran autor dramático alemán: Friedrich Dürrenmatt
Armando de Maria y Campos
El renacimiento del teatro de habla alemana se está operando fuera de Alemania... partida, por desgracia, en dos. La luz nueva para el teatro alemán viene de Suiza. El grande y pequeño país, rico en tradición teatral en cuanto a representaciones, no había dado al mundo hasta ahora un autor dramático medianamente estimable. Y ahora ofrece al asombro del mundo dos figuras sobresalientes: Max Frisch y Friedrich Dürrenmatt. Los dos constituyen una sorpresa porque no llegaron a la escena por los caminos habituales.
Frisch, que nació en 1911 es, aparte de autor dramático, arquitecto. Dürrenmatt es, además de autor dramático, pintor y decorador. Nació en 1921. Una década de diferencia en realidad no separa, sino más bien liga a estos dos grandes autores de habla alemana.
La primera producción literaria de Max Frisch apareció en 1943, y es una novela titulada Los difíciles. La primera aparición literaria de Dürrenmatt se fija en 1943 y es un drama titulado Está escrito, que dió a conocer en 1947, cuando ya Frisch había estrenado el drama Santa Cruz, el réquiem dramático Ahora cantan otra vez y la farsa La muralla china.
¿Qué aportan a la literatura universal Frisch y Dürrenmatt? Alfredo Cahn asegura que "si nos hemos de guiar por el eco que la obra de Dürrenmatt despertó, por la cantidad de sus representaciones y por la opinión de los profesionales de la crítica, debe considerársele desde la muerte del Bertold Brecht, la figura máxima del teatro alemán contemporáneo". ¿No habíamos quedado que con Brecht se termina una época y con Dürrenmatt se inicia otra? Porque en rigor de la verdad, con el teatro de Brecht terminó un ciclo que Gerhart Hauptmann había iniciado en 1889 con Antes del amanecer, y que a su vez siguió a otro, francamente social, que iba desde Miss Sara Sampson –que Lessing estrenó en 1875– hasta Ibsen.
El teatro de Dürrenmatt es todavía una incógnita para el público de habla castellana. Muy pocas de sus obras se encuentran traducidas a nuestra lengua. De las que el cronista tiene noticias éstos son los títulos: Está escrito, El ciego, Romulus Magnus, El matrimonio del señor Mississippi, Un ángel llega a Babilonia, La visita de la anciana dama, (que conquistó el aplauso de los públicos de Alemania, Francia, Inglaterra y los Estados Unidos); El señor Korbes recibe y Frank V; La ópera de un banco particular, recientemente estrenada en Zurich, y las novelas El juez y su verdugo, El desperfecto, La promesa, La sospecha, además de la comedia en prosa Griego busca a griega.
La gran transformación que –según la crítica francesa– se observa en el teatro de Dürrenmatt, parece sintetizarse en estas palabras: rompe con la dos veces milenaria tradición dramática que tiene por base la tragedia griega y el ejemplo de Esquilo, Sófocles y Eurípides, para encarrilar el teatro en la vía que había abierto la comedia griega y para restaurar el ejemplo de Aristóteles.
En efecto, la brecha abierta por Dürrenmatt es más profunda y más definitiva que la que significó el ciclo Hauptmann-Brecht, como que también es más esencial el cambio del aspecto del mundo, lentamente evolutivo durante los siglos XVII y XIX y vertiginosamente revolutivo en el corriente siglo. Aquellos ciclos son expresión de un orden social establecido y cuando los autores critican a ese orden y propician un cambio, en realidad no pretendían otro fenómeno que una mayor justicia y fraternidad dentro de ese orden.
En un opúsculo de Dürrenmatt sobre Problemas del teatro, puede leerse: "Los secretarios de Creón despachan el caso Antígona", y esta corta frase tiene el valor de una rotunda definición del mundo actual. Al hablar de un caso "Antígona" Dürrenmatt indica claramente que en nuestro mundo la tragedia individual se convierte en lo que suele llamarse problema social, como que se convierten en problema social también los pensamientos y los sentimientos individuales. Volvamos a la corta y contundente frase: "Los secretarios despachan el caso Antígona"; despacharlo equivale a decir que lo sustraen a la esfera de la libertad y la justicia para someterlo al rigor de la "conveniencia". Aquí es donde radica, se manifiesta, la condición subversiva de Dürrenmatt, porque el problema que se plantea a Dürrenmatt no es de la bondad o maldad del hombre, del orden social o del mundo, sino el del caos. Contra ese caos sólo puede acometer el valor, el individuo valiente, aquel para quien la libertad y la justicia no son dones que puedan implorarse, sino irrenunciables elementos integrales del alma.
Por eso, entiendo, se considera que el teatro de Friedrich Dürrenmatt, significa la iniciación de un nuevo gran ciclo teatral.