FICHA TÉCNICA



Título obra Le jeu de l'amour et du hasard

Autoría Pierre Carlet de Chamblain de Marivaux

Dirección Jacques Charon

Grupos y Compañías Comedie Française (Sala Richelieu)

Espacios teatrales Teatro del Palacio de Bellas Artes




Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "Marivaux revivido por los actores de la Comedia Francesa". Novedades, 1959. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>



TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Novedades

Columna El Teatro

Marivaux revivido por los actores de la Comedia Francesa

Armando de Maria y Campos

La Comedia Francesa pasó por la escena mexicana como una ráfaga. Fue la suya una temporada relámpago de tres programas y doce funciones. El público de México no la esperaba con la curiosidad o con la impaciencia que a las de Jouvet o de Barrault, en sus recientes visitas. Con mayor expectación recibimos la de Pierre Magnier en los primeros y en los últimos años de la década del veinte. Pierre Magnier, primer actor de la compañía titular del teatro de La Puerta de San Martín, de París, nos regaló con dos temporadas y dentro de ellas con más de una docena de obras. La primera temporada, el año 23, con Juliette Clarel, Blanche Toutain, constituyó un verdadero apoteósis para los comediantes galos; la segunda en 1926, con Gabriela Dorziat no lo fue tanto, pero en ambas el público de México disfrutó de un largo y variado repertorio, igual que años después con las compañías de Jouvet y de Barrault. La Comedia Francesa nos presentó a tres autores únicamente: Molière, Marivaux y Montherlant y de los tres una pieza que corresponde, más o menos, a la misma época. Además, durante el último programa con Marivaux, y para que pudiéramos conocer mejor al grupo de artistas de la Sala Richelieu que fue el que nos visitó, la dirección de esta gira, compuso un curioso y entretenido acto con escenas de aquellas piezas en que más luce y cabrillea el esprit francés de Courteline a Roussin, principios de siglo a nuestros días, con textos escogidos y dirección –mise en scéne– de Jacques Charon.

La obra de Marivaux elegida fue la deliciosa Le jeu de l'amour et du hasard, un auténtico juego de amor al teatro frívolo, que representada por los ilustres comediantes de la Casa de Molière revela al mundo entero el milagro de una frescura, de una lozanía y de una gracia sólo comparable al de la rosa, una rosa extraordinaria que pudiera vivir durante siglos arrancada del rosal, en un rico vaso (la Comedia Francesa), alimentada su savia con el agua transparente de la devoción de un grupo de grandes comediantes.

Pedro Carlet de Chamblain, o más sencillamente Marivaux (1688-1763), es uno de los casos más singulares en la historia del teatro francés. Pareció producto de su época, al grado que se dijo de él –de Marivaux y de su obra– que había tenido el destino de una mujer hermosa: una primavera muy brillante, y un otoño y un invierno duros y tristes. Voltaire dijo que Marivaux hacía comedias metafísicas, pasándose la vida pesando huevos de mosca en balanzas de hilos de araña. Al principio se limitó a imitar la comedia de arte italiana. Después, se encontró a sí mismo, y fue el costumbrista de su tiempo; perezoso y poco escrupuloso aceptó una pensión de la Pompadour. Hacía 1730 escribió Le jeu de l'amour du hasard, que con extraordinaria finura, con diáfana claridad en los movimientos, con delicadeza en los matices, revive, cada vez que la lleva a escena, la Comedia Francesa. No es nada si bien se ve y se escucha esta deliciosa comedia de Marivaux; es como una escarola o un pompom de espuma. ¿Pero hay nada más lleno de gracia y de peligrosa fragilidad que un encaje de espuma? Nada puede darnos ahora con mayor justeza la impresión del teatro ligero, gracioso e ingenioso de Marivaux, que esta comedia y su difícil frivolidad; su al parecer ligera inconsistencia ha resistido los embates violentos de todos los gustos literarios, audaces, y continúa siendo un regalo delicado para los oídos y para los ojos porque tiene alma sentimental y cuerpo frívolo. Y el sentimentalismo y la frivolidad no son de ayer ni de ahora; los espíritus exquisitos, los que hacen de la vida un juego de amor u de azar nacen con cada día, como las rosas y aunque parece que pasan, como las nubes, viven su hora, a veces sus minutos fugaz; un día, un minuto, son de eternidad.