FICHA TÉCNICA



Título obra Los reyes del mundo

Autoría Luis G. Basurto

Elenco Ema Fink, Héctor Gómez, Fernando Mendoza, Héctor López Portillo, Luz María Núñez, Julio Monterde, Alicia Gutiérrez, Ofelia Guilmain, Magda Guzmán, Gloria Silva

Escenografía David Antón

Espacios teatrales Teatro Virginia Fábregas




Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "Los reyes del mundo, de Luis G. Basurto, en el teatro Fábregas". Novedades, 1959. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>



TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Novedades

Columna El Teatro

Los reyes del mundo, de Luis G. Basurto, en el teatro Fábregas

Armando de Maria y Campos

El dinámico, inquieto y talentoso hombre de teatro que es Luis G. Basurto, publicista de sí mismo y ejemplo de laboriosidad, escribió en el justo plazo de diez días, del 19 al 29 de junio próximo pasado, una nueva pieza de teatro, socialista y católica, lo que no se contradice ni tampoco comete pleonasmo, porque es sabido que Jesús de Arimatea, que a sí mismo se llamaba el hijo de Dios y fundador de la doctrina cristiana fue, en el más cristalino concepto del término, un socialista, el primero de ellos tal vez.

La nueva obra de Luis G. Basurto se titula Los reyes del mundo y su acción se desenvuelve en un mesón o posada de pobres que por algunas alusiones de sus personajes a la ciudad de México y a su gobierno se supone que es un mesón mexicano. El escenógrafo David Antón, a quien Basurto dedica su nueva obra, se abstiene de situar la producción escenográfica de esta pieza en lugar determinado, de México o de cualquier parte. Compuso una cueva expresionista, en cuyas paredes los mesonistas pintaron, como en las cárceles, cruces u otros símbolos. La obra de Luis G. Basurto se titula Los reyes del mundo y éstos vienen a ser los pobres más pobres de cualquier sociedad contemporánea, que además tenga ricos corrompidos y odiosos, y son un poco simbólicos. Ada, Blanca, la mujer simplemente, etc. La acción de esta pieza transcurre –parodiando una frase literaria bien conocida– en la región más transparente de la mugre, la miseria y el vicio, en la que una alfombra de basura forma muelle piso para que, sobre petates mexicanos, descansen los parias, "reyes del mundo" y una mujer de la calle dé a luz la madrugada de un 25 de diciembre cualquiera a un niño, al que al autor no vacila en comparar, por el lugar humilde de su nacimiento, y no por la profesión de la madre, con el hijo de Dios, que vino al mundo una Navidad, en un pesebre hace dos mil años.

Luis G. Basurto no tuvo tiempo de hacer una obra pulida ni meditada. Diez días son pocos para crear una obra de arte, si además se ejerce al mismo tiempo tareas empresariales, publicitarias, autorales y constructoras, porque Basurto vigila ahora también la construcción de un teatro de su propiedad que para orgullo de los autores mexicanos levanta con los productos líquidos de sus actividades como autor, empresario y escritor en los periódicos. Compuso, pues, un folletín en tres partes o actos y en él hace desfilar como en las novelas de Víctor Hugo o en los melodramas de Eugenio Sué escenas y personajes de los más bajos fondos mexicanos, como también, a su hora y en su tiempo, lo hicieron en Rusia, Tolstoi o Gorki. Don Luis G. Basurto se inspiró en relatos o en experiencias personales sobre tipos populares en el hampa mexicana, buenos en el fondo como todos los desheredados, y también viciosos como todos los detritus de las sociedades que encuentran en los llamados paraísos artificiales fugas de imaginación para sus vidas fracasadas sin remedio. Basurto les transmite su propia relevante personalidad literaria, y todos hablan como el autor pudiera hacerlo, un mismo lenguaje literario, ajeno al slang típico de todas las subclases sociales. La acción de este folletín dramático transcurre entre las diez de la noche en un día de Nochebuena y el amanecer de la Navidad y de ello se aprovecha el autor para sacar a escena tipos y usar tópicos impresionantes y de indudable teatralidad, consiguiendo esto por el sistema de pensar antes que en el personaje en el comediante para el que está trazado casi a la medida: Ema Fink, Ofelia Guilmáin, Héctor Gómez, Fernando Mendoza, Héctor López Portillo y otros menores.

Afortunadamente Basurto nos da la clave de esta su última producción, con la que inicia un nuevo camino en su producción teatral. La terminante declaración del autor ahorra al crítico, como es usual ahora en los procedimientos periodísticos, esfuerzo mental y lo salva de responsabilidad presente o futura. El autor dice:

"Creo que con Los reyes del mundo empiezo a decir lo que quiero, en el teatro, de una manera auténtica. A ser verdaderamente libre como escritor. Y no se piense que esta afirmación implica modestia o menosprecio de mí mismo. Es decir, puede ser una modestia ambiciosa: querer llegar a tanto, que la muerte ha de sorprenderlo a uno inconforme, luchando y sin llegar jamás a la meta. Como dice Chéjov, siempre hay un Tolstoi, modelo inalcanzable, para cualquier escritor, para cualquier hombre. Por eso el que cree haber llegado a esa meta, o siquiera estar cerca de ella, es un vanidoso o un estúpido.

"Así pues, sin falsas modestias, sencillamente, limpiamente, quiero cumplir hoy –hoy que empiezo a encontrarme– con una deuda de gratitud: para la crítica solvente y seria de mi Patria, que con su simpatía, con sus elogios, pero sobre todo con el señalamiento honesto de mis errores, ha estimulado durante años mi actividad dramática –lenta laboriosa y difícil– y ha azuzado mi deseo de superación. Ojalá que esta obra sea digna portadora de mi mensaje de reconocimiento. Ojalá también que encuentre eco en aquellos espíritus que creen, como yo lo creo que el teatro debe ser el reflejo del tiempo en que vivimos y una protesta contra la mentira y la injusticia o, como ha dicho Sartre, la reparación del orden moral que ha sido violado".

El cronista desea sinceramente que Basurto no se equivoque en su ambicioso propósito autoral. La interpretación de Los reyes del mundo está sobreactuada, porque es necesario que sea así, para que el director extraiga, de una colección de monólogos o soliloquios, una acción, viva e impresionista, que constituya espectáculo. El cronista sólo tiene elogios para todos los intérpretes. Luz María Núñez, Julio Monterde, Héctor Gómez, Alicia Gutiérrez, López Portillo, Ofelia Guilmain –sobreactuada–, Magda Guzmán y Gloria Silva, Ema Fink pasa, deslumbrante de artificio, y compone una actuación lamentable, por lo desorbitada.

En previsión a que las autoridades del Distrito Federal encontraran esta obra sediciosa o amoral, Basurto se previno con un amparo protector. Pero no ocurrió nada, absolutamente nada. La previa lectura pasó inadvertida.