FICHA TÉCNICA



Título obra La mordaza

Autoría Alfonso Sastre

Elenco Fernando Soler, Nora Verján, Maruja Grifell, Carlos Nieto, Antonio Monsell, Rafael Etiene, Miguel Maciá, Enrique García Álvarez

Escenografía Lorenzo Silva




Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "La mordaza, de Alfonso Sastre, por Fernando Soler". Novedades, 1959. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>



TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Novedades

Columna El Teatro

La mordaza, de Alfonso Sastre, por Fernando Soler

Armando de Maria y Campos

Fernando Soler vuelve por sus fueros de gran actor y comediante presentando el drama La mordaza, de Alfonso Sastre, uno de los más sólidos triunfos del teatro español contemporáneo que confirmó a su autor entre los mejores de su generación. La mordaza nos llega con cinco años de retraso. Subió a escena en el Teatro Reina Victoria, de Madrid, el 17 de septiembre de 1954, creada en sus personajes principales por Antonio Prieto como Isaías Krappo, el padre; María Gámez, como la madre; María Luisa Ponte, como la mujer de Juan, y Félix Navarro, como uno de los tres hijos de Isaías. Los otros dos hijos fueron interpretados por Fernando Guillén y Agustín González, y el importante personaje del comisario Roch fue encomendado a la pericia de Rafael Bardem.

Con La mordaza, un drama rural al estilo de los que en su tiempo escribieron Joaquín Dicenta o José López Pinillos Parmeno, Alfonso Sastre confirmó las esperanzas que la crítica y el público habían puesto en él desde el estreno de su punzante drama Escuadra hacia la muerte. La mordaza es un drama de una crudeza impresionante, inspirado, vagamente, un suceso que ocurrió en Lurs, Francia, durante los días de la resistencia. De este suceso se ocupó largamente la prensa de todo el mundo. Tan cerca estaban estos sucesos dramáticos tan parecidos a los que España había vivido durante su guerra que precedió a la segunda conflagración mundial, que Sastre creyó oportuno aclarar que no se refería concretamente a algún suceso de tantos profundamente dramáticos, espeluznantes, que ocurrieron dentro de cualquiera de los dos bandos. El autor declaró que no había tratado de informarse detalladamente sobre el asunto deLurs ni sobre la personalidad y carácter de Gastón Dominici y su familia, pues su intención no fue nunca dramatizar escrupulosamente unos hechos. "Lo de Lurs –dijo Sastre– ha sido un simple 'motivo' para este drama, cuyos personajes no pretenden ser traslado de los personajes reales. Los hechos están libremente fabulados por el autor que no pretende dar información o noticia de unos sucesos cuya investigación correspondió a la policía francesa. La disposición y los motivos del crimen, así como la personalidad de las víctimas, pertenecen al dominio de la invención dramática. La 'realidad' de este drama hay que buscarla por otros caminos".

Pudieron haber ocurrido estos sucesos durante la guerra intestina en España; pudo existir un Isaías Krappo, capaz de cometer un horrendo crimen sexual y material con madre e hija y, años más tarde, en la persona del marido y padre que al salir de la cárcel busca al asesino de sus seres queridos para hacerse justicia. En realidad la anécdota propiamente no es lo más importante, sino los caracteres y principalmente el de Isaías, que son de una pieza, o'neillianos, tanto que la crítica española vio en la obra de Sastre reflejos de El deseo bajo los olmos. ¿Por qué La mordaza? Porque el miedo, una complicidad familiar colectiva, un quién sabe qué que liga a los hombres buenos con los malos, pone una mordaza de silencio a todos. Pero basta que uno hable para que el crimen, cualquier crimen en cualquier parte del mundo, se descubra. La nuera de Isaías, acosada siempre por éste y testigo del crimen, habla, y es entonces cuando emergen los odios de los hijos "que saben" y de los que no saben, por el padre, que muere, como tenía que ser, en forma dramática y espeluznante. La obra, escrita con firme pulso y honda emoción que llega al público, no tiene principio propiamente, ni fin; es como una gran tajada o rebanada de angustia, de vida atormentada, que sigue, nueva, al día siguiente, como después de una noche tempestuosa, la mañana nace bañada de luz, una más en el interminable desfile de los días. El lenguaje que usa Sastre es directo, angustioso y desnudo de retórica inútil. La emoción llega fácil y candente al espectador como oleadas de verano caliente y cargado de provocaciones.

Fernando Soler, actor profundo y de emoción honda cuando quiere serlo, creó un Isaías Krappo duro de carácter y supo encontrar en su temperamento los matices de rencor y maldad de quien nace para hacer sufrir. La interpretación del grupo de actores que acompaña a Soler está por debajo de él, excepción hecha de Nora Verján, quien se manifiesta en Luisa, la nuera, con una responsabilidad artística digna de la más absoluta confianza en su temperamento y en si talento. Maruja Grifell hizo una madre gris y lloriqueante y de los tres hijos –Carlos Nieto, Antonio Monsell y Rafael Etiene– el que actuó con más desenvoltura y verdad fue el novel Antonio Monsell. Miguel Maciá, como el forastero asesinado, y Enrique García Álvarez, como el comisario Roch, se portan de acuerdo con su maestría y oficio. La decoración de Lorenzo Silva, modesta, cumple sencillamente.

Poco conocemos en México de la obra de Sastre, Escuadra hacia la muerte, en televisión, desgraciadamente. Son desconocidas para nuestro público La Sangre de Dios, El pan de todos, Ana Kleiber y El cuervo, estrenado en el teatro María Guerrero, de Madrid, en octubre de 1958, que es un trasunto a nuestros tiempos del conocido poema de Poe. Sastre ha recogido en dos tomos su teatro no representado: Prólogo patético, Tierra roja, Muerte en el barrio, Guillermo Tell tiene los ojos tristes, Tercer grado, Fusiles en la noche, El cubo de la basura, La camisa manchada de sangre, La cornada del hambre, El gran proceso, Humo negro en el cielo, Investigación criminal, Los hombres y las moscas, La tierra prometida y Las primeras tormentas, en dos libros ha coleccionado su labor teórica sobre teatro: Drama y sociedad y Drama en problema.

Advertirá el lector mexicano que Alfonso Sastre, autor español contemporáneo, es digno de atención.