FICHA TÉCNICA



Título obra La cantante calva

Autoría Eugéne Ionesco

Dirección Antonio Passy

Grupos y Compañías Grupo de Teatro Universitario

Notas de grupos y compañías Carlos Solórzano / director

Elenco Carmen Salas, Carmen Sagredo, Jacqueline Andere, Alonso Castaño, Sergio Ramos

Espacios teatrales Sala Ródano

Notas El autor hace también comentarios sobre el teatro cómico español y el teatro de Eugéne Ionesco




Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "La vieja novedad del teatro cómico de Ionesco". Novedades, 1959. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>



TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Novedades

Columna El Teatro

La vieja novedad del teatro cómico de Ionesco

Armando de Maria y Campos

Se discute en serio en Europa a Ionesco, pero para los viejos teatrófilos conocedores o simples aficionados del teatro cómico español, Ionesco significa poco, menos que nada, al lado de tres extraordinarios humoristas españoles que crearon, sostuvieron y aún dignificaron las comedias de risa, con argumento, con temas lógicos y con chistes del más puro ingenio.

Estos tres humoristas fueron Enrique García Álvarez (1873-1931), Pedro Muñoz Seca (1881-1936) y Enrique Jardiel Poncela (1901-1953). García Álvarez fue un ingeniosísimo y graciosísimo poeta y comediógrafo, alguna de cuyas obras alcanzó más de cinco mil representaciones, y aún es de repertorio. Fue autor de gran público y para todos los públicos. No para teatritos de sesenta butacas, cuando más de cien, como Ionesco. García Álvarez es el creador del género español denominado astracán, género en el que todos los valores escénicos se subvierten o someten al único interés de la jocosidad, del chiste gordo, del ingenio disparatado. Su teatro tuvo, sin embargo, respeto por las normas usuales: exposición nudo y desenlace.

Pedro Muñoz Seca superó en algunas de sus regocijantes piezas a su maestro García Alvarez. Entre 1916 y 1936 su fama fue enorme. Su fecundidad asombrosa hace pensar en un Lope de Vega cómico por supuesto, del siglo XX. Muñoz Seca fue el máximo exaltador y pontífice del género de astracán creado por García Álvarez, con el que colaboró en muchas piezas. Que no se busque en su teatro ni humanidad ni literatura, se dijo en su tiempo. Fue el rey del truco y, como también se dijo en sus mejores años, el kaiser del camelo teatral. Dominaba las situaciones disparatadas, retorcía las situaciones, las frases, las palabras y su sentido siempre que ésto provocara la carcajada del auditorio. Alcanzó en sus mejores años el dominio absoluto de la técnica teatral y su gracia andaluza, fluida y naturalísima, obligada "a troncharse" de risa a los espectadores.

El término de "troncharse" fue creado por algún crítico muñozsequista para expresar gráficamente cómo los auditorios se doblaban en dos –se tronchaban– de risa con las extraordinarias e ingeniosas situaciones que se le ocurrían a Muñoz Seca. Su chistomanía no reconoció límites. Los autores que, según ellos, escribían en serio, organizaron y aun patrocinaron tremendas campañas de prensa verdes de bilis, porque el teatro de Muñoz Seca –risa pura, pura risa–, se imponía en el amplio mundo que habla español. También en italiano alcanzó mucho éxito.

Jardiel Poncela inventó un nuevo humor, el jardielismo, aún más disparatado, porque en ocasiones se apartaba de la lógica, que el ingenioso de García Álvarez o Muñoz Seca. Llevó a escena los más absurdos asuntos, pero siempre dentro de una lógica teatral indiscutible, y con un sentido común de la caricatura teatral. Se dijo en su tiempo que cultivó el pirandellismo de humor, la visión caricaturesca del mundo y los trucos más puros y disparatados del ingenio, que tenía gracia moderna y personalísima, que poseía inventiva feliz, y que sus temas parecían tratados ante espejos curvos. Su ingenio agilísimo creó equívocos y chistes, sutiles o gordos, que aún tienen vigencia. De él se dijo también: en trampolín sobre la lógica y el "buen sentido" juega Jardiel su maravillosa y entretenida comedia del disparate y el humor, injertando en ella elementos humanos e, incluso poéticos.

Eugéne Ionesco, nacido rumano pero escritor en francés, se ha impuesto en Europa –ya dije que entre públicos minoritarios– como un autor cómico de humor extraño. Tres obras de él conozco en español: El salón del automóvil, La niña quinceañera y La cantante calva, y las tres me parecen, al lado del teatro de García Álvarez, de Muñoz Seca y de Jardiel Poncela, tres paparruchas teatrales. Ionesco es, si acaso, el creador del paparruchismo teatral. ¿Gracioso?, sí. ¿Ingenioso?, sí. ¿Absurdo en sus situaciones y en sus caricaturas?, sí. ¿Autor teatral?, ¡no!.

El Teatro Universitario, de Carlos Solórzano incluye en su programa correspondiente a este año la pieza en un acto La cantante calva, de Ionesco, cuya acción se sitúa a principios de siglo. Pretende ser una caricatura antiteatral, y en realidad es un disparate... sin nudo, sin exposición, sin desenlace. El joven director Antonio Passy la dirigió –y la actuó en uno de sus personajes– en tono de farsa, de farsa grotesca, con lo que, al subrayar los brochazos cómicos logró que éstos fueran aún más burdos y, naturalmente, menos finos. Una escena, sin embargo, salva, por su interpretación, esta representación. Está a cargo de Carmen Salas, muy graciosa, muy medida, muy ceñida. Carmen Sagredo, Jacqueline Andere, Alonso Castaño y Sergio Ramos animan con alegría y artificio sus respectivos y absurdos personajes.

Me atrevo a recomendar "al menor público de teatro de México", que se interesa por Ionesco, lea con cuidado y con desenfado a García Alvarez, a Muñoz Seca, a Jardiel Poncela.