FICHA TÉCNICA
Título obra Port-Royal
Autoría Henri Millon de Montherlant
Dirección Jean Meyer
Grupos y Compañías Comedie Française (Sala Richelieu)
Elenco Maurice Escande, Annie Decaux
Escenografía Suzanne Lalique
Espacios teatrales Teatro del Palacio de Bellas Artes
Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "Port-Royal, de Montherlant, por los comediantes de la Comedia Francesa". Novedades, 1959. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>
TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO
Novedades
Columna El Teatro
Port-Royal, de Montherlant, por los comediantes de la Comedia Francesa
Armando de Maria y Campos
El lunes y el miércoles de la presente semana la Comedia Francesa, que actuó en el teatro del Palacio de Bellas Artes, ofreció al público del primer abono –al que el cronista asistió– dos funciones más, representando Port-Royal, del autor contemporáneo Henri Millon de Montherlant (n. París, 1896), y la exquisita joya del teatro clásico de Francia, Le jeu de l'amour et du hasard, tres actos de Marivaux. Entre estas dos funciones los comediantes franceses tuvieron el honor de ser recibidos en audiencia privada por el señor Presidente de la República, don Adolfo López Mateos, quien departió largamente con ellos, agradeciéndoles en nombre del pueblo mexicano su visita a nuestro país.
La personalidad de Montherlant es una de las más interesantes de las letras francesas contemporáneas y a mí, en lo personal, me enciende en el recuerdo una grata estampa. En el invierno de 1925, haciendo una visita a la ganadería de don Alipio Pérez Tabernero, en Salamanca, España, conocí fugazmente a Montherlant y aun le vi darle dos o tres capotazos, embarullados, a una vaquilla de tienta, Montherlant acababa de publicar su novela taurina, Los bestiarios, y gozaba de popularidad y estimación en los círculos taurinos españoles. Novela mediocre, más que pintoresca, pero siempre con el mérito de que su autor fuera extranjero –a medias por que Montherlant es hijo de padres catalanes– y aun le gustara tirar sus capotazos. A partir de ese grato y personal recuerdo me interesé por la obra de Montherlant y más cuando a principios de la década del cuarenta decidió abordar el género teatral.
Sin embargo, Montherlant concibió la idea de su auto religioso Port-Royal, en 1929, según confesión propia, después de leer a Sainte-Beuve. Dos veces ha escrito Port-Royal, una entre 1940-42, manuscrito que no fue nunca llevado al teatro, y la segunda en 1953. El autor hizo notar a raíz de su estreno en un teatro comercial, e insistió cuando Port-Royal fue incorporado al repertorio de La Comedia Francesa, que si algunos rasgos de su obra pudieran aparecer inverosímiles al público "todo lo que puede aparecer inverosímil ha sido –en realidad– hecho, dicho o escrito. Sobre todo, lo que verdaderamente parece inverosímil". (El personaje del arzobispo entre otros, ha sido muy atenuado por el autor, comparado con lo que relatan las crónicas de la época).
Se sabe ya la presión que durante 70 años Richelieu, y después Luis XIV, ejercieron sobre los solitarios y las religiosas de Port-Royal, considerados con o sin fundamento, sospechosos del punto de vista católico y estorbosos del punto de vista político.
El drama de Henry de Montherlant lleva una acción exterior: la visita del arzobispo de París, Hardouin de Pérefixe, en agosto de 1664, al monasterio de Port-Royal de París (ahora Hôpital de la Maternité) y el envío inmediato –obedeciendo sus órdenes– de doce religiosas consideradas como las más rebeldes, a conventos hostiles a Port-Royal, en donde serían secuestradas, aisladas, privadas de los sacramentos y de toda noticia sobre la vida exterior. Y he aquí la acción interior que puso en movimiento la acción exterior:
Bajo el efecto de la violenta intervención del arzobispo, la muy joven hermana Françoise –una mística– piensa que Port-Royal se ocupa demasiado de los asuntos "del tiempo". Se vuelve indignada ante el arzobispo y su séquito y resulta, en la comunidad, la más ardiente defensora de Port-Royal.
Sin embargo, por el mismo motivo, la hermana Angélica de San Juan, sobrina del gran Arnauld y alma del monasterio, olvida su aparente frialdad y llevada por su ímpetu, deja estallar una naturaleza débil, impresionable, ansiosa, al punto de sentir formarse en sí misma –ante lo que ella considera una monstruosa injusticia–, una crisis que afecta los fundamentos mismos de su fe. Crisis de duda, que es histórica y que Sainte-Beuve relacionó con la duda de Pascal. En esta crisis, presentida desde el principio de la obra y hacia la cual se ve avanzar en la escena a Sor Angélica de San Juan, lo que finalmente constituye el polo dramático de la obra.
La Comedia Francesa representa esta interesante pieza de Montherlant con un dominio –voz, gesto, movimientos– del matiz realmente ejemplar. La dicción de los comediantes franceses es de una claridad y de una transparencia meridianas. Si se tiene en cuenta que la acción de Port-Royal obliga a permanecer estáticos, casi sin movimiento, a distintos grupos de actores y en un escenario reducido –de acuerdo con las necesidades escenográficas y de espacio principalmente, de las compañías que realizan giras largas– cautiva y asombra cómo con la ricamente matizada y sobre todo con la pureza y la transparencia de su pronunciación logran apresar, agarrar con garra de seda, la atención y la emoción del espectador. Maurice Escande como el arzobispo de París y Annie Decaux como Sor Angélica de San Juan destacan sobremanera del resto del conjunto en el que ningún comediante desentona. La mise en scéne, es decir, la dirección, de Jean Meyer, es impecable, sencilla y clara. El decorado y el vestuario de la señora Suzanne Lalique también de una sencillez impresionante, da el clima del viejo monasterio al que una cortina del proscenio realizada sobre un gouache de Magdeleine de Boullongne, invita a la meditación con su impresionante epígrafe: "Esta es la casa de Dios y la antesala del cielo".