FICHA TÉCNICA
Título obra Luna de miel para diez
Autoría Felipe Santander
Dirección Fernando Wagner
Elenco Bárbara Gil, Héctor Gómez, Carlos Becerril, Silvia Suárez, Marta Elena Cervantes, Rosa María Gallardo, Sergio Bustamante, Manolita Saval
Escenografía Leoncio Nápoles
Espacios teatrales Teatro Virginia Fábregas
Notas Temporada de la Unión Nacional de Autores
Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "Luna de miel para diez, de Santander, último estreno del año". Novedades, 1959. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>
TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO
Novedades
Columna El Teatro
Luna de miel para diez, de Santander, último estreno del año
Armando de Maria y Campos
La Unión Nacional de Autores se ha propuesto lanzar a un nuevo autor periódicamente. Con este noble propósito organiza sus temporadas y, temerosa de que el público no responda a su reclamo, busca, y afortunadamente encuentra, ayudas económicas de instituciones oficiales o de la iniciativa privada. No obstante este apoyo económico, su comité de lectura se inclina por las obras de tipo comercial, y las piezas que reúnan este imperioso requisito tienen que estar necesariamente a la altura de las exigencias del público que considera al teatro como simple diversión.
Después del tropiezo que significó para la Unión Nacional de Autores el fracaso vertical de la pieza de Edmundo Báez, eligió, para continuar su útil labor, la primera producción de un joven actor, egresado de los planteles dramáticos del INBA y que goza de incipiente prestigio por su entusiasta labor, Felipe Santander.
El nuevo autor ha concebido y escrito una pieza alegre y divertida que, como es natural, adolece de los defectos naturales de toda producción primeriza. Felipe Santander eligió para iniciar su carrera como autor de teatro el más fácil y, además, el más lógico camino: retratar, reproducir la vida que ven sus ojos. Hace muchos siglos, cuando el teatro español del que proviene el nuestro, lanzaba al mundo sus primeros vaguidos, la producción teatral se dividía simplemente en dos: teatro a noticia y teatro a fantasía. Después la cosa se complicó con múltiples definiciones. En rigor, la clasificación primitiva aún no es válida: teatro que reproduce la vida y teatro inventado.
Felipe Santander lleva a su primera pieza a un grupo de personajes como él imagina, supone, le han contado que son, o quizá ha visto. Si en realidad los personajes de la pieza de Santander están inspirados en seres de carne y hueso y de cuya vida nos da noticia, los reproduce con raro acierto en un principiante. Pero la noticia que nos da en su "teatro a noticia" es desconsoladora. Porque Felipe Santander presenta un cuadro de costumbres de nuestra juventud, en el que los principios morales, el respeto al honor y a la virginidad de las jóvenes, los procedimientos que algunas siguen para dejarse enamorar o enamorar a muchachos, la pasmosa facilidad con que ligan así se acostumbra decir ahora– idilios que apenas duran cuarenta y ocho horas y de los que salen con la flor de la pureza deshojada, es profundamente dolorosa. ¿Son, en verdad, los muchachos y las muchachas de ahora como las exhibe Santander en su primera comedia? Urge, entonces, poner el remedio y evitar que los jóvenes organicen giras campestres y pasen una noche fuera de sus hogares, porque, según nos lo noticia Santander, pueden pasarles cosas tremendas e irremediables.
El joven autor ha compuesto con gracia y agilidad mental un sainete escolar de costumbres, de lamentables costumbres por cierto. Puso en él lo natural de su edad: frescura, emoción y gracia. Como es lógico, su pieza revela en todas sus escenas y también en el desarrollo sicológico de sus personajes, inexperiencia, pero en cambio nos muestra ingenio y audacia para preparar las situaciones más audaces. Es lamentable que pieza tan fresca y alegre, escrita para ser interpretada por actores físicamente jóvenes, no lleve mensaje constructivo alguno para la muchacha. Luna de miel para diez, cuyo es el título sugerente de la pieza de Felipe Santander, no es recomendable para públicos jóvenes. No es apta para menores de edad, en particular del sexo frágil. A los grandes les deja en el paladar un agridulce sabor de ternura y de tristeza, como ocurre en la mayor parte del "teatro a noticia". Buen reportero de la vida es Felipe Santander, pero la noticia que nos da sobre las costumbres juveniles actuales da mucho en qué pensar.
La interpretación de Luna de miel para diez, confiada como lo exige el reparto a actores jóvenes, resulta divertida y es en todos momentos empeñoza. Se distinguen Bárbara Gil, que es actriz profesional y Héctor Gómez, que no carece de experiencia, en los personajes mejor compuestos por Santander. Héctor Gómez se fabricó una extraña nariz para aparecer distinto; habría que recordarle que para ser actor distinto lo que menos importa es el maquillaje facial. El joven actor Carlos Becerril confirmó que posee rica vena dramática. Las señoritas Silvia Suárez, Marta Elena Cervantes y Rosa María Gallardo, lucen como lo que son, capullos de actriz a punto de reventar. El joven actor Sergio de Bustamante desconcertó al público y a la crítica observadora con la extraña e imposible mixtura de un personaje mitad Marlon Brando, mitad Clavillazo. No obstante que divirtió al público por el más fácil de los caminos, creemos que se ha equivocado hinchando su vena dramática. Manolita Saval reapareció haciendo gala de su efervescente simpatía, y no obstante que representa a una madre moderna de reacciones cómicas, se impone como una actriz estudiosa y responsable.
Don Fernando Wagner dirigió a la muchachada y a la señora Saval con paternal habilidad y logró darle a la acción un ritmo vivo, a veces delirante y mucho color a la acción. La escenografía de Leoncio Nápoles no se pierde de vista, pero funciona con eficiencia.
El público aplaudió largamente al joven autor–actor, saludando en él a una positiva promesa, y no escatimó aplausos para todos los intérpretes.