FICHA TÉCNICA
Título obra Historia de un sueño
Autoría Felipe Morales
Elenco Mona Bell, Rita Dover, Ché Reyes
Espacios teatrales Teatro Ideal
Productores Luis G. Dillón
Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "Monna Bell y Rita Dover en el nuevo espectáculo del teatro Ideal". Novedades, 1959. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>
TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO
Novedades
Columna El Teatro
Monna Bell y Rita Dover en el nuevo espectáculo del teatro Ideal
Armando de Maria y Campos
Un certero proverbio latino asegura que: "el tiempo no perdona lo que se hace sin tiempo", y el tiempo le ha dado la razón. El tiempo crea las nubes y forma las sombras, pero nubes y sombras pasan como las naves. Lo mismo ocurre con la creación de los espectáculos frívolos destinados a perecer, víctimas del tiempo. Pero si se crean con tiempo, o lo que es lo mismo, si se plantean con juicio y se organizan con métodos y conocimiento de la materia, pueden durar en el tiempo y en el espacio un poco más del tiempo en que se ha tardado en organizarlos.
El señor don Luis G. Dillón, empresario teatral nuevo en México, de la impresión a quienes lo ven actuar, que no tiene tiempo para nada. Su profesión es la de publicista, ya se sabe que una publicidad que carece de consistencia es como un signo en el viento o una raya en el agua; dura poco. El señor Dillón ha venido a México –según sus propias declaraciones– a crear un nuevo género de teatro: El teatro musical, que no es, según su opinión "el teatro hablado estrictamente; no es la ópera con sus cánticos, ni la tragedia con sus lamentaciones".
Como empresario del teatro Ideal –enclavado en el corazón de las barriadas de San Rafael y Santa María la Ribera– no ha tenido tiempo aún de iniciar esta creación, conjugando –de acuerdo con sus propias declaraciones–, la música y las palabras, el símbolo (sic) y la melodía (otra vez, necesariamente, sic), de este nuevo género de teatro. Es más, creo que no ha tenido tiempo de leer sus propias declaraciones. Porque el señor Dillón, hasta ahora, no ha logrado hacer otra cosa que recoger los escombros de los antiguos sistemas de hacer revistas musicales, y no ha logrado hacer nada con ellos. Al paso que va –acaba de presentar al público metropolitano su tercera producción– destruirá hasta los propios escombros.
Para ser revista musical le falta al teatro del señor Dillón... todo. Hasta ahora el señor Dillón ha presentado desfiles musicales hilvanados por un argumentillo trivial y sobado que no logra interesar al espectador, ni justificar el hilván con que trata de acomodar números que –son crimenes del tiempo– llegan a actuar al teatro cuando se los permite su trabajo en televisión. Entonces todo el argumentillo se trastornó y la frágil construcción del espectáculo del señor Dillón se viene abajo como un castillo de naipes al soplo de un niño. Así fue con el espectáculo en que actuó como animador el locutor Carlos Amador, lo mismo ocurrió con el que con su discutido ingenio animó el actor Leopoldo Ortín, y así ocurre con éste titulado Historia de un sueño, en el que el Ché Reyes entretiene al público mientras cortinas atrás tramoyistas, bailarines y vicetiples logran dar al público una impresión perfecta de una falta de tiempo para todo. Siempre falta tiempo para que el espectáculo del señor Dillón salga bien. Recordémos: "El tiempo no perdona lo que se hace sin tiempo".
El nuevo espectáculo del señor Dillón pretende ser un marco frívolo para encuadrar la presentación de dos famosas estrellas, o vedettes de la canción; una Rita Dover, la otra Monna Bell. La primera, de origen suizo, pero de indudable ascendencia israelita, es un producto magnífico de las pistas de los centro nocturnos europeos y una diestra manejadora del micrófono, sin el cual el noventa por ciento de las cancionistas contemporáneas no hubieran llegado a serlo. Nacido en Lausana canta en checo, inglés, francés, italiano, húngaro y, desde luego, en castellano y sin acento, privilegio de la raza israelita. Tiene un gran dominio sobre el público; su figura es más que impresionante por su estatura y, naturalmente, es químicamente bella, como corresponde a una vedette cosmopolita que confiesa hacer nacido en 1930. Posee una gracia particular y una voz abaritonada que le permite hacer amplio uso de su registro grave y da la impresión de que quien canta es un robusto muchacho y no una ondulante mujer de sonrisa atractiva y encantadora. Frasea bien y actúa con el estudiado propósito de llegar pronto a los públicos poco exigentes, digamos en nuestro léxico, al de la "gayola". Baja al patio de butacas, se mete con los espectadores y, en general, en inglés o en francés, en italiano o en castellano, llena la sala con su presencia y... nada más.
La otra estrella no es propiamente una vedette. Muy joven aún, posee ese dominio delante del micrófono que solo da una larga experiencia. Es bella, con una característica belleza que derrama simpatía de las hispanoamericanas de sur. Monna Bell nació en Santiago de Chile hará apenas dos décadas y ya lleva recorridos varios caminos que conducen al éxito: el disco y la pista de los clubes nocturnos. Su voz, ligeramente velada en el registro medio, y vibrante como un clarín en los agudos, posee personalidad, es caliente, amorosa, insinuante y grata en todo momento. Un solo disco le ha servido de "sésamo ábrete" para entronizarse como reina de la popularidad: Un telegrama, que canta, dice y siente con subyugadora e irresistible coquetería. Oírla cantar, viéndola además, Un telegrama es como encontrarse en la antesala de un prodigio de promesas. Pero no es la cancionista de una sola canción. La noche de su debut dijo, cantando, con extraordinaria riqueza de matices, una bellísima canción titulada Platerito, inspirada en el delicioso asno, joya de la literatura contemporánea española, creación de la fina sensibilidad poética del gran lírico andaluz que es y será Juan Ramón Jiménez. ¡Qué delicia, que finura, qué emoción tan transparente y tan sedante! Monna Bell completó su figura de exquisita y atractiva cancionista interpretado otra bella tonadilla sobre la andanzas de nuestro señor don Quijote y de su escudero, el filósofo Sancho Panza; confesó que esta tonadilla era de su predilección. Muy pronto también lo será de los buenos cantadores de la inmarcesible tonadilla española. Monna Bell es una de las mejores artistas de este género que se han presentado en México de muchos años a estas fechas. Por oírla, por verla, por sentirla cerca de nuestra canción, vale la pena soportar el actual espectáculo del señor Dillón.
La empresa anunció que su espectáculo tiene como origen un libreto del periodista español Felipe Morales. Quién sabe por qué únicamente aparecieron trozos de él, como si alguien hubiera arrancado páginas del cuaderno para esparcirlas al viento de la noche frívola del teatro Ideal.