FICHA TÉCNICA



Elenco Marcel Marceau

Notas Comentarios y breve historia sobre la pantomima con motivo de la presentación de Marcel Marceau




Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "La vieja pantomima y Marcel Marceau". Novedades, 1959. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>



TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Novedades

Columna El Teatro

La vieja pantomima y Marcel Marceau

Armando de Maria y Campos

Marcel Marceau, gran actor teatral mudo de origen francés, ha resucitado a un mismo tiempo la vieja pantomima de remoto antecedente romano y a un personaje, de raigambre francesa, Arlequín, que después hizo famoso e italianizó la Comedia dell 'Arte. Sin embargo, el verdadero mérito de Marcel Marceau descansa en su corazón y en su genio de gran actor comicodramático. Porque Marcel Marceau es un actor personalísimo y con esto se le hace más justicia que al definirlo como comediante sin voz, con gesto en el rostro y en las manos, en todo el cuerpo, en fin. Al resucitar a Pierrot, lo ha recreado. Conserva del pantomimesco personaje el rostro enharinado, pero con la vivacidad sorprendente de un par de cejas allá donde termina la frente. Bip, el personaje pierrotesco de Marceau, sale a escena naturalmente vestido de blanco, portando un sombrero de copa con una rosa roja. Pero Bip no es Pierrot. Bip es Marceau como Marceau es Chaplín, no obstante el parecido que se le busca y, finalmente, no se le encuentra. Chaplin es productor legítimo del cine mudo. Marcel Marceau es un mimo –pantomimo– con igual capacidad expresiva para lo cómico y lo dramático. Conmueve y hace reír como las caricaturas que son mitad retrato y mitad comentario cómico del personaje.

Marceau es el primer gran mimo que conozco. Me parece que cumple ampliamente en su carácter de virtuoso del gesto y de la elocuencia de los ademanes. Sus manos hablan como diez labios coordinados por un corazón que sabe lo que quiere expresar. A Marcel Marceau hay que verlo. Intentar una explicación de su arte es como hallarle sabor al agua clara, advertir materializado el aroma de las rosas o eternizar la emoción de una sonrisa, salvo el milagro de la sonrisa en el lienzo de la Gioconda.

La pantomima es un arte escénico antiguo. Equivale a imitación de todo. La pantomima expresa sin palabras la acción y la pasión, la personalidad y el carácter, y sus matices más finos; todo puede ser expresado por una pantomima, a condición de que la realice un gran actor.

Como un homenaje al arte singular de Marceau diré unas cuantas cosas sobre la pantomima, durante centurias dormida. En la antigüedad, Luciano, el satírico, clasificó como sublime este espectáculo.

En Roma se entabló una curiosa escaramuza entre la pantomima y la elocuencia. ¿Cuál imitaba mejor? Cicerón desafió a Roscio a que tradujera por medio de gestos la incomparable armonía de los períodos que constituían sus retóricos discursos. El mimo acertó a expresar con gestos la musical elocuencia del orador. Y se daba el caso de que cuando, como prueba terminante, variaba Cicerón los tiempos al mismo pensamiento. Roscio adaptándose a las variaciones cambiaba paralelamente los textos dando la traducción más exacta posible. Ningún texto escrito podría expresar con palabras lo que dice el gesto y subrayan los ademanes de Marceau cuando Bip se convierte en domador de leones, cuando Bip dialoga, siendo él mismo los dos personajes, con David y Goliat o cuando Bip atrapa y tiene apresada entre sus manos la vibrátil impaciencia de una mariposa.

Se cuenta que los imitadores y continuadores de Roscio llegaron a superarlo. Casiodoro llegó a decir de ellos que eran hombres que hablaban con la boca cerrada, que gozaban en silencio dotado de voz, ya que sus elocuentes manos llevaban una lengua en cada dedo. Así actúa Marceau en ese maravilloso desfile de personajes que acuden a un jardín público. La pantomima puede hablar a los ojos con un lenguaje más vehemente que la palabra. No existe lengua que pueda afianzar su ardimiento.

Volvamos a Roma, cuna y manantial de la pantomima. La pasión de los romanos por la pantomima duró algunos siglos. Las impresiones que los juegos mímicos produjeron sobre todas las clases de la sociedad llegaron a ser escandalosas. Se llegó a convertir en eunucos a los niños dedicados a la pantomima, para que no perdiesen destreza y agilidad. En los últimos tiempos, y cuando el desbordamiento de las pasiones había llegado a su último grado de demencia, la pantomima comenzó a decaer. Renació durante la Edad Media y alcanzó auge en los comienzos de la Moderna. Hubo pantomimas famosas, y la Danza de los muertos, también conocida por Danza macabra, es ejemplo que nadie pone en duda. Todos los asuntos se llevaron a la pantomima. En una que se escenificó para solemnizar la entrada de Carlos el Temerario, en la capital de Francia, las tres diosas que aparecían en El juicio de París, salían al tablado absolutamente desnudas. La pantomima volvió a decaer, porque como todo lo que vibra intensamente entró en crisis. Superada ésta, renació en Francia –siempre Francia– en el grotesco Pantalón, personaje de la antigua comedia popular, italiana que en un principio personificó a un viejo mercader veneciano, avaro, necio enamorado y burlado, como es natural. Otros personajes de pantomima famosos fueron Colombina, de procedencia italiana y Arlequín, de origen francés. A éstos les acompañó, ya en el Siglo XVIII, Pierrot. Durante el siglo en que nace se muestra siempre alegre e imprevisor y va siempre vestido de blanco, como el Bip-Pierrot de Marceau.

Ya veis qué viejo es el nuevo espectáculo de Marcel Marceau, un gran mimo personal, regalo a la vez para el espíritu y para el corazón.