FICHA TÉCNICA



Notas Comentarios sobre el origen del teatro ruso y del teatro soviético




Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "Diferencia entre el teatro ruso y el soviético. Cuándo y cómo nació el teatro soviético". Novedades, 1959. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>



TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Novedades

Columna El Teatro

Diferencia entre el teatro ruso y el soviético. Cuándo y cómo nació el teatro soviético

Armando de Maria y Campos

Distingamos. El teatro ruso es distinto y diferente del teatro soviético. Quiero decir y lo demostraré a lo largo de este cronicón, que el teatro que tuvieron y tienen los rusos es distinto al teatro de los soviéticos. El teatro soviético nació y esto es obvio, después de que se organizó la Unión de Repúblicas Sociales Soviéticas, y para entonces el teatro ruso –o el teatro de Rusia– tenía muchos años de existencia.

A fines del año de 1672 –según Héctor Lo Gatto–, en uno de los palacios de propiedad imperial, a algunos kilómetros de Moscú por iniciativa de uno de los boyardos de la corte de Alejo Micaclovich, padre de Pedro el Grande, un actor alemán, un tal Johann Gottfried Gregory, quien era también pastor de la colonia germana, recitaba ante el zar, a su corte, a los grandes dignatarios y a todos los boyardos que había sido posible reunir, dos dramas extraídos del Antiguo Testamento: Asuero y Ester, y Cómo Judit cortó la cabeza a Holofernes, que suscitaron no sólo la admiración, sino el entusiasmo de los espectadores.

Esta fue el acta de nacimiento en Rusia del teatro en el sentido moderno de la palabra, con un local preparado expresamente para el espectáculo, un conjunto de actores profesionales encabezados por el actor nombrado Gregory, al que pronto debía agregarse también un director, el boyardo, y dos dramas construidos según todas las reglas del tiempo fuera de Rusia.

El acontecimiento aún siendo limitado, puesto que en realidad se trataba de teatro en Rusia y no de teatro ruso, tuvo una importancia bastante mayor de la que parece a primera vista, porque fue uno de los síntomas de aquella europeización de Rusia que debía, desde entonces, desarrollarse siempre más, no obstante la tenaz resistencia, ya del pueblo, ya de las clases cultas o seudocultas.

El primer paso estaba dado; pero no había sido fácil convencer al zar, oscilante entre los escrúpulos de carácter religioso y el afán de distraerse, lo que se puso de manifiesto en un concierto organizado por el mismo Gregory. El confesor había vencido los escrúpulos del ortodoxo; la curiosidad venció los del soberano.

Un segundo paso, mucho más importante para el teatro ruso fue cumplido poco después bajo Alejo Micaelovich; la representación de un Misterio, que aunque imitado un Misterio polaco, y por tanto con influencia occidental, estaba escrito por un ruso y en lengua rusa.

El salto para llegar al nacimiento del teatro soviético es tremendo, porque tenemos que caer, en blando, en plena revolución de 1917 y aceptar en principio rotundo que ésta, consumada en octubre, no trató de imponerse la tarea de renovar el teatro, porque es natural que de momento no comprendiera la importancia que podía tener para el extraordinario e impetuoso movimiento revolucionario la renovación de las expresiones teatrales. Es verdad que el teatro burgués estaba en decadencia indiscutible y que para impedir su resurgimiento había contribuido la guerra mundial, durante la cual, inevitablemente, las experiencias de carácter escénico [que] habían hecho concebir las mejores esperanzas sufrieron un relajamiento y también, un lógico receso.

Numerosas obras del viejo repertorio ruso siguieron manteniéndose en los teatros de las dos capitales bajo el nuevo régimen surgido de la revolución de octubre, antes de que el problema de la creación de un nuevo repertorio revolucionario se impusiera necesariamente. Tuvieron que pasar varios años para que pudiera afirmarse un verdadero y propio repertorio soviético, representativo de la revolución rusa y de problemas. Se discutió sobre la política teatral, sobre el teatro como instrumento político, sobre de que la revolución naciera un teatro original, independiente, etc.

Con Antonio Lunacharsky se abre propia pero no justamente el repertorio oficial de la Rusia revolucionaria. Aún Petersburgo no se transforma en Leningrado y el Teatro Alexandrinski representó Fausto y la ciudad, exposición filosófica social de la función e importancia de la alta burguesía en la época de las transformaciones revolucionarias, tema que interesó a muchos escritores en los primeros años del bolcheviquismo. La obra de Lunacharsky apenas si bocetaba un fenómeno tan grandioso como la revolución de octubre y ahora se cita su obra más bien como testimonio del extravío inicial del bolcheviquismo en vez de un producto sincero y característico del mismo.