FICHA TÉCNICA
Título obra La presidenta
Autoría Charles Maurice Hennnequin y Pedro Veber
Notas de autoría Magda Donato y Wilberto Cantón / adaptación
Dirección Dimitrios Sarras
Elenco Ana Luisa Peluffo, Miguel Manzano, Consuelo Monteagudo, León Barroso, Roberto Meyer, Miguel Suárez, Ramón Gay, Reinaldo Rivera, José Luis Menéndez, Ramón Bugarini, Arlene King, Mónica Serna, Chelo Oviedo, Miguel Manzano, Diana Ochoa, Ramón Bugarini
Escenografía David Antón
Espacios teatrales Sala Chopin
Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "Estreno de La presidenta, en la sala Chopin con Ana Luisa Peluffo". Novedades, 1959. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>
TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO
Novedades
Columna El Teatro
Estreno de La presidenta, en la sala Chopin con Ana Luisa Peluffo
Armando de Maria y Campos
La cinematografía italiana popularizó hace pocos años las más regocijadas situaciones de un viejo y divertido vodevil de Mauricio Hennequín y Pedro Veber, utilizado para un film que protagonizó la encantadora Silvana Pampanini. El título que hace muchos años, muy antes de la guerra de 1914-1917 usaron unos traductores y adaptadores españoles para una versión castellana que durante largos años fue muy representada en todos los países de habla española: La presidenta. La mayoría de las actrices mexicanas que tuvieron autoridad y belleza para ello, crearon para nuestros públicos el personaje principal de La Presidenta. La última, si mi memoria no falla, fue Elisa Asperó.
Con motivo del estreno de La presidenta para presentar como actriz cómica a la hermosa y discutida Ana Luisa Peluffo, se han dicho muchas cosas y se han escrito más. Se ha recordado, también, a la Pampanini y a su regocijada versión fílmica que desborda las situaciones cómicas, como es frecuente en las versiones cinematográficas; y hasta hace poco aparecieron como de los autores unos extraños apellidos escritos en Bárbaro. Conviene poner algunos puntos sobre algunas íes.
Los autores de La presidenta son, como ya dije, Hennequin y Veber, éste como colaborador de aquél, porque quien fue maestro en el género fue Hennequin. Aunque de origen belga, porque nació en Lieja en 1863, pertenece por entero al teatro frívolo francés. También fue periodista. Su primera obra data de 1882 y todavía estrenaba por el año de 1924, dos antes de que muriera. Es un representativo del teatro amable, ligero, frívolo, de fines del siglo XIX y principios del XX. Alcanzó la presidencia de la Sociedad de Autores y Compositores Dramáticos franceses, y en 1920 Francia lo hizo oficial de la Legión de Honor. Sus principales obras traducidas al castellano son: Las píldoras de Hércules, El hombre de las cinco horas, En la boca del lobo, Feria de matrimonios, Veinte días a la sombra, Casa de mujeres, El paraíso, Mi amor, El premio Montion, Nelly, Una novela vivida y La presidenta. Su vodevil Las píldoras de Hércules, más pieza del género y menos cruda que todas las que con el nombre de vodeviles han sido representadas en México estos últimos diez años, subió a nuestros escenario más de cien veces.
Pedro Veber, el colaborador de Hennequin en La presidenta, nació en París en mayo de 1869 y murió en 1929; su primera pieza la publicó en 1897 y en 1901 colaboró con Hennequin en La presidenta. Veber es autor de otro regocijado vodevil que si los explotadores de este género estos últimos años supieran por dónde tiescan, ya lo hibieran repuesto, el titulado: ¿No tiene usted nada qué declarar?, por cierto también en colaboración con Hennequin, estrenado en 1906. Virginia Fábregas lo representó en México en 1907; yo se lo vi años después y estaba deliciosa de frivolidad y picardía.
Con frecuencia ocurría antes que los éxitos teatrales de París aparecieran primero en los escenarios mexicanos que en los españoles. La presidenta fue representada en catalán, en los teatros de Barcelona –más cerca siempre de los de París que de los de Madrid– por Margarita Xirgu primero y por Elena Jordi después. En Madrid fue representado como "juguete cómico en tres actos", adaptado al castellano por Joaquín Belda y Vicente Lleó, en el teatro Eslava, de Madrid, el 17 de abril de 1913, por la ex tiple Amparo Pozuelo, en el papel de Gobette, que es como en francés se llama la protagonista. Muchos años estuvo olvidada La presidenta, hasta que fue resucitada por el cine italiano. No pocos creen que antes de la Pampanini no existía La presidenta, de Hennequín y Veber, que corre impresa en La Novela Cómica, número 131, del 8 de diciembre de 1918, que se publicaba en Madrid.
Magda Donato y Wilberto Cantón lograron una excelente adaptación, respetando la época de la acción, para que con ella hiciera su debut como actriz de teatro la que lo es famosa en el cine, Ana Luisa Peluffo, joven, audaz, hermosa y atractiva y que se inició en el ecrán como desnudista. La presidenta, interpretada por Ana Luisa Peluffo y los actores profesionales Miguel Manzano, Consuelo Monteagudo, León Barroso, Roberto Meyer, Miguel Suárez, Ramón Gay; los representantes de las nuevas generaciones: Reinaldo Rivera, José Luis Menéndez y Ramón Bugarini y las jóvenes y prometedoras Arlene King, Mónica Serna y Chelo Oviedo, es ahora un delicioso espectáculo que viene a demostrar cómo no hay nada más nuevo que lo viejo, ni nada más sabroso al paladar que el vino añejo. Por supuesto, es preciso que la obra vieja no haya perdido en lozanía, solera e ingenio.
Miguel Manzano logra una notable creación de Tofiñol, el modesto funcionario provinciano que, contra su voluntad, se ve envuelto en líos picarescos. También está excelente la gran actriz de carácter Consuelo Monteagudo. Roberto Meyer crea con la sencillez que da el dominio del oficio, su personaje de burócrata resignado. Cumplen dentro de su categoría Ramón Gay y Miguel Suárez –muy bien caracterizado–; León Barroso y José Menéndez; Reinaldo Rivera y Arlene King, Mónica Serna y Diana Ochoa. Ramón Bugarini comete una lamentable ordinariez durante una de las escenas del segundo acto.
Ana Luisa Peluffo luce hermosa y elegantísima, y cuando tuvo que mostrarse en ropas íntimas, lo hizo con las de estos días; se muestra en exceso desenvuelta y aunque entiende el personaje, no lo sabe recitar, sencillamente porque su voz carece de educación y emplea los tonos más arbitrarios para expresar las emociones del personaje, circunstancia que no advirtió el director, Dimitrio Sarras, por su condición de extranjero que aún no se acostumbra a la musicalidad característica del idioma nuestro. Sarras, a cambio de esto, supo darle alegre movimiento al veterano vodevil. La escenografía de David Antón es un poco recocó y... falta de puertas, que debían ser más, como lo exige el juego escénico del segundo acto en esta aún fresca y divertida obra de Hennequin y Veber.