FICHA TÉCNICA
Título obra El dulce pájaro de la juventud
Autoría Tennessee Williams
Notas de autoría Berta Maldonado / traducción
Dirección Xavier Rojas
Elenco Rita Macedo, Aldo Monti, Miguel Ángel Ferriz, María Idalia, Natalia Gentil Arcos, Marichú Labra, Carlos Nieto, Alfredo Fernández, Jorge Mateos
Escenografía Greg Kayne
Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "El dulce pájaro de la juventud de Williams, por Rita Macedo". Novedades, 1960. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>
TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO
Novedades
Columna El Teatro
El dulce pájaro de la juventud de Williams, por Rita Macedo
Armando de Maria y Campos
Tennessee Williams es uno de los más importantes dramaturgos contemporáneos y también de los más cosmopolitas.
Su obra en general es conocida en todo el mundo y cada estreno suyo en Nueva York, particularmente, es esperado con impaciencia lo mismo en Londres que en el Berlín Occidental, en París que en Roma, en México que en Buenos Aires.
Una fecunda residencia en Italia le permitió captar los dramáticos ángulos de la vida de aquel país y los llevó a su teatro sacándolos de la propia Italia para trasladarlos al sur amado de los Estados Unidos.
Tal caso de La rosa tatuada y, ahora, el de El dulce pájaro de la juventud, obra maestra en la que se muestra dramaturgo con pleno dominio del oficio de manejar pasiones, de construir propiamente una pieza teatral con caracteres eternos y con desarrollo ajustado a las últimas técnicas modernas.
En El dulce pájaro de la juventud, Tennessee Williams aviva el profundo aliento de la poesía que recorre toda su obra desde El zoológico de cristal (1944), pasando naturalmente por Un tranvía llamado deseo, (1947) y por La rosa tatuada, (1950). Toda la obra de Tennessee Williams está iluminada y estremecida por una poesía realista, mezcla de amor y de dolor y, muy de esta época, de vicio.
Extrañará a muchos que considere a Tennessee Williams como un moralista vertical y con profundo impacto en las multitudes. Así es, en rigor de verdad. No es un autor amargado que goza con sorprender las más bajas, tenebrosas e inconfesables pasiones para mezclarlas en un conflicto y exhibirlas en un escenario. Abre la herida, la limpia de excrecencias o purulencias y, después con amoroso celo de quien realiza obra que linda con la caridad, cierra la herida, cuida la cicatriz y hace surgir de la miseria y del dolor humano una moral nutrida de poesía amarga y triste.
En El dulce pájaro de la juventud exhibe ángulos de una sociedad norteamericana corrompida. Naturalmente, sitúa la acción en el sur, pero sus personajes principales, una estrella de cine en crepúsculo y un gigoló que principia a quedarse calvo, tienen perfiles universales.
El personaje femenino está formado con trozos de muchas estrellas que en el cine norteamericano han sido, y cuyas vidas públicas y privadas conoció todo el mundo.
El del gigoló, es producto norteamericano o tal vez europeo de la última guerra. Ella lo necesita como compañía, como instrumento que satisface sus instintos en decadencia, y él necesita de ella como escalón para alcanzar ese vago ideal de tantos jóvenes de entrar en el mundo fantasmagórico del cine y no vacila, para lograrlo, alquilarse, y hacer de su alquiler físico una profesión, sin dejar de soñar, hasta que la realidad lo lleva a descubrir que el dulce pájaro de la juventud ha volado y no volverá nunca. Mezcla de fango y de ilusión, de vicio y de vagos nobles propósitos, la vida en común durante varios días de la estrella en ocaso –que por estupidez del público vuelve a primer plano– constituye una estremecedora y aleccionadora tragedia. No está sola, no, en este mundo de pasiones bajas esta pareja absurda que se aleja del amor entre más lo busca; al pueblo adonde llegan, que es en el que él ha nacido conviven con el político sin escrúpulos y con la desventurada hija de éste, remota primera novia del galán, que tiene la vida destrozada por la injusticia potente de la vida. Pero lo que hace extraordinario este conflicto de maldades contemporáneas, es el tratamiento del gran dramaturgo que le da Tennessee Williams, rompiendo caducos preceptos aristotélicos, preocupado sólo en sacar del escenario su garra de gran dramaturgo, hurgar en el pecho del público, encontrarle el corazón y apretárselo con sádica poética ternura.
La interpretación no traiciona obra de calidad tan singular y es, en términos generales, extraordinaria en sus cuatro personajes sustentáculos del conflicto: la actriz cinematográfica, el gigoló de 29 años, el viejo político, la hija desencantada de éste. Rita Macedo se presenta, ahora, convertida en una actriz de profundidad extraordinaria. Da, porque lo siente, el tipo de la actriz que en su ocaso cree comprarlo todo. Entonada a cada instante, es decir en su tono y dando el tono requerido a la emoción del personaje en todas las escenas, se impone como auténtico centro de gravedad de la interpretación general. Aldo Monti, galán italovenezolano que no había tenido oportunidad de revelar su talento en México, le da cumplida, emocionada y gallarda réplica a la Macedo y vive con tan humana amargura e ilusión su personaje, que a veces cuesta trabajo creer que alguien –el autor– habla y siente por él. Miguel Ángel Ferriz compone con sobriedad y magnificencia su jefe Finley, el político sin escrúpulos y María Idalia, tan buena actriz siempre y tan experimentada, contribuye con una amarga ternura a corporizar la infortunada Celeste Finley. Cumplen decorosamente Natalia Gentil Arcos, Marichú Labra, Carlos Nieto, Alfredo Fernández, Jorge Mateos, etcétera. La dirección de Xavier Rojas es digna de la calidad de la obra y está llena de expresión, porque expresa en el ritmo de los diálogos y en el movimiento de los actores la profunda humanidad de la acción dramática de esta gran pieza de Williams. Una escenografía esquemática y funcional de la que es responsable Greg Kayne, contribuye a situar al público en el clima real en que se desenvuelve la acción. La traducción de Berta Maldonado es correcta. La dirección escénica creyó pertinente hacer varios cortes para que El dulce pájaro de la juventud apareciera ante nuestro público con menor duración y, también, menos crudo... o veraz.